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Ganadores Concurso Aniversario Microrrelatos Crónicas de viajes

Queremos agradecer a todos los que se sumaron a nuestra propuesta: Microrrelatos Crónicas de viajes. Nos alegra mucho la repercusión obtenida con relatos que llegaron desde distintas partes del mundo y los mensajitos que nos mandaron con tanto afecto. Gracias por las ganas y la alegría que nos han sabido transmitir a través de sus palabras! Es un placer darnos este recreo para escribir, leer y divertirnos juntos. Los invitamos a leerlos todos en la página web!

Como suele pasar nos resultó difícil seleccionar a los finalistas ganadores, disfrutamos descubriendo el estilo de cada uno. Así que decidimos agregar algunas menciones especiales a tres escritores.

Finalistas (por orden alfabético):

Germán Cáceres, Ciudad de Buenos Aires, Argentina.
Silvia Alejandra Fernández, Mar del Plata, Provincia de Buenos Aires, Argentina.
Zulma López Arranz, Ciudad de Buenos Aires, Argentina.

Mención especial (por orden alfabético):

Mario Capasso, Villa Martelli, Provincia de Buenos Aires, Argentina.
Rolando Martiñá, Ciudad de Buenos Aires, Argentina.
Susana Szwarc, Ciudad de Buenos Aires, Argentina.

Nuestras felicitaciones y aplausos!!

Para los que gusten releer los microrrelatos ganadores, les recordamos que se encuentran publicados en los compilados que vinimos realizando durante estos días.

Ahora… a seguir trabajando por muchos años más!!

Microrrelatos Crónicas de viajes Séptima y última parte

Última recopilación de los microrrelatos que llegaron para participar en nuestro Concurso Aniversario 2018!

EL TORNEO DE TENIS

Nos habíamos levantado temprano esa mañana. El día anterior, mi hermano y yo lavamos el Peugeot 404 de papá en el que viajaríamos a una localidad cercana en donde mi hermano participaría en un torneo de tenis. Mi mamá se levantó enferma ese domingo, por lo cual no nos acompañaría. Mi papá entonces le prometió que mi hermano haría su mayor esfuerzo por ganar el torneo y traerle la copa a ella. Llevábamos recorrido medio camino cuando una camioneta Ford F100 nos pasó como un rayo y mi padre se extrañó que su amigo “El Roque”, no haya tocado la bocina para saludarlo. Extrañado y sorprendido por su actitud, mi padre emprendió una persecución (desoyendo nuestras protestas) a lo rodad movie, donde en esta ocasión nosotros éramos los perseguidores. Desvió por un polvoriento camino y allí lo seguimos por tres quilómetros más, hasta que se detuvo en una tranquera. Al comprobar mi padre que no era su amigo “el Roque” solo atinó a disculparse y volvió nuevamente a retomar nuestra hoja de ruta prevista. Llegamos una hora después que cerraron la inscripción, pero papá insistió en que nos quedásemos hasta el final del torneo. Mi hermano tuvo que tragarse la bronca, pero a la hora del almuerzo ya todo enojo pasó. Antes de regresar papá apareció con una copa FIFA de futbol, esas réplicas en plástico duro y color dorado que lo compró en una tienda. Esa copa aún permanece en casa como el mejor regalo de mi hermano hacia mi madre, y ese es aun nuestro secreto mejor guardado entre nosotros tres.

Gustavo Medina
Corrientes Capital, Argentina

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Postales de Villa Elisa, Entre Ríos

I
Habíamos alquilado una casita cerca de las famosas Termas frente a un campo verde e inmenso Al llegar vimos que por el frente pasaba una hermosa ciclovía. Mi marido sugirió ¿y si alquilamos unas bicis?
Con la idea rondando en mi cabeza fui a comprar al almacén que quedaba cerquita, a media cuadra. Era un almacén de campo donde se vendía de todo un poco, carne, frutas, alimentos. La atendía una señora gordita y muy simpática que me hizo algunas preguntas y por eso me animé y le pregunté: “¿Ud. no sabe dónde podría alquilar unas bicicletas?”
La mujer me miró inquisidora y me respondió: “¿cuántas necesita?”. A lo que le expliqué que dos, una para mí y otra para mi marido ya que queríamos recorrer la ciclovía y conocer así la ciudad.
Se dio vuelta y gritó: “Julián, vos tenés ahí tu bici?” Ya comprometida indagué:- ¿Cuánto nos costará alquilárselas por una hora?.
Y entonces me miró extrañada y me dijo: “ah no!¡se las prestamos!” Yo entonces le señalé: ¡como me las va a prestar si no me conoce! A lo que casi enojada me contestó: “pero ¡cómo no se las voy a prestar!”

II
Esa tarde recorrimos la ciudad y su hermosa iglesia y nos perdimos por sus callecitas. Cansados, entramos a un negocio a curiosear . Estaba mirando unas prendas que me gustaban mucho y se me ocurrió que estaría bueno comprar una pizza para comer esa noche. Entonces me dirigí a la dueña del negocio y le pregunté dónde podría comprarla y si en el pueblo había delibery. La mujer tomó el teléfono , marcó un número y me dijo:” de qué la quiere? Con morrones? Con jamón?” Ante mi respuesta y mi asombro agregó : “donde le digo que la manden?”

Viajera
San Justo, Gran Buenos Aires, Argentina

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Hasta el fin del mundo

Esa mañana subimos al avión, hacía calor, sin embargo yo calzaba unos borsegos marrones de gamuza y unos jeans; ella llevaba también jeans. La gente la miraba con su sapo de peluche, y yo la amaba segundo a segundo.
Esa mañana emprendimos la aventura más descabellada de nuestra vida.
9 horas de viaje después llegamos a destino. Ella me llenaba de preguntas, preguntas que yo no podía responder.
En la sala de espera del aeropuerto de aquella ciudad desconocida él buscaba ansioso nuestros rostros. El paso del tiempo nos hizo envejecer y nuestros rostros se habían modificado.
Cuando nos reconoció se acercó y nos abrazó, hacia 7 años que nuestras almas no se conectaban pero ese momento fue único.
Antes de salir del aeropuerto nos abrigamos, hacía mucho frío. Subimos al taxi y en unos minutos llegamos a su casa.
Él preparo unos mates dulces y comenzamos a charlar, sobraban anécdotas e historias.
Fueron muchos días en ese lugar donde todo era gris, la tierra y hasta el mismo cielo. En algunos momentos la rutina se adueñaba de nosotros y en otros dejaba de existir.
La falta de experiencia me llevó a cometer un grave error y la convivencia se volvió insostenible, así que el 1 de enero ella y yo fuimos a dormir a un hotel.
El miedo se apoderaba de mí. Estábamos en una ciudad desconocida donde no teníamos parientes ni amigos, y lo peor de todo es que teníamos un vuelo programado y solo teníamos que esperar. Esos días fuimos como fugitivos.
La mañana del 4 de enero despegamos de aquella ciudad austral.
En el avión ella sonreía porque volvíamos a casa, y yo sentía como un nudo me oprimia el corazón y rompí en llantos.
La azafata me preguntó qué me pasaba y yo respondí:
– No quiero irme de este lugar, pero sé que unos meses volveré.
– Después de que despegue el avión anda para atrás, te tomas unos tragos y me contas que te pasó- dijo la azafata.
Lo cierto es que me quede en mi asiento todo el vuelo hasta el aeropuerto donde hacia mi próxima conexión con otro avión para llegar a mi ciudad de partida.
Jamás volví a esa ciudad austral y mi familia jamás se enteró cual fue el verdadero motivo por el que viaje y permanecí 19 días en “el fin del mundo”.

Eliana Gisg
Garupá, Misiones, Argentina

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Será porque no tenemos perro en casa que cuando nos fuimos de vacaciones a Merlo, San Luis disfrutamos mucho de dos que andaban sueltos por el predio. Una hembra más grande y un macho más joven a quien apodamos el “Lanudo” por sus pelos largos y grisáceos. Dos tiernos atorrantes que sabían bien cómo comprarse a los turistas que pasaban sus días de verano en las cabañas. Venían con nosotros a la pileta, se tiraban a tomar sol y por supuesto, no se perdían ningún asado al lado de la parrilla como buenos guardianes. Un día salimos a caminar con el objetivo de subir hasta la cascada que quedaba bastante lejos y el sol estaba fuerte, pero Lanudo se vino con nosotros, por más que tratamos de espantarlo y decirle que se quede nos siguió todo el trayecto como un amigo fiel. Al regresar, se tiró de una en el agua como aliviado para refrescarse. ¡Por fin llegamos! “Todo lo que me hicieron caminar estos humanos locos”, habrá pensado. A partir de esa experiencia cada vez que nos venía salir de la casa se tiraba al piso y se hacía el dormido, pero fue tan graciosa su actitud que hasta hoy me pregunto qué será de su vida.

