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Nueva edición del Romancero Guaraní

Acaba de salir una nueva edición del libro Romancero guaraní, escrito por Osvaldo Sosa Cordero donde describe el paisaje y los personajes emblemáticos de su Corrientes.

Gracias a la generosidad de su hija, Rita Sosa Cordero, esta nueva edición incluye poemas y romances que pertenecían al archivo y fueron reunidos bajo el título Nuevas cosechas. Finaliza con la biografía completa de su autor.

Además, la ilustración de tapa es el hermoso cuadro “Luz en la maraña” de la destacada artista plástica Rubia Meana Colodrero. Y como nos dice Rita: “Su colorido refleja fielmente, el paisaje impactante y majestuoso de Corrientes, inspirador de este libro”.

La presentación de la nueva edición del libro Romancero Guaraní de Osvaldo Sosa Cordero contará con la presencia de Rita Sosa Cordero y Rubia Meana Colodrero. Coordina Alfredo Andino y musicaliza Franco Zacarías.

Además, será el Tradicional festejo del Día del Chamamé, con la participación estelar de Ramona Galarza. Expone sus obras la artista plástica Elida Meana Colodrero.

Los esperamos en la Asociación Correntina General San Martín, el sábado 23 de septiembre de 19:30 a 22:30 hs. en la calle Paraguay 5133 de la Ciudad de Buenos Aires.

Romancero guaraní fue editado por Moglia ediciones en la ciudad de Corrientes Capital, su precio de venta al público es $ 260.- Solicite su ejemplar desde cualquier lugar del mundo a través de Viví Libros, escríbanos un email a: info@vivilibros.com o simplemente déjenos su comentario al finalizar esta nota y le responderemos a la brevedad.

Nuevas mesas: Desenlaces amorosos, entre psicoanálisis y literatura

Durante los próximos meses, las psicoanalistas Viviana Rosenzwit y Natalia Neo Poblet darán dos charlas de un ciclo que este año titularon: Desenlaces amorosos, entre psicoanálisis y literatura.

La primera mesa “Me haces falta” se desarrollará el jueves 14 de septiembre a las 19 hs. y la segunda “dolor eterno” está planificada para el jueves 12 de octubre a las 19 hs.

Viviana Rosenzwit y Natalia Neo Poblet vienen trabajando juntas hace tres años sobre su propuesta de enlazar el psicoanálisis a literatura a través de distintos temas. Y en esta oportunidad le tocó a los desenlaces amorosos.

En sus encuentros se genera un interesante clima de trabajo e intercambio con los asistentes. Se plantea un primer tiempo de exposición de ambas panelistas y lecturas de pasajes literarios seleccionados de novelas, cuentos, poesías para luego abrir el debate entre todos los concurrentes.

Al finalizar cada uno de los asistentes se lleva la bibliografía sugerida para seguir leyendo sobre el tema. La propuesta es entrada libre y gratuita hasta completar la capacidad de la sala.

Una actividad imperdible para todos aquellos que se interesen en abordar ese vínculo amoroso que da ilusión a nuestra existencia, apoyándose en el entrecruzamiento entre psicoanálisis y literatura.

Este año, la cita es en el Espacio Y, calle Mansilla 2982 de la Ciudad de Buenos Aires.

Lanzamiento de Encuentros, Diálogos con escritores latinoamericanos

El nuevo libro de Ramón Alfredo Blanco se titula: Encuentros – Diálogos con escritores latinoamericanos – y con buena aceptación de los lectores, se ha convertido en uno de los destacados lanzamientos de Moglia ediciones, una editorial situada en la Provincia argentina de Corrientes.

Para adentrarnos en sus páginas, nos pareció oportuno reproducir a continuación algunos fragmentos de la presentación del libro realizada por Viviana Rosenzwit en la última Feria del Libro de Corrientes:

“Cuando pensaba en cómo presentar al autor Ramón Alfredo Blanco, noté algo que no me pasó inadvertido, sus primeros pasos respecto a la cultura fueron prácticamente de adolescente. Fíjense que en la primera entrevista del libro realizada a Ángeles Mastretta, él tenía 19 años! 19 años y con esa edad logró tomarle la única entrevista que dio en el país la última vez que vino. Sin mencionar muchas otras que realizó por esa misma época pero que no se incluyeron en el libro, como a Jacobo Rauskin el poeta vivo más importante de Paraguay, Alicia Jurado o Sergio Ramírez, el nicaragüense que es escritor y fue vicepresidente de su país.

Cuando estas cuestiones se juegan de tan jóvenes como Ramón Alfredo que a los 19 años ya andaba haciendo sus preguntas por ahí a destacados escritores creo que se destaca lo que Sigmund Freud llamó “la pulsión epistemofílica”, que dicho simplemente es el empuje que mueve al deseo de saber. Cabe aclarar que el deseo no es lo mismo que el querer o el anhelo porque uno puede querer comprarse una casa o un pantalón por ejemplo, y eso se satisface fácilmente (a veces…) pero el deseo va por otro lado, el deseo de saber es lo que está en la base de la cultura, lo que nos diferencia como sujetos, como seres hablantes. Este deseo de saber está en la base de todas las actividades humanas, y es el motor de todos aquellos que disfrutamos de las actividades culturales, ya sean investigar, estudiar, leer, escribir, y demás… es el deseo que está en la base de la creación artística, la investigación intelectual y, en general, en actividades a las cuales una determinada sociedad concede gran valor.

Destaco en nuestro autor su deseo decidido que lo convocó desde joven a la literatura y lo apasionó por la cultura en general.

El título Encuentros abre una pregunta. Un buen autor es aquel que juega con esa posibilidad de abrir cuestiones y no brinda a su lector todo servido y masticado. Leer es tener los ojos abiertos al mundo, tener la mirada ancha y no estrecha. Y somos lo que leemos, algo que nos debiera impedir el regusto actual por lo vacío, lo simple, el lenguaje llano y chato; la gran literatura está repleta de preguntas – no de respuestas -, y nos deja siempre con el enigma de lo inconcluso. Con lo cual, el título elegido ya es un buen indicio de lo que será la lectura del libro.

Pero si observamos la contratapa dice “Entrevistas” con los siguientes escritores latinoamericanos: Ángeles Mastretta, Mario Benedetti, Angélica Gorodischer, Moacyr Scliar, Mempo Giardinelli, Renée Ferrer, Margo Glatz y Nélida Piñon.

Entrevistas / Encuentros: En este punto me gustaría detenerme unos instantes porque sospecho que aquí se juega algo de la impronta personal del autor, de su creatividad a la hora literaria.

Desde ya les anticipo que no van a encontrar aquí meras entrevistas informativas, mucho menos con formato encajonado a los fines explicativos ni lo que está tan de moda como tips para la escritura.

Estos encuentros literarios que se reflejan en las páginas del libro se hallan tamizados por la sensibilidad particular de cada uno. Estos encuentros sobrepasan el simple formato de las entrevistas porque nos hablan también del otro escritor como un semejante, de su forma de ver la vida, su historia, con sus inquietudes, sus pasiones y penurias.

Como les dije antes, es un libro abierto a las interpretaciones del lector donde se conjuga la habilidad de Ramón Alfredo Blanco para darnos esa posibilidad de adentrarnos en el mundo íntimo de cada escritor.

Nos lleva de su mano y sin darnos cuenta atravesamos el umbral de sus historias de vida. Con cierta reminiscencia a cuando éramos chicos y tímidamente preguntábamos a nuestros maestros buscando aquella perlita en la transmisión que nos abra nuestro propio destino.

La lectura de Encuentros los llevará a emprender una encrucijada de caminos hasta alcanzar esos ámbitos donde el amor por la letra permanece intacto, al margen de las vicisitudes de cada autor.”

Su precio de venta al público es $ 230.- pesos argentinos. Solicite su ejemplar desde cualquier lugar del mundo a través de Viví Libros, escríbanos un email a: info@vivilibros.com o simplemente déjenos su comentario al finalizar esta nota y le responderemos a la brevedad.

Newsletter Viví Libros Número 758

Newsletter Viví Libros
Número 758 – 10 de agosto de 2017

En este número:

• Convocatoria Microrrelatos Escenas de la vida cotidiana
• Libros y revistas recientes
• El arcón de Viví Libros
• Invitados a la radio: Consignas de radio

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• MICRORRELATOS ESCENAS DE LA VIDA COTIDIANA:

Queremos agradecer a todos los que se sumaron a nuestra propuesta: Microrrelatos Escenas de la vida cotidiana. Nos alegra mucho la repercusión obtenida con relatos de distintas partes del mundo y los mensajitos que nos mandaron con tanto afecto. Gracias por las ganas y la alegría que nos han sabido transmitir a través de sus palabras! Es un placer darnos este recreo para escribir, leer y divertirnos juntos. Los invitamos a leerlos todos en la página web!
Como suele pasar nos resultó difícil seleccionar a los finalistas, disfrutamos descubriendo el estilo de cada uno. Así que decidimos agregar algunas menciones especiales a tres escritores.

Finalistas (por orden alfabético):
Ricardo Feierstein, Ciudad de Buenos Aires, Argentina
Johnny Gavlovski, Caracas, Venezuela
Adriana Maggio (Dirbi), Ciudad de Buenos Aires, Argentina

Mención especial (por orden alfabético):
Susana Aguad, Ciudad de Buenos Aires, Argentina
Mario Capasso, Villa Martelli, Provincia de Buenos Aires, Argentina
Rolando Martiñá, Ciudad de Buenos Aires, Argentina

Nuestras felicitaciones y aplausos!!
Ahora… a seguir trabajando!!

