Convocatoria 15º Aniversario de Viví Libros – Tercera Parte

Convocatoria 15º Aniversario de Viví Libros – Tercera Parte

¡Así seguimos nuestro festejo de los 15 años de trabajo y lo compartimos con todos ustedes!

Tercer grupo de participaciones de los Microrrelatos Fiestas de Cumpleaños:

La semana pasada, ella me contaba ansiosa con cara de felicidad sobre la fiesta de cumpleaños que estaba organizando para su amado.
Tendría música, baile, un delicioso servicio de catering, vendrían los amigos de la casa y hasta había encargado una torta especial con velitas destellantes que se prenderían al sonar su tema preferido de Los Beatles a todo volumen! Let it be, let it be, let it be, yeah let it be. Whisper words of wisdom, let it be….
Como cada año, organizar el cumpleaños le devolvía cierta alegría a su mirada. Cuidaba cada detalle con esmero, como él se lo merecía, enviaba las invitaciones, limpiaba la casa, buscaba alguna idea original para sorprender, para sorprenderlo.
Los demás días eran solo un sobrevivir a la espera de septiembre. ¡Y qué hermoso mes para cumplir años! El mes del amor, decía siempre al recordarlo.
Nadie sabía de su pacto, de su promesa que no necesitó un candadito en el puente para sellar su amor pero se seguía sosteniendo hasta ahora donde él, desde vaya a saber dónde, soplaría su velita número 110 feliz, feliz en su día.

Miguel Salas
Madrid, España

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Entrecruzada
Sentada, cruzada de piernas, con las piernas a la vez entrecruzadas, hecha un nudo, un nudo que en cualquier momento se desata, se saca, se vuelve a anudar en inestables minutos.
Con una copa de vino en la mano, María, observa a los invitados. Todos conversan, tienen temas, se ríen y ella no entiende de qué se puede hablar en una reunión familiar. Es su familia. Se trata de encontrar en algún gesto de su primo, en algún rasgo de carácter de sus tíos, pero no se encuentra en nada.
Está en esa reunión y ve como lentamente se acerca su prima y se le sienta al lado y le apoya la mano sobre su rodilla y ve como los labios de su priman comienzan a moverse y sabe que se le viene la pregunta, esa pregunta fatal, esa pregunta que todo el mundo hace por hacer, sin sentido, sólo porque queda bien hacerla, sólo porque se cree que es la única manera para iniciar una conversación y llega y se le viene encima ese ¿cómo estás?, ¿cómo van tus cosas? María empieza a sentir un calor interno.
Se queda unos segundos muda, perpleja y atina a decir: -ahora vengo, voy al baño. Sabe que está huyendo porque no quiere responder ‘bien, todo bien’ porque pasaría a ser lo mismo que los demás y es eso lo que la saca, la enerva, la enfurece. Pero está en el umbral de la puerta del baño, ahí por entrar cuando su primo la agarra del brazo y le dice: -Hola María, ¿qué tal?, ¿cómo estás? Por suerte estaba ahí la puerta y atina a decir con una media sonrisa: Ahora hablamos; logra entrar al baño, cierra la puerta y apoya toda su espalda, sus brazos sobre la puerta del baño, pero ya sabe que está ahí escondida, refugiada, encerrada.
Se sienta en el inodoro, apoya sus codos sobre sus rodillas y sus manos sobre su rostro. Queda ahí paralizada, no quiere salir, quiere diluirse como el agua, apretar el botón para atravesar la puerta de esa casa por las cañerías así nadie la ve salir. Escucha que golpean la puerta del baño, se sobresalta, le vuelve ese calor interno y logra decir ‘ocupado, ya salgo’. Se para, ni se sube el pantalón porque no había ni llegado a bajárselo, se moja la cara, se lava las manos, se mira en el espejo, se arregla el pelo, se hace una sonrisa para practicar, se mira, se reconoce en esa mirada desorientada, fuera de sí, impaciente, descolocada, endurecida, tiene ganas de llorar de la bronca de no ser como ellos, quiere gritar, romper todo, salir corriendo, escucha que vuelven a golpear la puerta del baño y ahí está ella queriendo que algo o alguien la detenga, sabe que no tiene ahora poder sobre ella, se está descolocando, mira la ventana del baño, vuelven a golpear la puerta y se vuelve a mirar al espejo, ya no se reconoce, empieza a transpirar, abre la canilla, deja correr el agua, agarra la toalla, abre con ímpetu la puerta con la mano libre y logra atravesarla y ve a todos con sus copas en la mano, hablando, riéndose, pero todo se detiene cuando escuchan el ruido decidido de la puerta y ella ahí parada en el umbral del baño, todos la miran y ella a ellos y escucha a Marcelo que le dice: – María, ¿qué pasa? Y ahí ve la puerta principal de la casa y ve el picaporte y ruega que este abierto y se abalanza con el cuerpo entero pero desalineado, con la toalla en la mano y con la otra mano intenta girar el picaporte, pero no se abre, empuja la puerta, está cerrada, no están las llaves puestas, escucha el silencio hambriento, cortado, ese silencio incómodo, lo mira a él, espera que le diga algo para salvarla, no se atreve a mirar al resto aunque sabe que todas las miradas están puestas en ella; minutos que parecen eternos, insalvables y de repente la voz de él que enuncia: ¿te olvidaste algo en el auto? Y María sabe que Marcelo conoce esos arranques de ella, esos oscuros y retorcidos rincones y atina solamente a mover la cabeza como diciendo que sí, que se olvidó algo afuera y se acerca con cierto resquemor su prima y le abre la puerta sin pronunciar palabra, medio atónita y hasta un poco temblorosa, pero le abre la puerta y María sin mirar a nadie sale caminando rápido pero las piernas se le enredan y casi se cae, tropieza, zafa de caerse, cruza la calle, va sin dirección, dobla en la esquina y siente esa brisa sobre su rostro. Ahí respira y ahí se deja olvidar.