Miguel Salas
Madrid, España

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BREVE RELATO DE UN LARGO VIAJE

¿Quién podría saber cuáles eran los sentimientos de Carmen mientras preparaba las escasas pertenencias que elegía para llevar? ¿Cuáles eran sus pensamientos mientras juntaba algo de ropa, unos juguetes para los niños…alguna foto, quizás?
El llanto de Pedro (mi padre) de tan sólo 8 meses interrumpía el alboroto que armaban los otros hijos ante el inminente viaje.
Languidecía el año 1912 cuando mis abuelos dejaron España buscando un mejor futuro para su familia.
Trato de armar un rompecabezas con las pocas piezas que tengo entre mis manos, recreando las que faltan en un intento de encontrar un sentido, pero muchas preguntas quedaron sin respuestas.
Cuando pienso en mis abuelos viene a mi memoria una pequeña foto, ambos vestidos con las que, (supongo) eran sus mejores ropas. Entre ellos se dejaba ver una mesita con un mantel tejido a crochet con un jarrón de rosas.
Nunca los ví en persona.
Quiero pensar que fue mi padre quien tomó esa fotografía. Era un aficionado, pero más tarde ese arte se convertiría en un oficio apasionado.
Viajero errante, recorría los pueblos del interior con su “chatita” (Así llamaba a una vieja camioneta que le pertenecía), metiendo su cabeza dentro de esa caja oscura, para plasmar momentos fugaces que él eternizaba. Así llegó al Chaco. Ahí nací yo.
En nuestra humilde casa no faltaba el “cuarto oscuro”, sin ventanas. Me maravillaba ver cómo esos papeles colgados de una cuerda con broches, como si fueran ropas, se convertían en imágenes. ¡La magia del revelado! ¿Ojalá a mí me resultara tan fácil obtener “revelaciones”!
Mi infancia terminó cuando tenía 11 años y el corazón de mi padre se cansó de latir. Él nunca volvió a su tierra. Me dejó, junto con una nacionalidad española, una mirada que me dijo, más que mil palabras, que confiaba en mí. También me dejó un vacío enorme.
Muchos años pasaron hasta que pude realizar el viaje a la tierra donde mi padre había nacido: Segovia. Simplemente maravillosa.
Me asombré ante el pequeño pueblo quedado en el tiempo con su gigantesco e impresionante acueducto hecho por los romanos en el siglo II de nuestra era. Al pararme debajo de sus arcos me emocioné al pensar que ellos contemplaron ese paisaje y pasaron por allí.
Luego recorrí las callecitas angostas de la ciudad vieja, hechas para el paso de carruajes. Visité el Alcázar, la Catedral…todo me conmovíó profundamente: su gente, su música, su cultura… ¡Recuperé una pieza más de mi rompecabezas!
Como la vida siempre nos sorprende, una de mis hijas eligió España como su lugar. Allí vive con el hombre que ama y con sus hijos.
Hace más de 10 años cruzo el océano para abrazarlos. Extraños designios del destino? Tierra de mis abuelos y de mis nietos.
Cierro los ojos e imagino a mi abuela haciéndole un pícaro guiño a esa otra abuela, que soy yo.
Mi nieta está preparando, con su mamá, el viaje de vacaciones de la familia por Europa. En una videollamada me muestran un cuaderno con mapas y puntos de interés de todos los sitios que quieren visitar. El cuaderno está primorosamente atado con un lazo color rosa. Viajes y fotografía anudados. Entonces se me ocurre pensar en la vida como un juego de postas. Ahora soy yo la que le hace un guiño de agradecimiento a la vida.
Este relato de un viaje terminó siendo el de un viaje, pero al interior de mi alma.

Zulma López Arranz
Ciudad de Buenos Aires, Argentina

Microrrelatos Crónicas de viajes Sexta parte

Compartimos una nueva tanda de Microrrelatos que llegaron a la Convocatoria Aniversario de Viví Libros 2018!

El día que pisé el suelo cuyo pueblo originario fueron los Mayas, descubrí que México es mágico…
Podemos encontrar en la concepción artística, matemática y cosmogónica del lugar, una suma de valores que son independientes del tiempo y que a su vez pueden ser encontrados aquí y ahora dentro del hombre mismo. Esto abarca el conocimiento y destino del ser humano, de sus íntimos porqués como individuos y como especies.
Como expresión de este lenguaje vertical universal, se alza en medio CHICHEN-ITZÁ la llamada pirámide de Kukulkan, cuyo nombre significa serpiente emplumada o pájaro serpiente, que no es otro que el QUETZACOATL entre los aztecas. Tiene 576 metros cuadrados y 24 metro de altura. Posee cuatro laterales y en cada cara presenta una escalinata que consta de 91 escalones que agregados a un escalón que se encuentra en la parte superior suman 365 ó sea, los 365 días del año.
Me encontré que a medida que subía a la cima de ese precioso y ancestral monumento, sentía que el aire se enrarecía y comencé a tener experiencias muy extrañas, como si una especie de neblina me envolviera y una sensación de vértigo, como cuando uno va en esos ascensores súper sónicos que suben tan rápido, que parecieran que el cuerpo se disociara y una parte sube estrepitosamente y la otra queda abajo como si ya no nos perteneciera mas. casi una teletransportación… Me sentí muy confundida y casi a punto de desmayarme y perder el conocimiento. Fue un flash tan rápido e inexplicable que parecía una especie de deja-vú…
¿Qué fue lo ocurrido? no me dejaba duda alguna que tal vez en otra vida haya estado en ese mismo lugar. La divina presencia que está encerrada dentro de cada uno de nosotros, dormida, pero que puede ser despertada por un verdadero trabajo de iniciación. Los antiguos habitantes de las tierras de América, nos dieron un legado invalorable: enseñanzas cósmicas y transcendentes que palpitan en todo el universo. Y nuestra misión es tratar de develarlas para acceder a nuestra propia evolución como transeúntes de este sistema planetario.

Norma Isabella Bruno
Corrientes Capital, Argentina

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VISUALIZAR

El avión había despegado hacía dos horas de Buenos Aires y yo ya estaba podrido de ver la pantalla que tenía frente al respaldo del asiento delantero.
Y me puse a pensar en mi vida, porque también estaba aburrido de ella. Y traté de visualizar –como opinan en el Yoga, aunque yo jamás había practicado esta disciplina– una existencia distinta.
Me concentré en mis amigos para ver si podía tomar algún ejemplo. Pero sus vidas no ofrecían nada original, eran tan patéticamente insípidas como la mía.
Entonces, por el momento, razoné con amargura que no tenía ningún futuro que visualizar.
Observé nuevamente la pantalla y su reloj marcaba dos horas menos que cuando partimos del aeropuerto. ¿Qué estaba ocurriendo? Se me dio por suponer que se trataba de una disrupción del tiempo. O tal vez, con mayor precisión, en un salto temporal hacia el pasado.
Aunque no conocía a ningún pasajero porque viajaba solo, comencé a notar que eran distintos a los que recordaba borrosamente. Sí, exhibían rasgos más toscos.
De pronto, no estaban vestidos y un desmesurado pelaje cubría sus cuerpos.
Y ahora no permanecía en un avión sino que me escondía en una cueva subterránea. Yo también me hallaba cubierto de pelos y blandía como los demás pasajeros un garrote en la mano. Evidentemente pronto se produciría un enfrentamiento con una horda enemiga.
Además, estaba olvidándome de quién era yo, de todo mi pasado.
El avión aterrizó de emergencia en el aeropuerto de San Pablo. Un pasajero había sufrido un ACV.

Germán Cáceres
Ciudad de Buenos Aires, Argentina

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Por qué no me bajé en estación Botafogo

No me bajé por ese temita del botón del jean. Sucede que me ajustaba entonces me hizo un huequito debajo del pupo. Y por hurgarme el ombligo es que me pasé de estación y se subió él.
Tic tac tic tac. Se parece a Panzu. Tic tac tic tac. La siguiente estación es en un barrio re feo (novoyadecirfavelaporquequedamal)
TIc tac tic tac. Hicimos contacto visual y se me sentó al lado.
O sea. Hay una en mil posibilidades de conseguir lugar para ir sentado en el metro y se acaban de dar dos: que yo me siente y que él lo haga.
Y ahí pienso, si no se hubiese dado la primera (que yo pudiera sentarme y de esa manera molestarme el botón del jean, hurgarme, pasarme, ver al clon de Panzu) yo no hubiese sido testigo de la segunda.
Creo que a esto debo contárselo pero lo medito y empiezo a fantasear con él. Le miro la pelusa del cuello, bajo por el hombro, usa camisa de rayas finitas, bajo por el brazo (debe tener un pez koi tatuado. ESE BRAZO ESCONDE UN PEZ KOI TATUADO, APUESTO MI SUELDO QUE ASÍ ES) continuo y veo que en la mano tiene ese aparatejo que es para hacer gimnasia de manos. Aprieta suelta, aprieta, suelta. Cambia de mano, aprieta, suelta, aprieta suelta y se mira el músculo y se lo toca y no sólo lo mira y se lo toca si no que me mira a mí y ahí en ese exacto momento me paro y me bajo en el morro. Cualquier cosa antes que un hombre que hace gimnasia de manos.