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• LIBROS Y REVISTAS RECIENTES:

>> COSAS DE MI PUEBLO
Romy Espinoza

Moglia ediciones, Corrientes, Argentina, 316 páginas
Precio: $ 360.-
Precio suscriptores: $ 350.-
Lo invitamos a leer la información completa: http://vivilibros.com/presentacion-libro-cosas-pueblo/

>> GRITOS Y SUSURROS 30 AÑOS DE ARGENTINIDAD
Alina Diaconú

Moglia ediciones, Colección Ojo Lector, Corrientes, Argentina, 334 páginas
Precio: $ 370.-
Precio suscriptores: $ 350.-
Lo invitamos a leer la información completa: http://vivilibros.com/lanzamiento-gritos-susurros-30-anos-argentinidad/

>> LAS CIUDADES DE LA FURIA (Cuentos)
Luis Benítez

Moglia ediciones, Colección Ojo Lector, Corrientes, Argentina, 120 páginas
Precio: $ 180.-
Precio suscriptores: $ 170.-
Lo invitamos a leer la información completa: http://vivilibros.com/lanzamiento-ciudades-furia/

>> EN SANGRE VIVA (Cuentos)
Luciana Prodan

Moglia ediciones, Colección Ojo Lector, Corrientes, Argentina, 98 páginas
Precio: $ 200.-
Precio suscriptores: $ 190.-
Lo invitamos a leer la información completa: http://vivilibros.com/lanzamiento-sangre-viva-luciana-prodan/

>> QUINIFREUD (Novela)
Pablo Melicchio

Moglia ediciones, Colección Ojo Lector, Corrientes, Argentina, 106 páginas
Precio: $ 180.-
Precio suscriptores: $ 170.-
Lo invitamos a leer la informacion completa: http://vivilibros.com/lanzamiento-quinifreud-pablo-melicchio/

>> UNA PALABRA TRAE LA OTRA (Cuentos Breves)
Mario Capasso

Moglia ediciones, Colección Ojo Lector, Corrientes, Argentina, 166 páginas
Precio: $ 250.-
Precio suscriptores: $ 230.-
Lo invitamos a leer la informacion completa: http://vivilibros.com/lanzamiento-una-palabra-trae-la-otra-capasso/

>> HISPAMERICA REVISTA DE LITERATURA, a?o XLVI, Número 136, abril 2017
Director: Saúl Sosnowski. Escriben en este número: Ensayos: Nicolás Hochman, Jesebe Martínez, Carina González, Ana Pizarro. Recuperaciones: Marcial Luna. Textos: Judith Filc. Entrevistas: Emil Hamed – Eduardo Espina. Jesús Gomez de Tejeda – Emilio Gallardo Saborido – Lorenzo Lunar. Poes?as, ficción, notas y reseñas.
Precio: $ 250.-
Precio suscriptores: $ 230.-

La revista se despacha por correo desde USA, para lo cual hay que sumarle el gasto de correo desde esta región. Consulte por números anteriores y ofertas especiales para la Colección completa!

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• EL ARCON DE VIVI LIBROS:

Libros y revistas viejas con espíritu joven, o simplemente títulos difíciles de conseguir en el mercado comercial que nosotros disponemos nuevos impecables en el arcón particular de Viví Libros.

>> ACONTECIMIENTO, revista para pensar la política
Director y editor responsable: Raúl Cerdeiras. Tenemos desde sus primeros números hasta la última Número 47-48, Primavera 2016
Precio de tapa: $ 70.-
Precio suscriptores: $ 65.-

>> EXPERIENCIAS COMUNITARIAS EN EL HOSPITAL MOYANO
Nestor Marcchant

Ananké, Buenos Aires, Argentina
Precio de tapa: $ 200.-
Precio suscriptores: $ 180.-

>> ¡GOGL MOGL! EL GRAN LIBRO DEL HUMOR JUDIO
Rudy – Eliahu Toker

Sudamericana, Buenos Aires, Argentina, 272 páginas
Precio: $ 250.-
Precio suscriptores: $ 230.-

>> POEMAS Y CANCIONES
Miguel Angel De Boer

Ediciones Último Reino, Buenos Aires, Argentina
Precio de tapa: $ 200.-
Precio suscriptores: $ 180.-

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• PROGRAMA DE RADIO:

Vayan agendando! El lunes 14 de agosto de 20 a 21 hs. Diana Decunto y Alicia Zabala invitaron a la Lic. Viviana Rosenzwit a su programa Consignas de radio, que lo pueden escuchar online por www.rlexia.com

Durante el encuentro hablarán sobre libros y lectores, psicoanálisis y literatura, la fuerza de las nuevas historias y cómo no podía ser de otro modo, del amor y los desenlaces amorosos. Será un gusto compartir con ustedes tan lindo espacio radial.

Microrrelatos Escenas de la vida cotidiana Quinta parte

Compartimos la última tanda de Microrrelatos que llegaron! Vamos concluyendo la Convocatoria Aniversario de Viví Libros 2017, pronto sabremos los ganadores!

Huéspedes
A mi nieto Benjamín

Todas las semanas trae uno o dos. A veces, tres. Van ocupando todos los rincones de la casa, llenando con sus voces los espacios que antes había poblado el silencio. Mi abuela les dedica tiempo que me quita a mí, pero lo hace con tal alegría que guardo los celos entre los juguetes de mi habitación. A la noche compartimos alguno, que derrama imágenes en mis sueños y luego va a dormir a un estante junto a los demás.
Yo ya aprendí a escuchar lo que dicen, por mis propios ojos.

Adriana Maggio (Dirbi)
Ciudad de Buenos Aires, Argentina
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La violencia a flor de piel

Una tarde como cualquiera, un colectivo 75 inicia su recorrido en Lanús, y en menos de dos cuadras salta la muestra de intolerancia y violencia que vivimos por estos años en Argentina.
Un colectivero que sin ninguna aparente razón ni apuro, aún sin tener paso asegurado a la calle siguiente, pasa el semáforo en rojo y corta la avenida Pavón.
Así nadie podía pasar, ni vehículos ni peatones. Los que arriesgándose pasaban por delante del vidrio del colectivero, lo insultaban a viva voz por su negligencia. Un motociclista se hizo lugar y al pasar le golpeó los vidrios, en muestra de su enojo también. Otro conductor de los perjudicados por el atascamiento que provocó el colectivo, se bajó de su camioneta, corrió desesperado y desde la ventanilla le propinó un golpe de puños al conductor del 75. Pero un pasajero inesperadamente sacó un palo que llevaba consigo, y desde arriba del interno invitaba a pelear al conductor que volvió despacio a su camioneta.
Y los pasajeros seguimos allí detenidos, rehenes de la situación, interminables cuarenta segundos. Hasta que la luz verde del semáforo hizo circular, nuevamente, a cada uno para su lado. En el colectivo sobrevivo un silencio espectral, algunos lo pensaban y otros murmuraban por lo bajo aquella tenebrosa pregunta: ¿Qué hubiera pasado si alguien estaba armado en ese momento?

Norberto
Lanús Este, Provincia de Buenos Aires, Argentina
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EL TIEMPO

“_ Ud. A veces se deprime?”
“_ No, no tengo tiempo…”
“_ Cómo?”
“ _Tengo tres hijos, los crío sola… trabajo…”
_ “Aja´, ajá”,…Y qué hace cuando siente que no hace la vida que quiere, la vida que soñó?”
_” Y… me río…Y sigo adelante…El tiempo pasa… Sabe? De chica yo soñaba con ser Marilyn … Imagínese…
_”Y qué pasó?”
_ “ Y… me di cuenta no hace mucho que estoy mejor que ella… estoy viva, tengo hijos…
_”(…)” Y por qué está acá?”
_ “No sé, por ahí para hacer otra cosa que reírme… O creí que me podría decir algo que no sé…Pero me está pareciendo que no… Así que… Gracias por su tiempo.”

Rolando Martiñá
Ciudad de Buenos Aires, Argentina
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Tan malos …

Abrió la puerta al plomero que se encargaría, finalmente, de arreglar el baño.
Debo bajar, le dijo él, para constatar que ya no se filtra agua en el departamento de abajo…
… Otra vez el timbre, ella abrió: antes era uno solo, y ahora eran tres.
El de la pistola la hizo sentarse…los otros dos la desvalijaron.
Cruzada de brazos, la jubilada sermonea: ¿No sentís vergüenza al mirar a tus hijos a la cara?, todo lo que tengo me lo gané trabajando, ¿qué pensás que podés encontrar acá?, ¿no ves cómo estoy vestida? bla bla bla
-¡Que se calle o dale un tiro! Pero no se calló.
Tan malos no fueron, los retó y desafió…, pero sigue viva, con algunas cosas menos, pero con su dignidad intacta.

Graciela Maggio
Ciudad de Buenos Aires, Argentina
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Era el parque
el camino de los tilos
el pajarito rojo
y el crepúsculo lento entre los pinos.
El muelle trebolar
la calma en ristre
el molino torcaz
y la magnolia triste.
Y eran dos hijos
aprendiendo la vida
con las manos
los ojos
y la piel
y éramos dos que amábamos
esa fugaz visión de eternidad.

Y éramos jóvenes
y los seríamos todo el tiempo
y no pensábamos
que alguien
nos soñaba soñar
para volverse eterno.

Federico N.
Ciudad de Buenos Aires, Argentina
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Microrrelatos Escenas de la vida cotidiana Cuarta parte

Compartimos una de las últimas tandas de Microrrelatos que llegaron! Seguimos con la Convocatoria Aniversario de Viví Libros 2017 hasta mañana martes 8 de agosto.