Natalia Neo Poblet
Ciudad de Buenos Aires, Argentina

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Mesa dulce

En las fiestas ella siempre se acerca a la mesa dulce y no solo se acerca sino que busca tocar con cierto disimulo la torta central, no importa si el vínculo con el agasajado es más o menos cercano, ella busca la manera de comprobar que el decorado que reviste la torta es de buena calidad. Recuerdo cuando yo era pequeña –como mucha hermana menor- iba con ella a todos lados, estaba pegada a ella. Así entrábamos a las fiestas y también me tocaba acercarme a la mesa dulce veía la cara que ella ponía ante las distintas decoraciones de las tortas y postres, escuchaba atenta los comentarios que hacía -con el tiempo, esta actividad me fue dando algo de incomodidad-. Recuerdo patente una frase que dijo cuando tocó la torta central del cumpleaños número 80 de la madre de la intendenta del pueblo (…) ella dijo: este glasé lo hizo la Pochi, lo puedo reconocer, está hecho con huevos de campo. Esa frase me quedó grabada no porque sea una definición profesional como la que dan en MasterChef, sino porque allí fue cuando tomé conocimiento de la vasta experiencia que ella tiene en catar tortas… guauuu, pensé, sí que ha probado tortas! Nunca fui buena para recordar apellidos por eso me animo solo a mencionar los nombres de pila de los que fueran los festejos/tortas más destacadas por ser consideradas de buena calidad… la de Margarita, Coronel, la mujer de Coco, la de Jacinto -el de la carpintería-, la de Luis. La lista es extensa y puede serlo mucho más si incluyo los festejos de los pueblos vecinos, allí también asistíamos.

Clarisa del Huerto Marzioni
Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina

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Seguiremos en la Cuarta parte!! Los esperamos!

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