María Mercado
Paraná, Entre Ríos, Argentina

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Velatorio

Épocas de remisero, 24 de diciembre del 2000, estaba trabajando en la agencia de remis “Stylo”, de Mitre al 1800 en Castelar y cerca de las 10:00 horas me sale un viaje a Olivos.
Desde Quintana al 700 de Castelar hasta una casa velatoria en la localidad de San Isidro, la misma se encontraba sobre la calle Libertador, y teníamos que llegar a las 11:00, horario en que el cortejo fúnebre salía para el cementerio.
A pesar que la avenida Gral Paz estaba muy cargada de tránsito, llegamos a las 10:55, momento en que un cortejo se retiraba de la casa velatoria. El muchacho me dice:- Justo, llegamos justo.Sigámoslo que van al cementerio de Olivos. Dejamos que el cortejo avanzara y nos colocamos en el medio del pelotón del resto de autos particulares que acompañaban al difunto.
Tomamos varias calles hasta llegar a Panamericana y recorrimos un buen trecho de unos 10 minutos hasta doblar por la calle Dehesa que desembocaba a la entrada del cementerio.
Llegamos, estacionamos el auto y descendimos para acompañar a los familiares del muerto, yo fui a pedido expreso de mi cliente que me dijo:-No me acompañas, que de todos los que vi no conozco a nadie. Lo acompañé, recorrimos varios metros detrás del cajón caminando entre mucha gente, yo seguía los pasos de mi ocasional pasajero que en un momento se detiene, me mira y me dice:-No es este el muerto que tengo que despedir, no hay ningún conocido, ni ningún familiar. Nos dimos media vuelta lo mas discretamente posible y volvimos a la casa fúnebre donde todavía nos estaba esperando el original.

Carlos Aroldo Pereyra
Morón, Gran Buenos Aires, Argentina

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Confesiones en la lluvia

Cuando salimos todavía había sol pero el cielo gris que se veía en algunos sectores, presagiaba tormenta.
No obstante, dejamos el auto y aprovechamos a caminar por el centro de Comodoro Rivadavia rumbo a un lugar recomendado para cenar.
Veíamos gente en remera, otros con alguna campera liviana y otros más precavidos con ropa de lluvia. Ya habíamos hecho cinco cuadras pero no volvimos, el cielo cada vez más cargado. Pensamos que podría ser una nube pasajera o que el viento característico de la zona iba a limpiarlo hasta ver las estrellas de noche.
El restaurante era un clásico de más de veinticinco años, atención cordial y carta extensa. Claudia tomó el pedido y mientras esperábamos comenzó a llover. Cada vez más fuerte. La gente de la calle se guarecía en el hall y los que habían terminado no querían salir esperando que la lluvia cesara.
Mientras tanto nosotros comentábamos las notas salientes del viaje que hasta acá estábamos haciendo, recordando lugares, disfrutando las anécdotas cuando, sin aviso previo, empezamos a ver un revuelo importante en la cocina: el agua estaba saliendo desde las rejillas invadiendo el salón comedor. En pocos minutos el agua cubrió todo el piso del local.
En la calle la situación era aún más preocupante. La vereda ya no se veía y un agua de color marrón corría a gran velocidad por la calle. El dueño del local reconoció no haber vivido nunca antes una situación así. Estábamos siendo testigos de un alud.
A esa altura, ya nadie quedaba sentado en sus sillas y la pregunta inquietante del momento era cómo volvíamos al hotel. Ahí aparece nuevamente Claudia que al ver nuestras caras de preocupación nos ofrece llevarnos, a lo cual accedimos rápidamente.
Mientras nos llevaba y después de los consabidos agradecimientos le preguntamos qué era de su vida ahí y nos cuenta en cinco minutos la historia de su vida reciente. Estaba trabajando ahí hacía unos meses por la ayuda de su cuñado si bien su intención hubiera sido cortar lazos con toda su vida previa. Su amor de cuatro años de casada y una nena ahora a su cargo, la había dejado por otra mujer. Su dolor y su necesidad de hablar eran tan intensos que no sabíamos cómo consolarla. Sus recuerdos aparecían en tiempo presente y su vida estaba anclada en el pasado como tratando de recuperar pequeños momentos, trozos de aquellos días, angustias vividas y promesas incumplidas.
De pronto, llegamos a nuestro destino. La saludamos con mucho agradecimiento y afecto y ella se despidió diciendo “pero yo lo perdono y lo sigo esperando.”

Jorge Malinverni
Florida, Buenos Aires, Argentina

Microrrelatos Crónicas de viajes Quinta parte

Compartimos una nueva tanda de Microrrelatos que llegaron a la Convocatoria Aniversario de Viví Libros 2018! Recuerden que hay tiempo hasta el viernes 10 de agosto para presentar.

Llegar al lugar equivocado

En diciembre de 2015 realizamos un viaje familiar, en el que pisaríamos Europa por primera vez, nuestros destinos eran varias ciudades de Italia, pasando unos días también en el sur de Francia, la bella Costa Azul.
El viaje hasta Fiumicino, el aeropuerto de Roma, migraciones y equipajes lo pasamos de 10 puntos, y encima teníamos ya reservada una combi para que nos llevara a los 8, con 8 valijas y 8 bolsos, a nuestro hospedaje, en pleno centro de Roma, a 1 cuadra de la Piazza del Popolo, Vía Flaminia 16.
El chofer nos esperó con el cartelito, nos acomodamos y empezamos a recorrer la Ciudad Eterna sin preocupaciones.
Luego de media hora, nos indicó que allí estábamos, nos mostraba la puerta de nuestro destino, aunque no veíamos la Piazza, no dudamos de este romano, bajamos, pagamos y se fue.
Empezamos a preocuparnos cuando nadie contestaba el portero eléctrico, más aun cuando un hombre, aparentemente propietario de algún departamento del mismo edificio, nos quería hacer entender que no era posible que nos hubieran alquilado allí a 8 personas.
El error saltó a la vista cuando le mostramos nuestros papeles de reserva, estábamos en Flaminia 16, no Vía Flaminia, y no era nada cerca una de otra.
Un comerciante, al que el vecino le explicó nuestro percance, prestó su teléfono, para hablar con el propietario que nos había alquilado, quien ya estaba mal por la espera.
Fue el mismo comerciante quien le decía al propietario, que a la gente que esperaba en Piazza del Popolo, los habían dejado en otro lado.
Claro, el propietario no lo podía entender, y le dijo:” ¿cómo sabe usted eso?”
El comerciante señalándonos, como si por el teléfono nos pudiera mostrar, 8 personas, 8 valijas, 8 bolsos, le dijo: “porque los tengo acá”…
La suerte de nuestro lado por dar con estas personas que nos sacaron del apuro, y que el propietario llamó al chofer de la combi, y lo mandó a compensar su error, buscarnos, y con casi 2 horas de atraso, al fin, poder comenzar nuestras hermosas e inolvidables vacaciones familiares en Italia y Francia.

Oscar Scirocco
Ciudad de Buenos Aires, Argentina

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Una cabaña cerca del lago

El serpenteante camino entre los árboles era difícil de transitar. Una vez que dejamos la ruta 40, abandonamos la seguridad de lo conocido. Caminos sinuosos entre montañas nevadas eran nuestra compañía. Era lo que habíamos estado buscando para nuestras vacaciones. Una cabaña apartada del mundo, muy cerca de un lago y rodeada de bosques.
— ¿Estás segura que no nos equivocamos de camino? ¡No sé porqué elegimos este lugar!— dijo mi esposo Ricardo, con voz de yamecansédemanejar.
En realidad era bastante fácil perderse en medio de tantos árboles añosos y pequeñas calles que muchas veces terminaban en una vía cerrada. No había señal de internet ni de celular. «Deben ser las montañas», pensé.
— El plano que vino en el mail era claro, ruta 40, km 324, doblar a la derecha al llegar a la calle Del maitén y luego seguir hacia el sur, bordeando el lago— dije, mientras seguía con el dedo, el plano que habíamos traído de guía.
Creo que debemos de haber pasado por donde estaba un enorme nogal caído, al menos ocho veces. En algún lugar errábamos la ruta y volvíamos a donde ya habíamos estado.
— Bueno, el mail que recibimos era una basura, ¿Te olvidás que nos pasaron las tarifas de la temporada anterior y que te llamaron señora Rita en lugar de Alejandra?— dijo Ricardo.
—Debimos volver a buscar el GPS. No nos habríamos perdido con él— señalé nerviosa.
Los pocos carteles señalizadores del lugar eran de madera oscurecidos por el tiempo y el liquen del bosque los cubría casi por completo. Muchos estaban fuera de lugar, girados quizás por el viento y señalaban para el lado incorrecto.
El bosque se cerraba a nuestro alrededor y los extraños sonidos que oíamos nos estaban asustando.
Manejábamos en silencio; no queríamos reconocer que no sabíamos dónde estábamos.
—Ya no quiero quedarme acá, en medio de la nada. Este lugar me da miedo—dije.
— A mí también y he aprendido a hacerle caso a tus corazonadas ¿Volvemos a la ciudad que pasamos de largo hace unas horas?—preguntó mi marido.
Suspiramos aliviados al dar la vuelta. Ninguno de los dos vimos una silueta sombría parada delante de un complejo de cabañas. Tampoco vimos que la figura oscura llevaba un hacha ensangrentada en la mano.