Vi a la muerte, sentada a su lado,
de traje blanco gastado,
la vi de piernas cruzadas,
luciendo dientes negros y afilados.
De su boca chorreaba un camino de desesperanza.
Cuerpo inmóvil…manos que no piden ya auxilio,
nariz que no huele…ojos que no miran nada…
Todo desapareció para él,
como hojas, fue arrastrado como hace un viento de otoño.
Imposible llegar ahora, a la cima de una ballena resbaladiza y mojada.
De cara al cielo…sin alma.
corazón sin sangre,
solo cemento con olor a todo…y a nada…
Pájaros mudos, con boca de árboles,
las muecas, empujando sonrisas.
pasillos sombríos y mal perfumados.
!que no lleguen las flores para adornar este paisaje!
paisaje que espanta…
Un yo…palidece
otro…descompone.
charlas, murmullos con chismes y verdades ocultas,
emergen dando sensación de movimiento.
quiero dejar de percibir esos actores,
quiero irme ahora de este cruel escenario.
Boca sin aliento…sin dueño…
gusanos nacientes, moviéndose para cualquier lado,
Lagrimas muertas,
paredes frías, bien presentes, luciendo vestidos de con lunares de musgos…azules y verdes.
Palidece el cielo,
Se derrumba como lona vieja.
Recuerdos galopan como caballos salvajes…sin dueño.
Aparecen las flores,
las contemplo…con doloroso espanto.
Las cruces, me producen nauseas.
Corbata y sacos que no tienen hombre adentro,
lúgubre paisaje…crónico…y lento!
se apagan los egos…se encienden los duelos
se fueron a dormir los sueños.
La lluvia hace un desesperado esfuerzo,
por tapar el triste espectáculo. Y Dios!
la semilla ha muerto…se resecó la tierra
Un féretro pasa
repudiado…odiado…lustrado
parece levitar, pero no…
son manos vivas que lo hacen nadar.
Besos sin labios
gente sin sombra
la tierra mojada, hoy tiene olor a despedida,
silenciosos autos negros, caminan más despacio que tortugas.
tortura…
Me enojo y me enfurezco y me golpeo y maldigo y después pienso…
¡lluvia!, llévate todo esto por favor… pídele ayuda al viento.

CRUZAPELUSA
Santa Fe, Argentina
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PERPLEJIDAD

Asciendo al colectivo 29, abono el pasaje y camino hacia el fondo del vehículo. Está bastante lleno y no quiero empujones, entonces me acomodo en el pasillo, junto a la última fila de asientos. Conservo el mérito no menor de ceder el asiento a embarazadas o ancianas, de modo que nada pierdo al estar allí atrás. Desde el otro extremo de la ristra de butacas una jovencita, algo obesa y no muy bien parecida, se despide de una amiga que va a descender y sonríe, mirándome a los ojos. Tal vez mantiene ese gesto por inercia. Pero cuando observo alrededor y calculo su ángulo visual, no tengo dudas. El mensaje es para mí.
Estoy halagado, pero confundido. Cuando vuelvo la cabeza su sonrisa se hace más franca.
-¿Cómo le va?- dice, su rostro esquivando cuerpos de otros pasajeros. La voz suena color violeta, con alegría y distancia simultáneas.
-Bien-, musito entre dientes, con una pequeña mueca.
¿Quién será? ¿Una vecina? ¿La muchacha que hace años trabajaba en mi casa como doméstica? ¿Una alumna?
El vehículo prosigue su viaje. Muevo el torso para dejar pasar a alguien y, otra vez, choco contra sus dientes expuestos.
-¿Su familia está bien?- pregunta en voz alta, para que la escuche entre el gentío del pasillo. Aferro con fuerza la manija de otro asiento para no perder el equilibrio.
-Sí, sí- contesto. Simulo acomodar el cuerpo para ir dándole la espalda. Giro a uno y otro lado sin soltar mi valija, tratando de evitar ser arrastrado hasta la gordita. De pronto, nuestros ojos quedan otra vez enfrentados. Sonrío breve y observo la hora en mi reloj, para disimular la turbación.
-¿Hoy hizo a tiempo con todo?- pregunta ella, con naturalidad. Sus labios se abren y cierran con suavidad al hablar, como besándose a sí mismos.
-Sí, gracias- mascullo como para mí. Observo el paisaje por la ventanilla, como si temiera pasar de largo mi parada. Somos lo que decimos que somos, así que ¿quién seré ahora para esta joven?
Felizmente, cuatro cuadras después, la muchacha se levanta y desciende. La veo con el rabillo del ojo porque, aprovechando el empuje de los que siguen tratando de subir al vehículo, doy la vuelta para dejar paso libre a los que bajan. Esquivo así el perfil expuesto y puedo, al fin, liberar mi figura de su intrigante sonrisa.
Dejar de tener miedo de mí mismo, de alguien que no sé quién es pero, al parecer, represento ante ella.

Ricardo Feierstein
Ciudad de Buenos Aires, Argentina
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EL SILENCIO

Me pides algo corto y extraordinario.
Durante días, no lograba responder qué era así. Buscaba entre anécdotas, y todas estaban llenas de ruido: el de las bombas lacrimógenas, el de las balas, el de los gritos, el de las noticias falsas, el de los rumores, el del llanto, el de la desesperanza. Ruido, extenso, infinito, tanto como cotidiano.
Hoy, cuando la sangre corre por las calles, tengo algo, corto, extraordinario: el silencio.
Quizás entonces alguien viva.

Johnny Gavlovski
Caracas, Venezuela
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LA GRUTA

Mi tía Alicia era una niña traviesa y mientras jugaba en la gruta, cayó por un agujero profundo.
La familia la lloró siempre… pero el tiempo pasó y se entibiaron los recuerdos.
Trascurridos cuarenta años, su sobrino nieto Jeremías, saltaba por las piedras de la misma cueva, cuando reparó en algo… El foso estaba lleno de agua, y un frasco flotaba a la deriva. Contenía una nota.
“Estoy viviendo en un mundo maravilloso”, decía el texto en letras diminutas.

SUSANA RODRIGUES TUEGOLS
Wilde, Buenos Aires, Argentina
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Todos bajo sospecha

Al levantarnos ella no estaba en la casa. Al mediodía almorzamos junto a mis amigos. Esteban y su familia habían viajado por el día a Coronda. Cuando retirábamos los platos de la mesa ella entra con envión la camioneta y cierra el portón automático. Se acerca pegando todo su costado izquierdo sobre mi cuerpo, al otro lado tenía la mesada por lo cual tuve la sensación de acorralamiento. Esta es mi madre -llegué a decir-. Con mirada penetrante y con voz baja me cuenta que le habían desaparecido novecientos pesos de la cartera. Me pongo mal porque justo en la casa había amigos que nos visitaban por primera vez. Aunque por mi parte no tenía ni la mínima sospecha en ellos, pensé en ese instante que cuando se enteraran mis hermanos lo podían creer. De inmediato, por su comentario me di cuenta que ella ya lo estaba imaginando: _no les digas nada a ellos, dejá, no digas nada, es algo horrible…alguien conoce mis movimientos… seguramente entró cuando dejé la puerta abierta para que el sol de la mañana energice el agua de las botellas.
Lo que yo no había pensado es lo que a continuación me expresa: _le dije a tía Evangelina, no nos preocupemos, seguro me los sacó Ana. Mi rostro se entumeció de estupor cuando además caigo en la cuenta que ese era el monto exacto que ella me debía de la compra de los regalos navideños. Ahí comencé a preguntarle de dónde había sacado el dinero, cómo era que tenía separado los novecientos de los otros miles que tenía para llevarle a tía Elena. Me explica que ese rollito se lo había dado Pamela por el trabajo que tío Reinaldo había realizado el día de la fiesta del pueblo y a continuación agrega en un tono aún más bajo: _Pamela me lo dio envuelto en un papel y yo lo tomé sin revisar. Con esa aclaración por un instante también pienso mal de Pamela pero luego reflexiono que no puede ser, que jamás haría algo así. Entonces comienzo a repasar mentalmente… quizá mi primo Esteban y su mujer que andan con poco dinero podían haberlo tomado. Ella en lugar de desestimar alimenta cada una de mis hipótesis pero también sospecha de mí, lo veía en su rostro. Mis manos comienzan a temblar de indignación, no podía entender que ella les haya dicho a las hermanas que yo era capaz de quitarle esa plata sin avisar…y otra vez más no quería pero era inevitable especular en lo que mis tías dirían de mí. Con insistencia le pedí que revisara bien la cartera y me dice: _pero vos crees que soy tonta? te digo que saqué todo y no está, no está! Eso es así, no nos amarguemos más, disimulemos pero alguien sabe mis movimientos y me va sacando las cosas…
Continúa el día y comparto unas horas de pileta con mi hermana. La noto tensa, no sabía si era por lo de su marido, porque estaba celosa de la presencia de mis amigos o porque sospecha de mí por lo del dinero. Sin despejar las incertidumbres continuamos juntas una hora más hasta que salió de la pileta para hacer la infaltable merienda de café con leche y masitas en casa de nuestra madre. Al mismo tiempo Camilo menciona que retiraba la camioneta para ir al pueblo vecino a llevar un televisor para reparar –se trataba de uno de esos trámites de vida o muerte solicitados por mi madre que había que concretar pese a que era 24 de diciembre-.
Veo que Camilo se acerca a mi madre pero justo me distraigo ante un pedido de mi amiga. Cuando regreso a la cocina le pregunto a ella si había alguna novedad. Recién ahí mirándome fijo y con pausa me dirá que Camilo encontró el rollo de dinero caído debajo del asiento del acompañante.

Clarisa del Huerto Marzioni
Ciudad de Buenos Aires, Argentina
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Despertar entrelazados, siempre es mejor en domingo. Tomados tan fuerte que hasta las manos duelen, los nervios se comprimen, y surge ese hormigueo fastidioso que nos separa unos instantes. Darse vuelta para un lado y para otro de la cama, con tal de encontrar la posición para seguir soñando abrazaditos. Placer del fin de semana.

Miguel Salas
Madrid, España
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Una tarde de invierno

Una tarde de invierno, lluvia, frío, soledad y arrancan los recuerdos, como pequeños ovillos van desmadejando la añoranza. Siempre te busqué. Quién no tuvo un amor adolescente ? Aquel primero, inolvidable, aquel que marca para siempre. Así me sucedió, y lo busqué en cada paso de mi vida, en cada detalle, en las miradas de otros enamorados, en otros gestos. Nunca lo encontré. La vida siguió. Mi búsqueda también. Infructuosa búsqueda.
Y una tarde de invierno de lluvia y frío y soledad, comencé a buscarlo en el facebook, ya lo había hecho antes, sin resultados.
Nuevamente escribí su nombre, sus dos nombres y dos apellidos. Nada. Un nombre un apellido … Un nombre y dos apellidos … Y el face como un viejo oráculo comenzó a arrojar nombres, personajes … todo lo que pudiera encontrar … y de pronto él … si, ahí estaba, con toda su carga de años… el tiempo pasó. Allí, mirando fijo hacia la nada de la pantalla, apenas apoyado en un lustroso piano, su música, su vida, su auténtica amante. Su mirada permanecía incólume en el tiempo, esos ojos, en los que reflejé mi juventud y felicidad de entonces. Me conmovió y quedé estática mirándolo, lentamente mis manos acariciaron su rostro en la fría pantalla.
Luego de la sorpresa, de varios días, me atreví a enviarle un mensaje breve, al instante me contestó, luego sobrevinieron los mails. Muchos mails en los que queríamos recuperar todo el tiempo perdido, nos convertimos en enamorados virtuales.
Ambos con nuestras familias, ya teníamos las raíces arraigadas en lo profundo de nuestras tierras de origen. Toda una vida y un sentimiento encriptado en nuestros corazones.
Y él de pronto enfermó, una cruel enfermedad lo atrapó, hice promesas, recé tanto, espiritualmente me sentía junto a él. Superó la enfermedad.
Fue una instancia que nos hizo reflexionar a ambos.
Si había una pequeña esperanza de un encuentro, de una humeante taza de café y manos entrelazadas en los recuerdos. Se diluyó lentamente, la realidad la destruyó.
Hoy somos amigos, él está bien. Somos amigos del alma, espejos, entrañables. Ya ninguna ilusión nos cobija. Sólo la amistad. Y el recuerdo en este domingo de lluvia de mi soledad, en que nuevamente mis manos se posan sobre su fría imagen en el monitor, y parece mirarme con sus ojos negros inmutables en el tiempo.
Mi querido amigo. Mi adolescente amor.

Nora Susana Margot
Ciudad de Buenos Aires, Argentina
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Microrrelatos Escenas de la vida cotidiana Tercera parte

Compartimos otra tanda de Microrrelatos que llegaron! Seguimos con la Convocatoria Aniversario de Viví Libros 2017.

GENERACIONES

Empecé a escribir a partir de una anécdota risueña que viví con mi querido abuelo, y que se transformó en una composición “tema libre” en la escuela y me acarreó la admiración (el amor, para mí) de casi todas las mujeres de toda edad que celebraron mi osadía y mis buenas palabras. “Esto es lo mío!”, me dije.
Dos años después, mi abuelo murió. No pude soportarlo sano y me enfermé. Un cura que había venido por él, entendió que tenía que decirme algo: “Tu abuelito pasó a mejor vida”. Fue una de las frases más absurdas que escuché en mi vida. Mejor vida que la que teníamos con él? Dónde, cuándo, cómo…?
Me fui curando a través de mis primeros poemas. Ahora para diluir la angustia cuando aún no sabía que existía algo llamado así.
Y ahora, mucho tiempo después, así sigo. Por una cosa o la otra o ambas.
Ah! Mi nieta de 15 años acaba de escribir su primera novela.

Rolando Martiñá, Ciudad de Buenos Aires, Argentina
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Crimen en Pietralata

Miró la ventana a través de la cual había arrojado a su mejor amigo hacía quince años.
Miró a sus hijos que ya eran grandes, y a su mujer, sentada en el viejo sillón de mimbre, indiferente y retraída, con un mechón de pelo blanco y dos orificios sin luz donde se habían hundido sus hermosos ojos pardos.
¿Qué estoy haciendo aquí?, se preguntó sabiendo que extrañaba el silencio seguro de la cárcel.
Luego, calmándose, bajó por el ascensor cubierto de gruesos graffiti, más ominosos que aquellos que recordaba, o más toscos y rudimentarios.
Caminó por las veredas sucias, pobladas por los muchachotes de los edificios que se juntaban a fumar en las esquinas. Los contenedores, abarrotados de bolsas de plástico, esparcían un olor ácido que asfixiaba el aroma dulce de la hierba.
Finalmente, bajó a las profundidades del subterráneo y allí se sintió bien. El sabor ferroso del aire quieto estaba pegado a las paredes, y se pegó a su ropa, oliente, también, a caverna oscura.
Y recordó entonces que en un domingo como ese, esperaba en el andén a su amigo que venía de Piazza di Spagna. Aquel domingo se agotaron los diarios. Le bastó con leer un titular elefantiásico. Pier Paolo Pasolini había sido asesinado en Ostia. Estaba seguro de haberlo visto en Pietralata filmando las calles oscuras y los muchachotes que se reían siempre y se le pegaban como moscas. Andaba husmeando la muerte, se dijo, como sirviéndose en bandeja.
Su amigo no se enteró de la noticia, sólo quería ver el partido entre el Milan y la Juventus y beber, fumar, y contarle chistes. Fumaron y se tranquilizaron. El empezaba a entristecerse con la muerte de Pasolini. Lo había visto más de una vez en el barrio en medio de esos brutos. Pero ese recuerdo se borró rápidamente y enseguida su estado de ánimo pasó de la melancolía a la furia. Se ponía furioso con los goles del Milan mientras su amigo festejaba.
Discutieron. Su mujer se encerró con los chicos en el baño. El otro lo insultaba, le daba cortos y dolorosos chirlos en las mejillas. Él lo golpeó en la cabeza con los puños. Se trenzaron como boxeadores en el ring hasta que él logró desasirse de ese abrazo. Lo empujó con fuerza pegándole con el puño cerrado en todo el cuerpo mientras retrocedía para esquivarlo. Él era más fuerte, o al menos, más certero. Le propinó un puñetazo en pleno rostro y luego un empellón que resultó ser el último. De tan fuerte, su cuerpo trastabilló al tiempo que el del otro desaparecía de su vista.
Y nadie pudo creer que no sabía ni el lugar que ocupaba la ventana, ni que estuviera abierta, ni que aquel cuerpo enjuto podía pasar por la abertura sin producir otro sonido que el golpe seco en la calle desierta.

Susana Aguad
Ciudad de Buenos Aires, Argentina
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LOGIA

– ¿Esa es la Sinfonía Concertino, de Mozart?
El ocupante de la otra carpa levantó la vista.
– Sí. Con el violín de Igor Oistraj.
El que había preguntado, deteniendo su paseo vespertino por la playa, tuvo un estremecimiento.
– ¿Orquesta de Moscú?
– Filarmónica de Berlín- dijo, lacónico y cómplice, el dueño de la radio.
Ya eran amigos para siempre, aunque recién se conocían.

Ricardo Feierstein
Ciudad de Buenos Aires, Argentina
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ACENTOS

_ Vio qué cosa las palabras?
_ Por?
_ La palabra esdrújula, es esdrújula, pero la palabra aguda, es grave…
_ Cierto… No lo había pensado…
_ Y vio que con las esdrújulas pasa como con algunas enfermedades:
son raras, pero no son graves…
_ Ja ja, cierto… Y otras son graves sólo cuando son agudas…
_ Cierto, qué cosa no?
_ El mundo está loco, che!
_ Y sí, ya lo dijo… Bueno, lo dijeron muchos
_ Y sí … Por lo menos nosotros entendemos…
_ Chau.
_ Chau.

Rolando Martiñá, Ciudad de Buenos Aires, Argentina
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Lulú

Tenía muchas ganas de tener una perrita nueva. La última había muerto hacía ya dos meses. Fue así que busqué por Internet y conseguí una cachorrita hermosa a la que le puse Lulú.
Dulce Lulú, el problema era a la noche. Hacía frío para dejarla afuera y a ella no le gustaba estar encerrada. Como resultado lloraba y no nos dejaba dormir.
Entonces se me ocurrió encerrarla en el baño del consultorio, que por otra parte, se encuentra alejado de la casa. Era una forma de estar tranquilos y que ella no sufriera las inclemencias del tiempo. Así lo hice.
A la mañana siguiente, cuando fui a buscarla, por debajo de la puerta corría un río torrentoso. Lulú se había comido el flexible del inodoro y flotaba en su cuchita de madera como si fuera un barco en medio del mar.
Nunca más la dejé encerrada y le compré un vestidito de lana, una casita y una camita calentita para campear el frio.
Y así en agradecimiento, Lulú ya no lloro más.