Silvia Alejandra Fernandez
Mar del Plata, Argentina

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Un 15 de diciembre

Corría el día 15 de diciembre de 2015 y yo no podía estar más feliz.
Habíamos aterrizado en Roma, mas particularmente en el aeropuerto Fiumicino a eso de las 17 hs, estaba muy oscuro, así que aprendimos rápidamente lo que era Italia en invierno, había comenzado una aventura.
Un señor muy elegante, con un saco y unos zapatos de mucho nivel, tenía un cartel en la mano con nuestros apellidos para llevarnos a la casa donde nos hospedaríamos, ¿Armani? Dijo una voz, “parece el Armani de los remises” dijo otra, suspiré, me reí, y acto seguido procedí a hablarle para informarle que éramos nosotros a quienes estaba esperando, por supuesto, en un italiano hablado a la perfección, o eso creía yo…
Muchos querían antes de irnos del aeropuerto sacar alguna foto para compartir rápidamente a sus redes sociales, pero el WiFi no funcionaba, y nuestros teléfonos no tenían ningún tipo de señal alguna, parecíamos desconectados.
Luego de hora y media de viajar, pucha que si era lejos el aeropuerto de la ciudad, llegamos a un edificio que parecía antiguo y un montón de timbres nos separaban de encontrar a quien nos iba a alquilar el departamento para hospedarnos; ¿es acá? Dijo mi madre, el chofer la miraba pero no entendía, solo dijo “sono qui, via flaminia”, y afirmé con la cabeza. El chofer partió, sin ni siquiera dirigirnos la mirada, y nosotros no teníamos ningún piso al cual tocar timbre, ni ninguna forma de comunicarnos con el dueño.
A los 5 minutos, y mirando extrañamente todas nuestras valijas en el medio de la calle, pasa un señor mayor que me pregunta que es lo que estábamos esperando, a lo que riéndome le respondí que un milagro nos vendría bien.
Me encantaría ayudarlos pero no utilizo teléfono celular, me informó.
Le pregunté, por supuesto en mi notable italiano, si podía confirmarme estar en la dirección correcta, y mostrándole el papel con la dirección se le cambió la cara instantáneamente;
¡LOS DEJARON EN CUALQUIER LADO! Gritó riéndose el señor, que de a poco se volvía malvado en mi película, ustedes están en Via Pinturicci y tienen que ir a Via Flaminia! ¡Son como 30 cuadras de aquí!
Desesperado, sin forma de comunicarnos, entré al único local abierto de la cuadra, y entre risas irónicas, nervios, y ansiedad, les informé a los dueños sobre nuestra situación y les pedí si podían prestarme el teléfono para llamar, se rieron, me dijeron que me tranquilice, y llamaron para que nos vuelvan a pasar a buscar y nos lleven a la dirección correcta.
Les juro que cuando el chofer volvió, ya no era mas Armani, ni siquiera era Giorgio, simplemente era nuestra pesadilla, nuestra anécdota, nuestro cuento.
El 15 de diciembre de 2015 yo no podía ser más feliz, definitivamente había comenzado una aventura.

Julián Tarela
Ciudad de Buenos Aires, Argentina

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Amanece el espíritu

La consigna era llegar a orillas del Ganges a la madrugada, para ver el amanecer y presenciar una ceremonia aarti en uno de los tantos gahts. Caminamos unas pocas cuadras viendo la peor expresión de la rara dicotomía entre la miseria humana y la fe. Nos codeamos con devotos tomando un baño purificador en las aguas sagradas. Subimos a una precaria barca conducida por un hombrecito de dudosa edad (no era viejo pero parecía que la vida le había cobrado varias cuentas) que nos llevó sin prisa y sin pausa por el recorrido más enriquecedor que vivimos hasta ahora. Imágenes increíbles pasaban frente a nuestros ojos emulando una película, muy pintoresca, desgarradora por momentos, inolvidable! Ofrendas a madre Gangha mediante, oramos al Dios que cada uno de los que íbamos en la barca venerábamos y agradecimos a la vida que nos puso en ese lugar y en ese momento con nuestras debilidades y fortalezas… Casi como broche de oro el sol comenzó a asomar entre vuelo de pájaros, olor a sándalo e increíbles colores bañando nuestras almas… Me pregunté cómo, por qué y cuándo llegué a ese lugar y las lágrimas de infinita felicidad rodaron por mis mejillas… Ahí, como en ningún lugar me había pasado antes, amaneció mí espíritu …En el aire, todas las almas que allí se elevaron nos abrazaron tiernamente. No olvidaremos la experiencia, solo hay que vivirla, no tratar de explicar ni entender, solo dejarse llevar por ella.

Sandra Soto Troia
Corrientes Capital, Argentina

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Rumbo a Río de Janeiro

Después de pasar un año con muchas emociones fuertes, reconocí que necesitaba realizar un viaje para descansar, elegí ir a Río de Janeiro.
Era la primera vez que viajaba en avión. Decidí no tener expectativas previas, sino disfrutar de todo lo que se me fuera presentando. Eso sí, sabía que no quería salidas nocturnas, tomar alcohol o buscar novio. Por esa razón, llevé muy poca ropa, una capelina azul, unas ojotas playeras y las sandalias que tenía puestas. Para qué más.
Pedí que me ubicaran junto a una ventanilla, ya quería experimentar qué sentiría al contemplar el cielo, las estrellas y los sonidos del silencio, y tuve ventanilla.
Las palabras desaparecieron, sólo tuve emociones y recuerdos de mi niñez, cuando cada vez que veía pasar un avión decía que un día yo viajaría en uno de ellos.
El segundo día en Río me sumé a parte del contingente que viajó conmigo, fuimos a almorzar a un lugar cercano al hotel. Nos fuimos sentando como íbamos llegando, sin intención alguna.
Frente a mí, quedó ubicado un hombre con unos ojos claros que me empezaron a seguir a todas partes, al punto de sentirme vigilada. En las excursiones de los días posteriores, busqué esos ojos, y deseé observarlos por largo tiempo.
Un mediodía, viajando en barco, el dueño de esos ojos claros me robó un beso, sí, literalmente, como en las películas y todos los prejuicios con los viajé cayeron al mar. Amor en Río.

María Victoria Eraso
Ciudad de Rosario, Santa Fe, Argentina

Microrrelatos Crónicas de viajes Cuarta parte

Compartimos una nueva tanda de Microrrelatos que llegaron a la Convocatoria Aniversario de Viví Libros 2018! Recuerden que hay tiempo hasta el viernes 10 de agosto para presentar.

Era Verdad: Todos los caminos conducen a Roma

Hace 3 años y medio cumplimos uno de los sueños de mi padre, viajar juntos casi toda la familia a Italia y llegar a visitar la Comuna de San Buono, en la Región de los Abruzo.
Entre los preparativos más importantes estaba de qué manera recorreríamos nuestros puntos de interés, ya que al ser 8 viajeros y un solo conductor habilitado con registro internacional, alquilar una Van era más económico que andar en trenes o buses.
Así, nuestra primera escala en Italia fue Roma, y tras 5 días allí, que incluyó la hermosa experiencia de pasar Nochebuena y Navidad, retiramos nuestra Van Mercedes Benz a la que bautizamos rápidamente “La Mechi”, para ponernos en camino a San Buono, previa escala en Chieti.
Parecía fácil, 250 kilómetros a recorrer todo por autopistas, pero, había que salir del laberinto que son las autopistas en Roma, con bajadas a diestra y siniestra.
Subíamos a la autopista, buscábamos alguna dirección hacia nuestro destino, girábamos a la derecha, bajada…directo al Coliseo nuevamente.
Buscábamos de subir nuevamente, andábamos 5 minutos, pensábamos que esa era nuestra bifurcación, bajada…directo al Coliseo.
Así estuvimos una hora, en la que enloquecíamos poco a poco, suerte que al ser Navidad había poco tránsito.
Hasta que paramos a preguntar en nuestro italiano básico de 5 días de aprendido, a una pareja que estaba estacionada con su moto.
Nuestra copilota con señas y mapas en mano explicó a donde queríamos llegar, a Chieti, salir de Roma hacia el este.
Tras intentar explicar la mejor manera para no volver a las calles de Roma, y dando muestras de gran solidaridad, cordialidad y amabilidad, se calzaron los cascos, arrancaron la moto, y nos hicieron señas, que los siguiéramos, ellos nos guiarían delante nuestro hasta que dejarnos en el ramal de autopista, la Súper Strada, que nos llevaría a destino.
Tras 5 minutos y varios kilómetros de seguirlos, nos hicieron la esperada seña, “sigan por allí, derecho, feliz viaje”.
Una muestra de cómo son los italianos, siempre muy amables, y aunque en nuestra recorrida de 18 días nos perdimos en varias oportunidades, jamás olvidamos a esta pareja que nos ayudó de una manera tan especial en nuestro primer día al volante de La Mechi.