Lili, Provincia de Buenos Aires, Argentina
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YENDO AL GRANO

No veía a Rebeca desde, por lo menos, diez años atrás. Nos cruzamos una noche en la fiesta de casamiento de un primo segundo en común. Ella pertenece a la segunda rama de mi familia extendida -es hermana de un pariente político- de modo que no existen muchas posibilidades de encuentro, fuera de estas reuniones gigantes y ecuménicas.
Debe tener algo más de setenta años, pero se conserva muy bien, ocupada con sus dos hijas y sus cirugías plásticas. Y es una de las pocas conocidas que todavía se acuerda de mis padres.
Breve ceremonia para presentar a los contrayentes, voz de locutor que aturde. Comienza el inevitable “vals de los novios”. Aplausos, besos, felicitaciones, cruces de gente. Cumplo mi papel de rotar unos compases con la protagonista del enlace (después de esperar unos veinte turnos), a quien apenas conozco y, como corresponde, la cedo al próximo festejante. Quedo aislado en la pista, situación compartida por otros fugaces bailarines (en especial, mujeres que saludaron al novio). Me cruzo con Rebeca, que también está boyando en el medio.
De común y silencioso acuerdo, enlazamos nuestros talles y seguimos el ritmo del vals hacia uno de los extremos, para abandonar con cierta elegancia la pista.
Giramos tres vueltas.
En la primera, ella pregunta por la salud de mi familia nuclear (y yo por la suya). En la segunda, en silencio, llegamos a salir del grupo de gente. En la tercera, al borde de las alejadas mesas donde recuperaremos nuestros asientos, suelta antes de despedirnos una pregunta a quemarropa:
-Decíme, Ricardito: ¿no conocés algún tipo para mi hija mayor, que acaba de divorciarse?

Ricardo Feierstein
Ciudad de Buenos Aires, Argentina
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Pequeño camalotal

Fue un día… allá en Santa Fe… cuando Flor, nuestra hija lo trajo de la Setúbal.
– Estos camalotes son para su jardín -nos dijo a su padre y a mí.
Así fue que los pusimos en una cuna de diarios y agua. Teníamos que volver a nuestra casa, en Rosario…
Quizás el viaje fue duro para esa minúscula mata, esa tapia, pero las plantas resistieron como si tuvieran la entereza de los humildes.
Cuando llegamos las pusimos en el patio. Y allí –en una vasija de agua- el pequeño camalotal se aposentó confiado… ¿Acaso sabría cuánto amábamos el agua marrón que lo vio nacer?
A los pocos días, un coro de pequeñas abejitas zumbaban a su alrededor. Ellas se hicieron sus compañeras inseparables.
Sucedió ayer, cuando por primera vez floreció bellamente… Ramillete de colores que hoy –ya mustio y cansado- se está inclinando… Nos regaló sus pétalos en la belleza efímera de un día…
Sin embargo, silenciosamente y casi en secreto, nuestro pequeño camalotal nos convidó esta mañana… con una nueva vara que estalla en lilas, violetas y amarillos… Asombro alegre de la vida…

María del Carmen Guala
Rosario, Provincia de Santa Fe, Argentina
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La noticia

La rutinaria cadencia en el lento y exhausto balanceo del antiguo ascensor, su constante penar en un agobiado chirrido me despierta. Aún embebido en una ensoñación que distorsiona y que confunde muchas veces la realidad con fantasía espero escuchar una pauta que disipe mis dudas mientras busco a tientas la luz, que se enciende en un tímido resplandor. Deslizo la cerilla varias veces por la humedecida caja, mis temblorosas manos lo dificulta aún más, logro prender un cigarro, doy una larga bocanada que calma mi imperiosa necesidad por retener solapada la feroz abstinencia, la dependencia de esa voraz y adictiva ansiedad que me carcome.
La aspereza en la garganta y la sequedad de los labios me hacen pensar en un suave y refrescante trago de agua. Nuevamente siento esa ríspida sensación. Instintivamente miro el reloj, falta un cuarto para las tres, lo que me es indiferente aun que siento el hastío en las agujas, doy una nueva y larga bocanada en silencio, tan solo que esta vez me pregunto cómo fue que llegué a ser la más ruin y despiadada expresión de mí, al rechazar la dulce e irrefrenable seducción de la vida en su máxima plenitud y sumirme en esta desolación, en esta depresión inconformista.
Siento detenerse el ascensor, el oxidado y ruidoso abrir de la puerta da paso a un rápido y alegre taconeo en el pasillo, el mismo me recuerda al fresco, al liviano y continuo aleteo de un colibrí.
Miro a un costado de la cama veo el revólver, lo tomo para guardarlo y al tocarlo su escalofriante frialdad, me hila, mis venas se congelan al pensar que lo tuve en mis manos, como la única solución al devenir de mi vida, pero fui lo suficientemente débil para dar ese paso sin retorno. Lo guardo rápidamente pues el tintineo de las llaves en la puerta rompe definitivamente el silencio.
– Hola! Papá!
-Hola princesa.
-¿Qué haces encerrado en penumbra? ¡Arriba! que afuera está hermoso, soleado, es un día de primavera.
Refunfuneo bastante, antes de salir.
El resplandor del sol me enceguece pero sus cálidos y tibios rayos acarician mi alma, suavizando mis heridas. Respiro profundo y la tos del cigarro se hace presente. Caminamos del brazo contemplándonos en silencio, ella el devenir del tiempo, yo su fuerza, su alegría constante, su fe, su creencia siempre esperanzada. Nos miramos, me apoya su cabeza en mi hombro y me lanza un irresistible y sanador ataque de amor, de ternura, de fe y esperanza al decirme:
-¡Papá estoy embarazada!.
La miro, no logró contener mis lágrimas y rompo en llanto. Muchos sentimientos y sensaciones encontradas se entremezclan. Mi hija me abraza, me da un beso, le sonrío, la beso, en ese momento una sensación de esperanza, de luz y de amor comienza a renacer en mi vida.

Roberto Cordero, Uruguay
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Newsletter Viví Libros Número 757

Newsletter Viví Libros
Número 757 – 2 de agosto de 2017

En este número:

• Convocatoria Microrrelatos Escenas de la vida cotidiana
• Libros y revistas recientes
• El arcón de Viví Libros

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• MICRORRELATOS ESCENAS DE LA VIDA COTIDIANA:

¿Cuántas veces en el día nos pasa algo que nos lleva a pensar que esa situación parece de película o bien podríamos haberlo leído en alguna página de una novela que encajaría perfectamente en la historia? Son esas pequeñas escenas de la vida cotidiana las que queremos rescatar en este concurso aniversario, aquellas escenas desopilantes que dan origen a divertidos microrrelatos y a otro tanto no tan risueños, pero que es un placer leerlos.

Les proponemos que nos cuenten alguna situación, anécdota, fábula o minificción donde la vida misma cobre protagonismo. Puede ser desde el lado personal, de los amigos, de la familia o los vecinos, desde donde gusten… ¡Seguro que a un simple golpe de vista, ya se les está ocurriendo alguna!

El objetivo es que escriban algo breve y lo envíen por e-mail, facebook, twitter o directamente como comentario en la web durante estos días (hay tiempo hasta el martes 8 de agosto).

Los microrrelatos deben ser inéditos y pueden ser firmados a nombre propio o con un seudónimo pero incluyendo la ciudad y país de residencia. Seleccionaremos tres microrrelatos que recibirán su premio y los daremos a conocer en el Newsletter y todos nuestros medios habituales.

A los ganadores, les regalaremos la suscripción gratuita a Viví Libros hasta diciembre 2017.

Durante estos días, compartiremos las lecturas con ustedes en nuestra fan page de facebook, por twitter y subiendo de a grupos los microrrelatos a la página web. Vale comentar, opinar y sobre todo: ¡reirnos juntos!

Se publicará en la web el compilado de todos los Microrrelatos Escenas de la vida cotidiana que nos hayan llegado a tiempo. Tal como lo hicimos en los aniversarios anteriores, que pueden leerlos en nuestra página (ojo que como solemos recibir muchas participaciones cada Convocatoria tiene varias partes para disfrutar de su lectura).

Ahora… a escribir!
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• LIBROS Y REVISTAS RECIENTES:

>> COSAS DE MI PUEBLO
Romy Espinoza

Moglia ediciones, Corrientes, Argentina, 316 páginas
Precio: $ 360.-
Precio suscriptores: $ 350.-

Lo invitamos a leer la información completa: http://vivilibros.com/presentacion-libro-cosas-pueblo/

>> GRITOS Y SUSURROS 30 AÑOS DE ARGENTINIDAD
Alina Diaconú

Moglia ediciones, Colección Ojo Lector, Corrientes, Argentina, 334 páginas
Precio: $ 370.-
Precio suscriptores: $ 350.-

Lo invitamos a leer la información completa: http://vivilibros.com/lanzamiento-gritos-susurros-30-anos-argentinidad/

>> LAS CIUDADES DE LA FURIA (Cuentos)
Luis Benítez

Moglia ediciones, Colección Ojo Lector, Corrientes, Argentina, 120 páginas
Precio: $ 180.-
Precio suscriptores: $ 170.-

Lo invitamos a leer la información completa: http://vivilibros.com/lanzamiento-ciudades-furia/

>> EN SANGRE VIVA (Cuentos)
Luciana Prodan

Moglia ediciones, Colección Ojo Lector, Corrientes, Argentina, 98 páginas
Precio: $ 200.-
Precio suscriptores: $ 190.-

Lo invitamos a leer la información completa: http://vivilibros.com/lanzamiento-sangre-viva-luciana-prodan/

>> QUINIFREUD (Novela)
Pablo Melicchio

Moglia ediciones, Colección Ojo Lector, Corrientes, Argentina, 106 páginas
Precio: $ 180.-
Precio suscriptores: $ 170.-

Lo invitamos a leer la informacion completa: http://vivilibros.com/lanzamiento-quinifreud-pablo-melicchio/

>> UNA PALABRA TRAE LA OTRA (Cuentos Breves)
Mario Capasso

Moglia ediciones, Colección Ojo Lector, Corrientes, Argentina, 166 páginas
Precio: $ 250.-
Precio suscriptores: $ 230.-

Lo invitamos a leer la informacion completa: http://vivilibros.com/lanzamiento-una-palabra-trae-la-otra-capasso/

>> HISPAMERICA REVISTA DE LITERATURA, año XLVI, Número 136, abril 2017
Director: Saúl Sosnowski. Escriben en este número: Ensayos: Nicolás Hochman, Jesebe Martínez, Carina González, Ana Pizarro. Recuperaciones: Marcial Luna. Textos: Judith Filc. Entrevistas: Emil Hamed – Eduardo Espina. Jesús Gómez de Tejeda – Emilio Gallardo Saborido – Lorenzo Lunar. Poesías, ficción, notas y reseñas.
Precio: $ 250.-
Precio suscriptores: $ 230.-

La revista se despacha por correo desde USA, para lo cual hay que sumarle el gasto de correo desde esta región. Consulte por números anteriores y ofertas especiales para la Colección completa!

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• EL ARCON DE VIVI LIBROS:

Libros y revistas viejas con espíritu joven, o simplemente títulos difíciles de conseguir en el mercado comercial que nosotros disponemos nuevos impecables en el arcón particular de Viví Libros.

>> ACONTECIMIENTO, revista para pensar la política
Director y editor responsable: Raúl Cerdeiras. Tenemos desde sus primeros números hasta la última Número 47-48, Primavera 2016
Precio de tapa: $ 70.-
Precio suscriptores: $ 65.-

>> CLINICA DE LAS VERSIONES DEL PADRE
Silvia Elena Tendlarz

Colección Mundo Psicoanalítico, Pomaire, Caracas, Venezuela, 172 páginas
Precio de tapa: $ 240.-
Precio suscriptores: $ 220.-

>> ¡GOGL MOGL! EL GRAN LIBRO DEL HUMOR JUDIO
Rudy – Eliahu Toker

Sudamericana, Buenos Aires, Argentina, 272 páginas
Precio: $ 250.-
Precio suscriptores: $ 230.-

>> LA LOCURA NUESTRA DE CADA DIA
Graciela Brodsky

Editorial Pomaire, Colección Mundo Psicoanalítico, Caracas, Venezuela, 140 páginas
Precio de tapa: $ 240.-
Precio suscriptores: $ 220.-

Microrrelatos Escenas de la vida cotidiana Segunda parte

Compartimos otra tanda de Microrrelatos que llegaron! Seguimos con la Convocatoria Aniversario de Viví Libros 2017

Enseñanza maternal

A sus siete años era necesario que aprendiera la dirección de su casa. Yo tenía miedo de tantas cosas que se escuchaban por ahí. Le enseñaba con paciencia mientras manejaba, ese domicilio largo y complicado que teníamos.
– A ver… vos vivís en Cervantes y Perón. ¡Repetí conmigo!
– Cervantes y Perón -decía su voz infantil.
– Edificio 3, departamento 12, Barrio El Progreso.
Con paciencia y buena voluntad repetía: Edificio 3, departamento 12, Barrio El Progreso.
– San Justo, Buenos Aires.
– San Justo, Buenos Aires –coreaba.
– Bueno, muy bien, ahora vos solito. ¿Dónde vivís? – pregunté.
Me miró con una sonrisa y me contestó simplemente: “¡Acá cerquita!”

Liliana Fernandez de Pozzi
San Justo, Provincia de Buenos Aires, Argentina
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La canilla del baño

Las gotas sucesivas que se dejaban caer por la canilla del baño, con su ruidito tan particular, para decirlo de una vez y para siempre, me martirizaban.
Entonces, ante la perspectiva del fin de semana largo en el que mi familia viajaba creo que a la costa, yo, que no podía ya obsesionarme por otra cuestión, decidí encarar la tarea de refaccionar lo que fuese menester. Creo que se dice menester en estos casos, pero no sé.
Tampoco supe dónde habrían ido a parar las herramientas, que al principio, según recuerdo, se encontraban en una caja de tamaño mediano, que tampoco apareció por ningún lado y no por eso me anduve quejando como los vecinos, que dijeron haberse despertado por la explosión, que de ninguna manera fue tan ruidosa.
Justamente, acerca del ruido fue mi primera declaración ante los medios, les dije que no se soportaba el goteo de la canilla del baño, así que mi familia ya podía regresar tranquila a vivir en el descampado.

Mario Capasso
Villa Martelli, Provincia de Buenos Aires, Argentina
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Tristes anónimos

Hoy no sé qué decir. Es más que una pesadilla. Paré, porque una chica gritaba y se sacudía en medio de la calle, sin que nadie lo advirtiera. Estaba deambulado. (A ella me refiero). Nadie nos veía! Eran cerca de las 3 de la tarde. Le pregunté que le pasaba; si podía ayudarla y desbordo de angustia. No paraba de llorar (ella). -Respira, le dije (yo).
– Me acaban de robar el celular, me contestó como tiritando, apretando los dientes con un grito prohibido.
– No vale la pena llorar por un celular, respondí (casi) sin escucharla.
– SI, ya sé. No es por el celular, es que tenía anotadas muchas cosas importantes, me dijo.
– Las vas a recuperar insistí, como queriendo consolarla. Y cómo te llamas?
– Sofía, me dijo con ojos otoño y la mirada al suelo.
– Encima mi papá se va a enojar conmigo, agregó.
Y repitió: -Pero no es por el celular. No se puede vivir!
Y largó todo de una: -Yo di en adopción a mi hija que nació el 29 de marzo. (Apenas 40 días atrás y rompía en llanto, desconsolada) Llovía, hacía frío y todo estaba gris intenso. Incluso yo.
– Como se llama tu hija? -Lucia, me dijo. Me arrepentí. Creía que darla en adopción era lo mejor. En realidad no sé si puedo, y mañana tengo que ir a… Aris…pa… no me acuerdo la calle, lo tenía anotado en mi celular.
ENTIENDE? Y LO PERDÍ!.
Y lloraba y estallaba otra vez.
-Le ayude a recordar la calle: Aristóbulo del Valle?, Barracas, le dije.
– No puedo vivir así, no sé quién me va ayudar… (Ni si quiera me miraba, no sé si registraba que yo estaba ahí). Parecía como si ella estuviera soñando. Le pregunté con quien vivía.
– Con mi mamá, pero a veces me dice que sí y yo sé que otras veces me va a decir que no. Ella es bipolar. Y mi papá, vive lejos. Trabaja de noche y duerme de día. TENGO 20 AÑOS! Yo quería estudiar, me dijo esta vez mirándome muy triste.
– Y el papá de tu hija? le pregunté.
– Si, es bueno. Pero vive lejos, y a veces no le anda bien la conexión! (?)
– Vos decís que tu mamá no va a poder. Que tu papá no va a poder. Que el papá de Lucia no puede. Y vos, vas a poder? Fue lo único que pude preguntarle. Y, si crees que podès, está bien y si crees que no podès, también está bien.
No pude abrazarla, creo que lo necesitaba. Lo necesitaba (ella) y lo necesitaba (yo). Pero tuve miedo. No creí nunca que me mintiera. Pero estaba en la calle con una mujer joven desconocida. Y si me acusaba de atacarla? Y si seguía gritando! Y… me cuidé.
Seguí hablando, sin poder darle un abrazo. Le dije que tenía una hija de su edad, y que todos pasábamos cosas dolorosas. La sentía mi hija.
-Si ya sé, me dijo rápido. Es lo que me toca!.
– Sofía: Querès que te acompañe mañana a la entrevista con la trabajadora social?
Me dijo: – iba a ir mi papá. Va a ser raro si usted viene…
-No sé qué hacer para ayudarte, le dije. Por qué no vas a la casa de un amigo o amiga y te desahogas un rato.
-Mis amigos no están ahora.
– Si querès vamos a tomar un té o algo a un bar. Así te recuperas.
– Gracias, ya está…
Y seguía caminando. Temblaba y lloraba. (Ella y yo).
No pude, no se puede. No ayudé en nada, le di mi teléfono y le dije que si necesitaba algo en algún momento no dudara en llamar o mandarme un mensaje. Le di un frasco de miel que tenía en el auto y le dije: -algo dulce, rico al menos.
-“Y es sano” me contestó casi sin pensarlo.
-Quién no puede? (voz en of)
-Yo no puedo dejar de pensar en Sofía y en Lucia. Y en el sano abrazo que hubiera necesitado darle. Me angustia. Sofía no está aún lista para sufrir. No sabe lo que hay que hacer. No sabe. No puede. No está lista. Siento vértigo de quedarme quieto, de callar, de dormir, de cerrar los ojos y no mirar
Sofía no sabía. Yo no pude. No sé. Ella pensaba que yo no era real y yo creía que ella era solo un sueño. Ojalá no hubiera existido esta pesadilla.
Cuando nos despedimos mi analista me preguntó: cuando nos volvemos a ver?
-el martes próximo, como siempre, le dije. Le pagué la consulta y me fui a mi casa otra vez triste.