Oscar Scirocco
Ciudad de Buenos Aires, Argentina

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Crónicas de un viaje mufado por el Nahuelito

Una mañana a finales de diciembre, emprendimos un viaje maravilloso para conocer nuestra Patagonia. Todo iba marchando mejor de lo que soñábamos hasta que tuvimos un mal presagio, en el lago Nahuel Huapi, vimos al legendario Nahuelito. Pasado los días llegamos a un mágico lugar llamado Los Altares, donde nuestra queridísima tía, papel creppe, decidió pasar el día de su cuartagecimo quinto aniversario con una cabalgata. Fue ese día que sucedió una de las mayores tragedias de nuestro viaje, el caballo llamado Rebeldon, que nos transportaba a mí y a mi hermana, tuvo un ataque de calor y se sumergió en las profundas aguas del rio Chubut, dejándonos a la suerte de su correntada. Lo que nos salvo del naufragio fue el milagroso palo de selfie de mi hermana con el cual remamos hasta la orilla. Entre lágrimas y pánico logramos recomponernos de este suceso en el que perdimos todo, desde la dignidad, hasta las camperas. Conocimos los famosos altares, un lugar al que solo volveríamos para morir. El viaje continuo mejorando día a día, conocimos personas y lugares estupendos. A solo horas de llegar al destino final, Lapataia en Tierra del fuego surgió otra gran complicación: Chile… Cuando arribamos a la aduana del país vecino a mi queridísima hermana la rebotaron por ilegal, perdón, la rebotaron por tener el DNI vencido y la única opción era volver a la ciudad de Río Gallegos y tomar un avión hasta Ushuaia. Lo bueno del aeropuerto fue encontrarnos con Rodrigo Guirao Diaz y lo malo fue que nos atendió una chica, que al parecer era nueva, y tardo mil años en vendernos los pasajes, para todo esto mi tía nos estreso y nos seco el seso porque se había comido la película de búsqueda de implacable, no pudimos dejar de sacarle una foto… Ahora estamos esperando el avión felices las dos sin hablar con nadie ni mirar a nadie…
Esta historia continuará…

Missjuli
General Roca, Río Negro, Patagonia Argentina

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La lluvia

Llega el verano y uno piensa en el sol, el calor, la pileta y las vaciones, si esas breves semanas entre diciembre y los ultimos dias de febrero donde podes holgazanear tirado al sol haciendo nada o paseando por ahi. Pero lo que con mi familia esperamos son esas semanitas que salimos de vacaciones y nos vamos de campamento ¿Que tendra de especial se preguntaran? No mucho para algunos pero para nosotros es desconectar del mundo globalizado y conectarnos con la vida, la naturaleza y si divertirnos.
Lo malo de todo esto es cuando todos esos planes se te caen y llegas al lugar con toda la emocion, sacas las cosas del auto, armas la carpa, cardas las cañas y de repente aparece el enemigo mortal del rio, la lluvia y con eso la sudestada. Entonces te toca salir corriendo desarmar todo guardar a las apuradas e irte esperando que en un par de dias si es posible, y el clima acompaña, poder volver y disfrutar de lo que la maldita lluvia te privo la primera vez.

Pamela Medina
Quilmes, Buenos Aires

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PANTA RHEI Y LA REPETICIÓN

Si bien Heráclito dice que “todo fluye” y que “no nos bañamos dos veces en el mismo rio”, Lacan nos habla de la repetición y de un juego de apariencia. Pero debíamos bajar los ser metafísicos heideggerianos, donde la experiencia se graba para siempre en el Inconsciente.

Año 1965
Luego de visitar los hermosos paisajes de Mendoza: Fiesta de la Vendimia, Parque Independencia, Lujan de Cuyo, La Carrodilla, Puente del Inca y los Penitentes, el Borbollón, el Valle de Uco, el dique el Nihuil, decidimos (María Isabel y Enrique) pasar a Chile. Subimos con el Chevrolet hasta Uspallata, pero llegamos a las siete de la tarde y el paso estaba cerrado (1200 m). Debimos subir hasta los 3200 m por el Cristo Redentor (No existía el paso Libertadores a Chile). El auto se encajo en el Cristo Redentor, yo me apuné y a Enrique le dio por la hilaridad. (Angustia, adrenalina caía la noche). Desencajado el auto, bajamos a Las Cuevas (¡yo me abracé al gendarme del puesto!)Pero todavía debíamos bajar los quinientos sesenta y seis caracoles. Lo hicimos (más adrenalina) y llegamos a Villavicencio para pernoctar.

Año 2018
Cincuenta y tres años mas tarde, cumpliendo con mi asignatura pendiente: visitar Catamarca, única provincia de la Argentina que no conocía, Luego de visitar el dique El Jaumel, el cerro Ambato y su maravillosa” Estatua de la Mujer”, la Gruta de la Virgen del Valle y asistir a la Fiesta del Poncho, apalabré al remise para subir a la Cuesta del Portezuelo. Allí, a 1000 m de altura, se rompió (Contingencia? Determinismo? la correa del motor (¡pudimos habernos matado!. Renzo llamo a su hermano Ariel y con Ariel pude subir a la cima (1800 m) faltaba bajar los 366 caracoles y en la orilla había recordatorios de los que se habían desbarrancado. Pero… pudimos llegar a la ciudad sanos y salvos. ¿Actuó el Inconsciente? ¿Que hubo de apariencia y que de real?

Maria Isabel Urquiola
Ciudad de Buenos Aires, Argentina

Microrrelatos Crónicas de viajes Tercera parte

Compartimos una nueva tanda de Microrrelatos que llegaron a la Convocatoria Aniversario de Viví Libros 2018! Recuerden que hay tiempo hasta el 10 de agosto próximo para presentar.

LA PARTE BUENA DE LA HISTORIA

Era lunes. Lunes en Cayo Guillermo, Cuba.
Ya nos volvíamos
Habíamos llegado en taxi. En un taxi que manejaba Francis, un cubano amable y buena persona. Pero nos volvíamos en avión. Así aprovecharíamos ese último día en la Havanna.
El transfer nos alcanzó al aeropuerto. Hicimos el cheking, nos revisaron y nos derivaron a una sala de espera donde sólo había un bar que vendía café y algunas galletitas que se acabaron pronto .Pero no importaba porque la salida estaba programada para las 10.30 de la mañana y casi eran las nueve…
Las horas comenzaron a transcurrir y la pantalla nos dio su primer aviso: delayed…Cerca de las 12.30 nos acercamos a preguntar…el avión estaba en reparaciones en Olguín, todavía no podían asegurarnos que llegara…Todos comenzaron a ponerse nervioso. Una jovencita se puso a gritar, otra lloraba. Es que varios tenían conexión con otras aerolíneas y perdían sus vuelos.
A las quince nos dieron un sándwich y una gaseosa (estábamos hambrientos!) A las dieciséis nos subieron a un micro sin darnos mayores explicaciones.
Llegamos a la Havanna cerca de la una de la mañana.
Nosotros no pudimos entrar a nuestro alojamiento porque debido a la hora nunca nos abrieron la puerta.
Gracias a dios cerca había un hotel con una habitación libre. ¡Nos salió carísimo! Pero nuestro cansancio no daba para regateos…
Y ya era martes, por suerte volvíamos a nuestro país.
No fue mucho después que nos enteramos del avión que se estrelló y pudimos ver la parte buena de la historia.

Viajera
San Justo, Gran Buenos Aires, Argentina

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LOS ÁRBOLES

A los costados del camino, que sin decir agua va te lleva hacia el sur, los árboles no sólo mueren de pie, sino que tampoco se dedican a perder el tiempo haciendo aspavientos o morisquetas, nada que ver con lo que aseguran algunas leyendas, pues los árboles simplemente están ahí parados, y representan el papel de testigos impasibles de lo que podría haber sido una región mejor, dotada de mayores sentidos.
Pero al parecer la cosa no funcionó de la manera esperada.
Entonces los árboles, ya debidamente ataviados como tales, se dan el lujo de mirar pasar a los viajeros sin que se les mueva una sola hoja de las tantas que integran el follaje a su cargo, y si por una de esas casualidades alguna de las hojas se declara en rebeldía y debido a motivos por demás ventosos llega a moverse un poco para un lado o para el otro, el mismo camino se ocupa de encarrilar las cosas y vuelve a poner a la hoja en su lugar de toda la vida al aire libre pero no tanto, que en este caso puntual se trata del lugar desde donde se mira pasar el para nada beatífico desfile de los caminantes.
A esta altura de la evolución de la especie, los caminantes son tantos y tan variados que cuesta un Perú y la mitad de otro enfocar los detalles y las circunstancias de uno en especial. Pero la visión de conjunto, más allá de alguna que otra interferencia o excepción al margen de cualquier dislate, a fin de cuentas no resulta tan mala y ni siquiera merece un aplazo, pues les permite a los árboles sacar conclusiones generales, producir una cantidad indefinida de cierta savia de bondad, y sobre todo les permite no hacer leña del caminante caído, algo que hoy en día es considerado por los propios transeúntes como parte de un mérito por demás considerable, aunque muchas veces esta acción se pierda en el bosque de las indiferencias y pase desapercibida.