Gabo Sagita
San Marcos Sierras, Provincia de Córdoba, Argentina
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Índice Alternativo

Mi abuela Nina, una mujer adelantada en su época, tenía el dedo índice de la mano derecha chueco, los nietos creíamos que era un gen recesivo o consecuencia de la artritis; una tarde nos contó que había sido una fractura no tratada y nos reveló un íntimo secreto, “que la libertad vivía en su dedo”, pues cada vez que levantaba la mano derecha para apuntar en una dirección, el dedo chueco le indicaba un camino alternativo, para dar cabida al asombro.

Verónica Baeza Yates
Santiago, Chile
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La habitación de la muerte

¡Quiero partir!, quien lo diría. Mi jornada es extenuante, millones de difuntos golpean mi puerta y no saben lo que pienso de mi existencia. Tengo ganas de descansar (punto), mi cama no sabe de mi presencia. Mi gran amiga es la vida, tengo sus libros apilados en mi velador, por cierto, con relatos de amor y también de penurias. Tengo mis gustos, prefiero que me llamen cuando sean viejos, después de haber paladeado el sabor de los pueblos; no me gustan los que se olvidan de sus privilegios y se quejan, me enternecen los que ríen en la pobreza; ¡algunos pensarán que soy atrevida!, mas, después de todo sé más de la vida. Varios me desconciertan con su agenda, con una visita no programada en mi libreta. Soy melancólica en las guerras absurdas y, en mi defensa, cautelosa en los escenarios, que los humanos, en ocasiones crean. Muchos sostienen que soy un tránsito y me alivia pensar en otros soles y lunas, aguas, valles y montañas. Tengo algunas respuestas, sin mi presencia les faltaría alimento y con mi sombra a cuestas, valoran cada segundo de sus existencias. Soy fecunda, ¡qué paradoja!, una parturienta que no da a luz en la Tierra, en su habitación de desnudez cierta. Soy una anciana sin respiro y he llorado con los deudos. Quisiera partir de madrugada, expirar sin previo aviso, dejar atrás los velatorios y entierros. A fin de cuentas, me merezco lo mío, un desenlace como todos.

Verónica Baeza Yates
Santiago, Chile
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Flor de ausencia

La vida de los humanos puede parecerse, a veces, a las flores. Pongo por caso, las rosas. Sí, ya sé que están medio como trilladas, ¿no? Pero una rosa, por ejemplo, yo, como que por afuera parecés toda divina, con buen perfume, lindos colores, aterciopeladas hojas, pero en cuanto te acercaste un poco, chau, te pincho como la mejor. O la peor, claro, depende de cómo se lo mire. O si pienso en las magnolias…Todas blancas, tardan en florecer, se abren completamente y al otro día, si te he visto, no me acuerdo, completamente marchitas. Marrones, quedan. Dejame de jorobar. Así no hay relación que resista. Digo, ¿no? Otro caso son las orquídeas. Inalterables, se las ve. En una cajita. Colores vívidos. También tenés la blanca, claro. El asunto es que no te vendan “gato por liebre” y de pronto, soy una orquídea de “un día”. Y sí, las hay que duran tan poco. Para mí, que es una característica de las flores, esa, la de arruinarlo todo rápidamente. Y por esa razón, se me ocurre, este paralelismo entre nosotros y ellas.
La verdad, sería mucho mejor parecerse a los árboles. Que duran, al menos varios años. Yo vengo oponiéndole cierta resistencia al tiempo, y en ese sentido podría caer más del lado del tronco que se afinca, echa raíz y le pega para arriba, nomás. Qué tanta vuelta. Pero en lo que tiene que ver con las relaciones humanas, creo yo, en mi modestísima y humildísima opinión, sobre todo por eso de “arruinarlo todo rápidamente”, el de flor es el sayo que mejor me cabe…Después, que nadie me reclame, que no digan que no les avisé. Clarito, como el agua, está. El agua que no importa cuánto se la cambies, la flor (en este caso, yo) se marchita igual. O si no se la cambian, el agua se pudre y la flor (o sea, yo, no sé si me explico), se termina pudriendo también… El que avisa, no es traidor. Y en ese sentido, soy bien gauchita… Flor de gauchita…

Silvina Rodríguez
Olivos, Provincia de Buenos Aires, Argentina
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Microrrelatos Escenas de la vida cotidiana Primera parte

Compartimos los primeros Microrrelatos que llegaron a la Convocatoria Aniversario de Viví Libros 2017!

En uno de esos tantos días que sales de casa, a lo mejor corriendo o por el apuro de la hora, para llegar al trabajo, siempre un error se comete y te traiciona el sub-conciente. La cosa es que me apuré me arreglé, todo apurado comí, me puse colonia, comí, o sea, ya era como un robot, no tenía porque equivocarme, al cumplir con mi arreglo personal y salud. Tomé las llaves, mi celular, mis libros, mi portafolios, salí de casa, cerré la puerta, todo como siempre, ese día mi emoción era porque iba a dar una charla, antes de comenzar la clase. Todo bien, subí al transporte, todo chévere y lo curioso la gente veía mucho mi celular y yo notaba eso, pero yo tranquilo seguro y sereno. Aquí comienza el show, cuando entro al pasillo, me dice el portero: “Caramba profe que puntualidad, claro con ese reloj” y entro a la dirección a firmar pero allí no había nadie para alertarme, firmé y salí, derechito donde debía dar la charla, desde acá pude observar la gente sentada esperándome. Cuando llego al frente y saludo, tomo mi celular colgado en mi cintura para colocarlo en la mesa, sorpresa; era mi reloj despertador y yo me dije: ¿Qué es esto? disimuladamente en mi asombro; a los que estaban cerca, les dije: “Me gusta estar muy a tiempo en todo y esto me emociona” y lo coloqué en la mesa. Y me quedó el pensamiento; ahora sin celular, me traje el reloj. Y de allí siempre lo tomo como chiste y mis compañeros lo recuerdan para reírse, y yo cuando recuerdo mi loquera no dejo de reírme.

Pedro Ordaz
El Tigre, Venezuela
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Cotidianidad de anonimato

Después de comprar la verdura, pasé caminando por enfrente de la agencia de quiniela. Mentalmente hice la cuenta… me pareció que me sobraban veinte pesos. Entonces entré y jugué un “quiniseis”. Era miércoles, por lo tanto se jugaba esa noche.
Llegué a casa y con las primeras sombras de la tarde, preparé la cena. Algo rico para cuando llegara él del trabajo (le gusta sentarse a mirar el noticiero comiendo una picadita ¡y yo le doy el gusto!).
Las horas avanzaron, comimos tranquilos y nos fuimos a la cama. Cerca de las doce de la noche, me acordé: ¿habría pegado los seis números?
No me levanté a mirar el resultado. Esa noche, me dormí siendo millonaria…

Liliana Fernandez de Pozzi
San Justo, Provincia de Buenos Aires, Argentina
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El olor del guiso

Apenas pisé el pasillo, el olor del guiso me confirmó que, efectivamente, yo había llegado al lugar indicado. Así que, relamiéndome, comencé a recorrerlo. Debía llegar hasta el fondo si en verdad ansiaba encontrarme con lo mejor de la porción que, ya lo daba por descontado, me estaba reservada.
Y todo resultó conforme me habían informado.
El fondo del pasillo, el fondo del comedor, la cocina al fondo, el fondo de la olla, todo enmarcado por un fondo musical que, en el fondo, no hacía otra cosa que resaltar las virtudes del guiso, tal vez no exactamente el que yo había ido a buscar, pero sí el que el hambre construyó para mí y para otros, muchos otros, grandes y chicos que vamos desfilando así, de a uno en fondo, impregnados de un olor diferente al que me atrajo de entrada, apenas pisé el pasillo.

Mario Capasso
Villa Martelli, Provincia de Buenos Aires, Argentina
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Mi camino hacia la libertad

Mi relación con el cigarrillo data desde la adolescencia; probé por el simple hecho de experimentar que se sentía y seguí hasta que mucho tiempo después, específicamente en el mes de enero de 2011 intensifiqué el consumo; llegando a dos atados por día a raíz de situaciones traumáticas vivenciadas; y sus consecuencias llevaron a que pase el mayor tiempo en mi casa. Por lo que mi lugar de residencia se había convertido en un gran cigarrillo; por el humo y olor que había.
Al año, más o menos, en que el aburrimiento puede llevar a hacer algo tan productivo como reflexionar… me pregunté: Cómo sería mi vida sin el cigarrillo?, Cómo me sentiría? Porque al fumar por más de treinta años uno se olvida de cómo era su vida antes. Personas conocidas y amigos habían empezado algún tratamiento con anti-depresivos, laser, auriculoterapia, chicles etc. y los veía ansiosos, como que se habían obligado a dejar de fumar y la ansiedad seguía haciendo estragos. Mi objetivo no era ese porque no quería obligarme; quería tomar una decisión libre y tenía tantas ganas de saber cómo sería mi vida sin fumar que, así las cosas, el 10 de noviembre de 2012 decidí darme la oportunidad de re-nacer a una vida disfrutable con todos sus ingredientes y re-descubrí a mis otros sentidos; mi mirada cobró vida, al caminar por las calles de la ciudad un festín de aromas se hacía presente, disfrutaba cocinar y los alimentos eran más sabrosos, me re-encontré con mi olor y me dije: esto es vida. También identificaba con mucha facilidad a los que fumaban; ese olor tan característico que no podía definir; era tan raro, feo. Hasta que una vez, iba sentada en un colectivo y se para al lado de mi asiento una persona joven (fumadora) con un olor tan fuerte que me produjo nauseas y ahí pude darle un nombre; era olor a muerte, cosa que me hizo un clip y me dije: Así olía yo; a muerte.
Entre otras cosas, recuperé mi energía, mi buen humor, mi sensibilidad, tanto!!! Y como soy analítica por naturaleza me pregunté: Qué lugar ocupaba el cigarrillo en mi vida? Y me respondí: Mi libertad!!!