Mario Capasso
Villa Martelli, Gran Buenos Aires, Argentina

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LA MAGIA DE VENECIA

Mi marido y yo conocimos Venecia en octubre de 2011. Si magia es lo que nos emociona, aquello que despierta nuestra fascinación, que nos envuelve en un manto de asombro y nos hace suspirar, Venecia es mágica. Nuestro recorrido comenzó en las aguas del Gran Canal, navegando por ellas en el vaporeto, en una mañana soleada del otoño europeo. Mirando hacia ambos lados, vemos los edificios medievales, algunos pintados en tonos pasteles, mientras algunas góndolas acompañan nuestra travesía. Tenemos la ilusión de encontrarnos en un lugar detenido en el tiempo, y la sensación de estar dentro mismo de una postal, o en un sueño del que no queremos despertar. La magia reaparece en la Plaza de San Marcos, con sus típicas confiterías donde las orquestas en vivo ofrecen tradicionales temas melódicos, que las palomas acompañan con su revolotear. Desde la misma, podemos ver el Palacio Ducal. Este edificio en que se distinguen tres alas, alberga gran cantidad de obras de arte. En él funcionaban la casa privada del Duque, era sede de gobierno y palacio de Justicia. Luego visitamos sus salas, oficinas, y los calabozos, desde donde los condenados a muerte eran llevados atravesando el “puente de los suspiros”, desde el cual verían por última vez el Adriático. Siguiendo con nuestro paseo, vemos el otro puente, el Rialto. Construido originalmente en madera, destruido varias veces, y finalmente inaugurado en 1592 siguiendo un proyecto de Andrea Da Ponte, quien propuso una arcada lo suficiente-mente alta para que pudiera cruzar por debajo de ella una góndola sin mástil. Muchas historias de amor y muerte se tejieron en su entorno. Las callecitas serpenteantes, sus negocios de antigüedades y libros, y las tiendas de máscaras, que con sus brillos, colores y formas, parecen mirarnos desde sus vidrieras, e invitarnos a participar de su mundo enigmático. Con sus puentes, sus teatros, sus trattorías, a la caída del sol en el atardecer, con sus museos e Iglesias, nos conmueve, ilusiona y rejuvenece. Por todo esto, Venecia es mágica

Claudia Muente
Ciudad de Buenos Aires, Argentina

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El sonido era tan imperceptible como constante… encendí la linterna y el interior de la carpa tomó la fantasmal forma de una iglesia abandonada; con el haz de luz intenté localizar el punto exacto de esa armónica vibración y ese acto curioso sin éxito me llevó a salir al espacio nocturno, donde comprobé que era una formidable caja de resonancia que invadía por completo mis sentidos… ese momento de soledad fue enmarcado por el paso de una estrella fugáz.

RODOLFO OLIVA
Merlo, Gran Buenos Aires, Argentina

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La partida

Que digan “despegó el avión”, me hace pensar en esos chistes de fideos, y río. Digo en voz baja para que no escuche el vecino de asiento, Río de Janeiro. Río Bermejo, Río Tercero, Río Cuarto, el que ríe último, ríe mejor. Feliz en el ascenso, porque hay una especie de voluptuosidad única. El avión sigue subiendo, subiendo más… más.
No acaba de subir. Arde difuso. Río, turbio.

Susana Szwarc
Ciudad de Buenos Aires, Argentina

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Aquellos números de la vida cotidiana se ven envueltos subrepticiamente en perspectivas subjetivas, pensó mientras las pantallas del avión se encendían.
Dentro de su bolsillo, un ticket contiene sus cifras de operación: 12261601. Muchas mujeres artistas inventan sus propios procedimientos -pensó- y así huyen de fantasmitas que, con fuerza, territorializan las ideas. 19 era la suma ante la causalidad de la escena, y también el famoso colectivo que reemplazó al 168 que pasaba frente a su departamento en la Capital de Buenos Aires.
Un atardecer busca volver los textos contra sí mismos.
¿Será el tiempo un viaje subjetivo?

LJT
Ciudad de Buenos Aires, Argentina

Microrrelatos Crónicas de viajes Segunda parte

Compartimos una segunda tanda de Microrrelatos que llegaron a la Convocatoria Aniversario de Viví Libros 2018! Recuerden que hay tiempo hasta el 10 de agosto próximo.

EL BONDI

Cada vez conduzco menos, así que viajo bastante en “bondi” (porteñismo derivado del portugués, sinónimo de colectivo u ómnibus). Como es bastante aburrido, trato de entretenerme con situaciones, gestos o diálogos que me llaman la atención. Internos o externos. Hace unos días íbamos por la Avenida Caseros, y una señora sentada frente a mí se persignó. Noté que estábamos pasando frente a la iglesia de San Antonio. Un minuto después, frente a la sede del club Huracán, leo un cartel con un célebre estribillo de tribuna “Somos del barrio, del barrio de la quema, somos del barrio de Ringo Bonavena”.
Qué es esto? -pensé- La quema no existe más, Bonavena tampoco, San Antonio tampoco… Creencias, creencias… Por suerte no las necesito, aunque me causen gracia…
No es cierto –dijo el otro- vos creés que vale la pena escribir esto…
El “hombre que siempre va conmigo”, suele darme estas sorpresas.

Rolando Martiñá
Ciudad de Buenos Aires, Argentina

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Mi Viaje por la ciudad turística de Puerto La Cruz

Esta es una ciudad al norte del estado donde vivo, es muy linda esta ciudad, cuenta con maravillosos paisajes y muchos inventados por el hombre, me gusta ver lo que el hombre le agrega cada vez, la cambia mucho, hay casas muy bellas dentro del agua, no sé cómo las construyeron pero allí están y me asombran que algún día el agua cobre su espacio, es una ciudad o una urbanización dentro del agua, el mar, termina en espectacular centro comercial con diseño colonial, cuando estuve por allá y se presentaba algo fuerte como vaguadas o lluvias torrenciales, me preocupaba por estos lugares y su gente que allí viven que es un lugar hermoso construido por la mano del hombre. Pero también me preguntaba ¿por qué tiene que existir de esa forma, no se podría construir en otro lugar? Cerca del mar, el mar necesita su tranquilidad, allí estuve varios años y cada vez que pasaba por allí, yo mismo me embelecía viendo el hermoso paisaje, era una bella vista y deleite para quienes pasáramos por allí.
Pasaron unos añitos y cae una lluvia muy fuerte y yo pensaba en el maravilloso lugar y la gente que había comprado en excitante lugar, hasta yo entré una vez a esas casas con una amiga que también tiene amigos allí y la verdad, son muy espectaculares, estando allí mismo. Esa lluvia que cayó, gracias a Dios, eso está muy bien construido, se pueden mover las chalanas pero no las casas.
En la orilla esta un boulevard llamado “Paseo Colón” también muy bello y vi la maravilla del mar, subir casi hasta mi tamaño que cosa tan impresionante jamás había visto eso del mar, pero yo por respeto caminé bastante alejado, porque me dijeron, que cuando está así se pone muy pesada y al salir la ola me podría enviar lejos hasta sacarme a la avenida, pero era como para tomarse fotos, hasta el mar se pone coqueto. Y ya desde acá de mi pueblo siempre pregunto; ¿Cómo están las casas botes de Puerto La Cruz? En cualquier momento volveré a pasar por allá para despejar mi mente. Que bella combinación de la natura con el hombre.

Pedro Ordaz
El Tigre, Venezuela

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ARGENTINOS POR EL MUNDO

Martha, Jorge, María y yo, salimos prácticamente huyendo de Madrid, tras casi habernos congelado en el Palacio Real de Segovia y el Monasterio de Santa Teresa en Ávila. Camino al sur llegamos a los alrededores de Toledo y decidimos hacer noche en un pequeño hotel de los suburbios antes de subir a visitar la parte histórica de la hermosa ciudad.
Era una especie de subsuelo maloliente atendido por una señora de bastante edad, que con obvio mal humor respondió con ásperos ¡Sí! a cada una de nuestras preguntas. Si había lugar y si había agua caliente. Mientras los demás cargábamos los bultos , Jorge – fanático de la geografía – comenzó a desplegar un amplio mapa mientras se acercaba al mostrador. La señora, como espantada, lo paró en seco: “Ah no, yo de eso nada eh?” Jorge, sorprendido, alcanzó a explicar: “No, no, sólo quiero saber dónde estamos… “ Y quedó petrificado ante la respuesta: “Pues, ACÁ”!
Ya en la habitación nos reímos mucho con la anécdota. Y lo hicimos durante años al relatarla. Pero nunca estuvimos del todo seguros de si la mujer era en verdad corta de entendederas o, sabiéndonos argentinos, simplemente nos había tomado argentinamente el pelo.

Rolando Martiñá
Ciudad de Buenos Aires, Argentina

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DOS POSTALES DE VIAJE

POSTAL I: MAGIA CORDOBESA

En nuestros viajes por Córdoba solíamos caminar a la vera del rio apretando el paso entre las piedras y los pastos altos. Fue así como llegamos a la terraza de un hotel semiabandonado que exhibía su terraza sobre el barranco. Al oído de nuestras voces aparecieron los cuidadores, gente sencilla y humilde… Les conté de mi deseo de comer pizza…pero ¿dónde? No existía ningún restorante en las cercanías.
Ellos aseguraron poder atendernos esa noche. Con algunas reticencias nos animamos y fuimos… En medio de la terraza habían armado una mesita primorosa con flores silvestres y nos sirvieron una pizza deliciosa. Después apagaron todas las luces para que pudiéramos admirar el cielo estrellado ¡Si hasta vimos pasar un satélite!
Entonces el rio nos mostraba todos sus sonidos nocturnos y los bichitos de luz iluminaban el aire cargado de perfumes inolvidables ¡MAGIA CORDOBESA! Esas cosas de la amabilidad y el don de la gente!

POSTAL 2: LOS PÁJAROS DE CÓRDOBA

Desde que estoy aquí me quedo mucho tiempo mirando absorta los diferentes tonos de verde del paisaje. El tiempo transcurre sintiendo el viento caprichoso rumorear entre ramas y pastos. Y es así como crece mi admiración por los pájaros.
Varias golondrinas, en pos de tomar agua, realizan su vuelo acrobático sobre la pileta y también hay otros de colita parada que se acercan a los saltitos sin miedo por mi presencia. Hoy, en una de nuestras caminatas matinales vimos a la lechuza que el año pasado, una noche de tormenta estaba parada sobre un palito a metros de nuestra ventana.
También se adueñan del atardecer llenando el silencio con sus cantos festivos.
Y yo no sé si porque en Buenos Aires, con el trajín diario, no me detengo (y por eso no los veo) o porque en esta serranía ellos se explayan más… Pero lo cierto es que en esta interioridad de vacaciones los pájaros son el diario condimento de mi mundo.

Viajera
San Justo, Gran Buenos Aires, Argentina

Microrrelatos Crónicas de viajes Primera parte

Compartimos los primeros Microrrelatos que llegaron a la Convocatoria Aniversario de Viví Libros 2018! Para los que recién se enteran y quieren consultar las bases:
http://vivilibros.com/convocatoria-17-aniversario/

 

METAMORFOSIS

“Estoy harta – le dijo a sus amigas – no me gusta esta vida. Sí, soy bonita, voy de aquí para allá, pero nunca nos juntamos, cada una va por su lado. Casi siempre volando, casi nunca con los pies en la tierra. Quiero volver a ser la que era”… “Eso es imposible”, le dijeron. “Por qué?” Preguntó. “Porque nunca pasó… Así son las cosas”. Se quedó pensando: “muy bien, entendí. No se puede volver atrás. Ni quedarse quieta. Seguiré volando, de aquí para allá y al menos me divertiré tratando de evitar a cualquiera que aparezca con una red”… Hubo un ruido como de trueno y entonces ella y las otras mariposas salieron volando…

Rolando Martiñá
Ciudad de Buenos Aires, Argentina
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EMBRUJADORA VENECIA

Como en ocasiones anteriores, Venecia, me sedujo a aventurarme entre sus laberínticos vericuetos. De pronto me detiene la vista de unos objetos exhibidos en una diminuta vitrina los cuales me evocan símbolos alquímicos: una columna con una serpiente enroscada, otra serpiente mordiéndose la cola cual ouroboros, matraces coloreados, etc. Intrigada irrumpo en la tienda e interrogo al encargado sobre su relación con el ars magna. Hermético y un tanto malhumorado, niega tal relación. Desazonada abandono el lugar pero no la duda. Continuo sobre la estrecha callejuela y de pronto se abre en un campo en el que se ubica una pequeña librería. Cuál no sería mi asombro cuando en un lugar privilegiado de su vitrina observo el “Mutus Liber”, un conocido texto alquimico publicado en Francia en el siglo XVII. Entro y pregunto por la obra: el el único ejemplar que poseen. Estaba numerado y pertenecía a una edición muy limitada. Sin pensarlo mucho, adquiero ese tesoro. Me dirijo hacia el emblemático café Florian situado en la Piazza San Marco a fin de ojear con detenimiento las hermosas láminas cuando, de pronto, mi mirada se posa sobre el anuncio de una exposición en la Biblioteca Nazionale Marciana, situada en la parte superior del café: “Maggia, alchimia, scienza del ‘400 al ‘700”. Ya eran muchas sincronicidades en un par de horas. Por supuesto, pase el resto del día ojeando tratados y grimorios antiguos exhibidos bajo vidrios protectores. Nunca más volví a hallar ni la misteriosa tiendita ni la librería, no obstante, quedaron inmortalizados en una novela de mi autoría cuya inspiración nació de estas enigmáticas experiencias.

Trudy Ostfeld de Bendayan
Caracas, Venezuela
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Crónicas de viajes: una de pantuflas

Hay cosas que se vuelven imprescindibles cuando viajamos: cepillo de dientes, pijama, peine… para mi pareja son imprescindibles ¡las pantuflas! Él puede viajar prescindiendo de cualquier cosa menos de sus pantuflas, ¡las ama! Y en vacaciones constituyen el símbolo de su descanso.
Nos íbamos a Nono, un pueblito de Córdoba apacible y pintoresco. Al armar la valija no deje de recordar que era necesario el preciado elemento. Pero sus pantuflas actuales estaban muy gastadas y viejas y lo convencí de dejarlas. Le dije: “Allá compramos unas nuevas y más bonitas que sean a tu gusto”, argumento que lo convenció.
Llegamos a Nono, después de atravesar el maravilloso camino de las Altas Cumbres, en un hermoso día de sol. Y ya instalados en la confortable cabaña que habíamos alquilado decidimos bajar hasta el pueblo para comprarlas. Pero, ¡oh sorpresa! Sólo había dos zapaterías en el pueblo y ninguna de las dos tenía ningún tipo de pantuflas. Mi culpa iba en aumento y a tal punto que al comprar en el Supermercado le pregunto a la cajera si tenía idea dónde podría conseguirlas. Muy seria la jovencita me respondió: “¡En la Farmacia señora, seguro que tienen!”.
Era mucho mi sentimiento de culpa y aunque me parecía un delirio decidí intentarlo. Entramos a la Farmacia, llena de clientes (estábamos en plena temporada). Nada me hacía prever que allí las vendieran. La gente compraba aspirinas, curitas, medicamentos… Llena de vergüenza y en voz baja le digo a la empleada: “Por casualidad ¿tendrán pantuflas?” Me contesta muy seria: “Un momentito por favor”, y desaparece dentro de las profundidades del negocio por varios minutos. Pensé que llamó al manicomio y ya traen la chaqueta. Pero aparece con un montón de pantuflas de diferentes tipos y números para que eligiéramos
Al día siguiente agradecí a la cajera por su excelente consejo y me contestó: “Ah señora, acá la Farmacia vende de todo! Desde sábanas hasta huevos!”

Lili
San Justo, Buenos Aires
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EL PAISAJE DE FONDO

A veces, en especial cuando reconozco que el cansancio ha hecho bien a conciencia su trabajo, me resulta por demás estimulante detener la marcha, pararme como un duque a un costado del camino que siempre va debilitándose, poner cara de sabelotodo, mirar el gentío que pasa por ahí cerca y también me gusta dedicarme a contemplar el paisaje de fondo.
Como no me considero un tipo quisquilloso cien por ciento, la conclusión más relevante de mis observaciones, en especial si me apuran un poco, la puedo resumir en pocas palabras:
Lo que pasa por el camino propiamente dicho es siempre más o menos lo mismo, el mismo río de gente en dirección a la tierra prometida o a la boca del lobo, digamos. Lo que cambia continuamente es el fondo, pero en general a este cambio no se lo llega a advertir, pasa desapercibido allá a lo lejos, perdido entre una bruma que hace las veces de cortina de hierro. Entonces, imposibilitado de abarcar más allá de mis narices, resignándome de entrada o refunfuñando durante unos pocos minutos, retorno a la contemplación de lo que ocurre a pasitos de donde estoy detenido y, después de un rato, creyendo haber descansado lo suficiente, aspiro la porción de aire más próxima, tomo el envión necesario, vuelvo a encarar la ruta y sigo mi viaje entre la multitud, ahora provisto de una dosis mayor de confianza, como si existiera la posibilidad de que al andar ya más relajado, algo de lo que alcance a ver más adelante, pudiera llegar a tener algún sentido y a darme alguna señal.

Mario Capasso
Villa Martelli, Gran Buenos Aires
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Tiempo de llegar

Ella sabía que lo más denso se acercaba. Ese cartel que divisó a lo lejos fue la señal que había estado esperando meses atrás.
¿Qué cambiaría? ¡Toda su vida!
Cuando de tomar decisiones se trataba, siempre le costó, las detenía, huía, pero esta vez sabía iba a ser diferente.
El paisaje a través de la ventanilla le recordaba aquellos tiempos de niñez, donde fantaseaba con su futuro, -hoy presente -.
[Es hora de inhalar, soltar, desprenderse, y animarse a lo nuevo, pensaba.]
Ese viaje fue para ella un camino de ida, donde cada estación que dejaba atrás quedaba olvidada.
Ella tuvo que comprender que quedó sola en su laberinto, que su tiempo, (aquel viejo tiempo), se había agotado.
Y así, con la mente libre y en blanco puso sus pies sobre su nueva tierra.
De ahí en más el volcán que hizo erupción, fue el más fuerte, el más vivo y ardiente que en toda su vida se hubiera imaginado.