Nora Ángela Dantas
Ciudad de Buenos Aires, Argentina
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Cotidiano

Desordeno los estantes, busco a tientas entre la ropa… pantalones, pulóveres, medias, guantes. Seres sin vida, desmayados y ausentes de mis formas. Aprecio que no sé vestirme. Nunca supe…
Lo saben la mudez de los espejos, el reloj que me apura, la rutina que me despierta y me consume…
Y es así como la nostalgia despereza el tiempo y una otra desnudez busca en los estantes un más allá de lo vestido y lo perfecto.

Liliana Fernandez de Pozzi
San Justo, Provincia de Buenos Aires, Argentina
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DUELO

Están frente a frente, tensos, atentos, es mucho lo que se juegan. La multitud ruge; poco a poco se hace silencio y desde el elevado trono sale la orden. Durante un largo rato, con suerte variable, esgrimen sus armas denodados. Finalmente, el duelo termina, pero para uno de los dos tenistas, hoy habrá otro…

Rolando Martiñá, Ciudad de Buenos Aires, Argentina
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El hombre de las máscaras

Usted se levanta a las 7 de la mañana con los sonidos del despertador, apenas pone un pie en el piso frio de cerámica, siente el cansancio distribuyéndose por todo su cuerpo. Tiene 2 bolsas en los ojos, que intenta disimular. Sale de su departamento y antes de llegar al ascensor se cruza con el señor del piso de arriba, èl cual disfruto de un súper mega recital: le deben haber ardido las orejas – piensa al verlo- de tanto que lo maldijo la noche anterior; a pesar de todo, traspasado de sueño e insomnio le hace una sonrisa y lo saluda con la mano. Él le devuelve el saludo alegremente y hasta le avisa que en el bar de enfrente están promocionando el desayuno al 50 %.
SIN QUERER USTED, ACABA DE PONERSE SU PRIMERA MASCARA DEL DÍA.
Usted decidió no expresarle su disgusto, y por el contrario ser una persona pasiva, cordial y no generar conflictos… aunque le hubiera gustado mucho ponerle los puntos a ese señor!!
Arranca su camino hacia su trabajo, sin darse cuenta que eso que no dijo es el primer peso del día, la primera gota de acumulación en su vida cotidiana.
Usted llega a su trabajo con una molestia que no reconoce, aquello no dicho ya está incrustado en su ser.
Hoy cumple años su jefe, quien decide invitar a todos los empleados con una rica pizza. A usted no le queda otra que aceptar, aun teniendo bien presente los cólicos que le van a venir después de comer el primer bocado (tiene terminantemente prohibido por su médico los alimentos grasos), pero no puede negar la invitación, menos que menos después de la reunión que tuvo el jueves pasado en el que él le hablo de un aumento de salario si usted cumplía con todas sus expectativas… y sabe bien que una de ellas es no rechazar sus obsequios, su jefe es de esas personas que se toma todo muy a pecho.
SI, USTED ACABA DE PONERSE SU SEGUNDA MÁSCARA DEL DÍA, y por consiguiente un nuevo peso en su rostro…
Y yo que lo observo… tengo una duda:
¿Qué es lo que lo lleva a aceptar cosas que no quiere o a no reclamar sus derechos? Después se anda preguntando por qué se siente asfixiado, -cualquier persona en sus cabales se sentiría mal consigo mismo- ¿Qué lo lleva a la tolerancia, a no defender su persona, su bienestar?
Ya son las 5 de la tarde, usted se va de la oficina con el estómago revuelto… ¿será solo por la pizza? O ¿tendrá que ver su melómano vecino o lo que pudo pensar de usted su jefe?
Sigue su recorrido hacia su curso de inglés de los días jueves, de repente al entrar en la clase algo se enciende dentro de usted, le pasa siempre, y no sabe muy bien que es.
Usted en aquel lugar es la típica persona que suele llamar la atención, suele explayarse en público, hacer preguntas de esas elocuentes, ahí alza su voz; deja atrás a ese otro yo que no pudo enfrentar al vecino y que no le pudo decir que no a una mísera porción de pizza, por el qué dirán..
USTED ACABA DE PONERSE SU 3RA MASCARA DEL DÍA:
La realidad es que siempre quiso pasar desapercibido, ser el centro de atención no es lo suyo, pero su mandato familiar le pesa lo suficiente, como para no ser menos que sus dos hermanos mayores.
Me pregunto … ¿con que de usted mismo se encontrará a la noche?
Esta noche es muy deseada por usted, ya que se va a encontrar con su querida esposa que estuvo ausente unos días por trabajo. Usted le estuvo mintiendo en esas conversaciones que tuvieron por teléfono, le decía que todo estaba bien, que se arreglaba con los quehaceres domésticos, hasta le llegó a decir que estaba aprendiendo a cocinar y que eso le gustaba! Usted tiene muy presente que siempre fue muy dependiente de ella, y que en realidad la estaba pasando bastante mal; pero como no quería que ella se sienta incomoda, se mostró fuerte y no vulnerable, y no desnudó sus sentimientos..
SI, USTED SE PUSO UNA NUEVA MASCARA ANTE ELLA
Yo sigo con mis dudas…
¿Quién es usted en realidad? Es aquel que llama la atención en clase con su istrionismo o es aquella persona que no puede enfrentar una simple situación, ¿Cuál es su verdadero ser? ¿Dónde está lo introvertido en usted? ¿Y donde lo extrovertido? ¿Cómo puede dividirse tanto?, sin marearse claro…
Es que en esta vida, nada pero nada es lo que parece…
Todos cargamos con diferentes máscaras para cada lugar o situación, las vamos intercambiando según delante de quién o de qué estemos. El verdadero rostro se esfuma, se escapa de nuestro lado, se esconde detrás nuestro, a tal punto que a veces ni en las mas solas de las soledades podemos arrancarnos este cúmulo de parodias que se van impregnando en un yo confuso, un yo maleable, que se perdió buscándose..
Quizá “su fin”, sea este interrogante, esta máscara sin descubrir, este desborde de incertidumbre.

Juliana Calvo
Ciudad de Buenos Aires, Argentina
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Prohibida para menores

¿Y yo? ¿Por qué no me llevan a mí? ¿Cómo que la película es “prohibida para menores”? No entiendo lo que dice mi mamá. Y menos a mi hermana, que me lleva “8 años y 8 meses”. Andá a saber por qué mi mamá dice siempre así: “Le lleva ocho años y ocho meses”. Tengo cinco, yo, y mi hermana ya cumplió los catorce, y entonces, parece, que con catorce puede entrar a ver las que son “prohibidas para menores”. Se ve que por ejemplo, yo, soy menor. Lloro. Pataleo. Me enojo. No hay caso. Dice mi mamá que no puedo ir. Que no me van a dejar entrar, dice también. Que otro día me llevan a ver otra cosa. ¿Otra cosa? Mi mamá no entiende nada. Yo quiero ir a ver “Socorro”. Es la última película de los Beatles, esos que cantan todo en inglés, porque escuché que son de Inglaterra. “Los cuatro de Liverpool”, dicen que son. Ni idea, sé que de acá no son, porque si fueran de acá, por qué corchos iban a cantar en inglés, para que una no entienda ni jota? En el jardín no me enseñan inglés, por ahí cuando sea más grande, puedo ir a estudiar, pero la verdad, no sé, mi hermana no estudia aparte de la secundaria, tiene unos libros, yo los vi, pero no va a otro lado a estudiar. Igual, ella canta las canciones. Yo no entiendo un pito lo que dicen, pero me encantan. “Jelpainidsambadi”, dice una. Y otra “Güiarlivininayelousabmarin”, más o menos, eso, parece que dicen. El asunto es que lloro y pataleo, pero no me llevan. Una amiga de mi hermana, un poco más grande, la viene a buscar y se van. Ella también me dice “No, corazón, vos no podés venir, sos muy chiquita”. Ah, sí? Chiquita? Chiquita, tu abuelita. Y ahí nomás pongo, en el piso, dos o tres papeles de diario (para que resistan un poco más) y meto todos los zapatos que tengo en la mesita de luz (bué, tampoco tantos, tres pares, tendré, o cuatro, sí, capaz que cuatro, son), los pongo todos y hago como un paquetito, viste, y medio como que se me salen pero los voy arrastrando, pucha que pesan y me voy acercando, desde mi cuarto, paso por el living y llego al hall de entrada, abro la puerta y llamo el ascensor. Y ahí, justo, justo, no va y se aparece mi mamá. Qué tipa oportuna. “Dónde vas, nena?”. “Me voy”, le contesto y la miro, eso sí, de bastante más abajo. Mi mamá se ríe y me abraza. No entiendo de qué se ríe. No veo por qué no me toma en serio. “Vení, nena, vamos a tomar la leche, querés, y guardamos los zapatos en su lugar”. “Pero, má, yo quiero ir al cine, no soy chiquita, soy grande ya!”, le grito, pero la suerte está echada y el episodio de los zapatos ya queda en los anales de mi historia.

Silvina Rodríguez
Olivos, Provincia de Buenos Aires, Argentina
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