Juliana Calvo
Ciudad de Buenos Aires, Argentina
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Convocatoria 17º Aniversario de Viví Libros

CUMPLIMOS 17 AÑOS

¡Viví Libros está de festejo!! Nos encontramos soplando las primeras 17 velitas de nuestro emprendimiento. Y ya suena a muchos años, mucho recorrido juntos… Como siempre, queremos compartir esta enorme alegría del aniversario con ustedes.

Entonces, ¿qué mejor que divertirnos juntos para festejarlo? Los invitamos a sumarse a la siguiente convocatoria:

MICRORRELATOS CRONICAS DE VIAJES

¿Cuántas veces en los viajes nos pasa algo que nos lleva a pensar que esa situación parece de película o bien podríamos haberlo leído en alguna página de una novela que encajaría perfectamente en la historia? Son esas pequeñas escenas de la vida misma las que queremos rescatar en este concurso aniversario, aquellas escenas desopilantes que dan origen a divertidos microrrelatos y a otro tanto no tan risueños, pero que es un placer leerlos.

Les proponemos que nos relaten alguna situación, anécdota, fábula o minificción donde la vida misma cobre protagonismo. Puede ser desde el lado personal, de los amigos, de la familia o los vecinos, desde donde gusten… ¡Seguro que a un simple golpe de vista, ya se les está ocurriendo alguna anécdota de viaje!

El objetivo es que escriban algo breve y lo envíen por e-mail, facebook, twitter o directamente como comentario en la web durante estos días (hay tiempo hasta el viernes 10 de agosto).

Los microrrelatos deben ser inéditos (nunca publicados en ningún medio) y pueden ser firmados a nombre propio o con un seudónimo pero incluyendo la ciudad y país de residencia. Seleccionaremos tres microrrelatos que recibirán su premio y los daremos a conocer en el Newsletter y todos nuestros medios habituales.

A los ganadores, les regalaremos la suscripción gratuita a Viví Libros hasta diciembre 2018 con todos los beneficios.

Durante estos días, compartiremos las lecturas con ustedes en nuestra fan page de facebook, por twitter y subiendo de a grupos los microrrelatos a la página web. Vale comentar, opinar y sobre todo: ¡reirnos juntos!

Se publicará en la web el compilado de todos los Microrrelatos Crónicas de viajes que nos hayan llegado a tiempo. Tal como lo hicimos en los aniversarios anteriores, que pueden leerlos en nuestra página (ojo que como solemos recibir muchas participaciones cada Convocatoria tiene varias partes para disfrutar de su lectura).

Ahora… a escribir!

A modo de ejemplo, les compartimos uno para romper el hielo:

Viajar en pantalla

Florencia es una joven mujer que se encuentra sentada frente a su notebook en el escritorio, mientras se mensajea con su grupo de amigas.

Ay no! ¿Otra vez la misma pavada de todos los años? Que dónde te fuiste de vacaciones, qué tal el tiempo, conociste a alguien…? Por qué estas minas no podrán pensar en otra cosa? Pasa el tiempo pero ellas… Já! Y esta tarada quién se cree qué es? No lo puedo creer! Pero nena, qué me importa si te fuiste a Egipto, por favor! No, bueno, está bien pobre con la vida que lleva mejor le digo… ¡Qué bueno Anto! Me alegro por vos gordi! En fin… Uy ahí se sumó la otra, lo que me faltaba empezar a escuchar sus deslices y locuras, esta mujer es insoportable realmente. No es que sea yo, pero no puede llamarme toooodos los días para contarme sus salidas, que si la invitaron a la playa o a la montaña o si el otro hombre que conoció tiene un yate para recorrer el Delta… Pero andá con todos y matate vieja! Hola hermosa, qué bueno que volviste! Contanos todo ya! Me encanta la playa! Sí, sí, sí, todas quemaditas por el sol, que los pareos, los sombreros, cuántos tragos y bañeros se curtieron este verano… Qué grosas son! y yo sola en casa este fin de semana. Sí, sí, bien, todo bárbaro por acá. Cuenten ustedes mejor, ya saben. Qué les voy a contar? Acá todos los días son iguales, ni mejores ni peores, simplemente pasan. No noto los veranos ni los inviernos, simplemente pasan. Qué locas chicas, se ve que se divirtieron a lo grande en los viajes! Bueno sí, la semana que viene nos encontramos y vemos las fotos. Chau, voy a seguir trabajando porque se me atrasa todo chicas. ¡Las amo amigas!!

Flor baja la vista a la par que va cerrando su notebook, se detiene triste, suspira. Vuelve a abrir a pleno la pantalla, se le ilumina la mirada y busca hermosos destinos turísticos en el Google para viajar en pantalla.

Viviana Rosenzwit
Ciudad de Buenos Aires, Argentina

Microrrelatos Escenas de la vida cotidiana Quinta parte

Compartimos la última tanda de Microrrelatos que llegaron! Vamos concluyendo la Convocatoria Aniversario de Viví Libros 2017, pronto sabremos los ganadores!

Huéspedes
A mi nieto Benjamín

Todas las semanas trae uno o dos. A veces, tres. Van ocupando todos los rincones de la casa, llenando con sus voces los espacios que antes había poblado el silencio. Mi abuela les dedica tiempo que me quita a mí, pero lo hace con tal alegría que guardo los celos entre los juguetes de mi habitación. A la noche compartimos alguno, que derrama imágenes en mis sueños y luego va a dormir a un estante junto a los demás.
Yo ya aprendí a escuchar lo que dicen, por mis propios ojos.

Adriana Maggio (Dirbi)
Ciudad de Buenos Aires, Argentina
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La violencia a flor de piel

Una tarde como cualquiera, un colectivo 75 inicia su recorrido en Lanús, y en menos de dos cuadras salta la muestra de intolerancia y violencia que vivimos por estos años en Argentina.
Un colectivero que sin ninguna aparente razón ni apuro, aún sin tener paso asegurado a la calle siguiente, pasa el semáforo en rojo y corta la avenida Pavón.
Así nadie podía pasar, ni vehículos ni peatones. Los que arriesgándose pasaban por delante del vidrio del colectivero, lo insultaban a viva voz por su negligencia. Un motociclista se hizo lugar y al pasar le golpeó los vidrios, en muestra de su enojo también. Otro conductor de los perjudicados por el atascamiento que provocó el colectivo, se bajó de su camioneta, corrió desesperado y desde la ventanilla le propinó un golpe de puños al conductor del 75. Pero un pasajero inesperadamente sacó un palo que llevaba consigo, y desde arriba del interno invitaba a pelear al conductor que volvió despacio a su camioneta.
Y los pasajeros seguimos allí detenidos, rehenes de la situación, interminables cuarenta segundos. Hasta que la luz verde del semáforo hizo circular, nuevamente, a cada uno para su lado. En el colectivo sobrevivo un silencio espectral, algunos lo pensaban y otros murmuraban por lo bajo aquella tenebrosa pregunta: ¿Qué hubiera pasado si alguien estaba armado en ese momento?

Norberto
Lanús Este, Provincia de Buenos Aires, Argentina
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EL TIEMPO

“_ Ud. A veces se deprime?”
“_ No, no tengo tiempo…”
“_ Cómo?”
“ _Tengo tres hijos, los crío sola… trabajo…”
_ “Aja´, ajá”,…Y qué hace cuando siente que no hace la vida que quiere, la vida que soñó?”
_” Y… me río…Y sigo adelante…El tiempo pasa… Sabe? De chica yo soñaba con ser Marilyn … Imagínese…
_”Y qué pasó?”
_ “ Y… me di cuenta no hace mucho que estoy mejor que ella… estoy viva, tengo hijos…
_”(…)” Y por qué está acá?”
_ “No sé, por ahí para hacer otra cosa que reírme… O creí que me podría decir algo que no sé…Pero me está pareciendo que no… Así que… Gracias por su tiempo.”

Rolando Martiñá
Ciudad de Buenos Aires, Argentina
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Tan malos …

Abrió la puerta al plomero que se encargaría, finalmente, de arreglar el baño.
Debo bajar, le dijo él, para constatar que ya no se filtra agua en el departamento de abajo…
… Otra vez el timbre, ella abrió: antes era uno solo, y ahora eran tres.
El de la pistola la hizo sentarse…los otros dos la desvalijaron.
Cruzada de brazos, la jubilada sermonea: ¿No sentís vergüenza al mirar a tus hijos a la cara?, todo lo que tengo me lo gané trabajando, ¿qué pensás que podés encontrar acá?, ¿no ves cómo estoy vestida? bla bla bla
-¡Que se calle o dale un tiro! Pero no se calló.
Tan malos no fueron, los retó y desafió…, pero sigue viva, con algunas cosas menos, pero con su dignidad intacta.

Graciela Maggio
Ciudad de Buenos Aires, Argentina
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Era el parque
el camino de los tilos
el pajarito rojo
y el crepúsculo lento entre los pinos.
El muelle trebolar
la calma en ristre
el molino torcaz
y la magnolia triste.
Y eran dos hijos
aprendiendo la vida
con las manos
los ojos
y la piel
y éramos dos que amábamos
esa fugaz visión de eternidad.

Y éramos jóvenes
y los seríamos todo el tiempo
y no pensábamos
que alguien
nos soñaba soñar
para volverse eterno.

Federico N.
Ciudad de Buenos Aires, Argentina
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