E-mailiando con… Jorge Pinedo – Primera Parte

En esta oportunidad compartimos con ustedes el E-mailiando con… Jorge Pinedo, una entrevista vía e-mail que estuvo a cargo de Viviana Rosenzwit. Este trabajo es el primero de la serie que conforma E-mailiando con… , un e-book publicado en el año 2005, que ahora se ofrece abiertamente en nuestra web para todos los lectores.

Jorge Pinedo nació en Buenos Aires, en 1953. Avocado a la palabra en múltiples formas, suma a su profesión
de psicoanalista y antropólogo (UBA) un extenso recorrido en el periodismo desde el diario La Opinión en
la década del ’70 hasta la crítica literaria en Página/12 en el siglo XXI. En abril de 2016, sale su primera novela: La polaca entre Darwin y Sarmiento, que se incluye en la Colección Ojo Lector de Moglia ediciones.

¿Por qué cree que el psicoanálisis presenta una relación tan estrecha a la escritura?

Entiendo que no es un requisito de un psicoanalista sino más bien una posibilidad de todo aquel que mantenga cierto compromiso con la palabra. De hecho, si alguien alguna vez se atreve a perder su tiempo haciendo una estadística, podría corroborarse que son más los analistas sin relación con la escritura que aquellos otros que, efectivamente, escribimos. Esto, claro, si “relación con la escritura” se entiende como ejercerla, producirla o perpetrarla, según el caso.

De una manera u otra toda escritura -y sigo a Borges en esto- es primero audición; con suerte, escucha; en una de esas, lectura, y recién entonces, escritura, mutatis mutandi. Un viejo humorista, medio siglo atrás, definió al psicoanalista como aquél que ha estudiado toda su vida para saber sólo y nada más que psicoanálisis. En un prólogo a la cuarta o quinta edición de la Interpretación de los sueños, Freud mismo aprovecha la oportunidad para responder una pregunta que entonces se le hacía en forma reiterada: qué es indispensable para la formación de un psicoanalista. Entonces él repuso que se debería estudiar, amén de las “materias” clásicas, literatura, historia de la civilización, mitología, historia del arte… Como podrá Ud. ver, se trata de distintas modalidades de lectura, paso indispensable para ejercer cualquier escritura, insisto a riesgo de ser hastiante.Hay, además, otros analistas que no necesariamente se las arreglan escribiendo. Están los que pintan cuadros, los que juegan ajedrez, los que le pegan a la raqueta de tenis, los adictos a los crucigramas y hasta los que no pueden dejar de “interpretar” a todo lo que se les cruce por el camino, hamster incluido.

Si me pide algo más serio, podría hablarle de una réplica, de un eco, de la tramitación de un resto tóxico transferencial a los relatos de las novelas familiares, a las narraciones de la histeria, a los obsesivos inventarios que constituyen una memoria, a las teatrales escenas de la perversión, a los escritos propios de la psicosis, a los testimonios dejado por el síntoma, a la intraducible poesía del amor. En este caso, es, casi diría, una venganza. Freud lo escribió “contratransferencia”, así, entre comillas que jamás quitó. Pero tampoco esto es exacto: no necesariamente la escritura del analista funciona especularmente. Hay muchos casos, y sólo uno es el mío, de quien escribe desde antes de ejercer como analista.

En este punto hay que diferenciar, y en esto hay una distinción tajante: una cosa es escribir los textos propios del psicoanálisis (ponencias, clases, papers, ensayos, etc.) y otra muy lejana es escribir literatura de ficción. En el primer caso, es inherente a la tarea del analista y yo personalmente la sitúo en el borde externo del mismísimo dispositivo analítico: allí donde internamente el analista calla -con el analizante-, del otro lado produce palabras; no habla, escribe. En el segundo caso, quien escribe ficción, en ese momento cesa como analista y da lo mismo que lo sea o no. Lo que importa es el resultado, el producto… bah, en ambos casos.

¿Se podría pensar que existe un estilo de escritura que engloba a los psicoanalistas? ¿O el estilo es siempre singular de cada autor?

Debería responder que no, que el estilo es aquello que emerge en el lugar antes monopolizado por el síntoma… Pero, lamentablemente, en los analistas vernáculos se produce la proeza de que, a grandes rasgos y generalizando en exceso, hay una escritura que los engloba. Y es deplorable. El psicoanalista argentino está severamente empapado de la formación académica psicológica y ésta es extraordinariamente restringida culturalmente. El egresado “psi” lee escasa literatura, confunde Viedma con Vietnam, le huye a la filosofía y, cuando no, entiende que, como el saber viene del Otro, no hay como repetirlo. Pendulan entre dos extremos: intentan escribir en forma tan simplificada que se precipitan hacia un reduccionismo ramplón, o bien, por el contrario apuntan a ser más inteligentes que su propia obra y entonces se tropiezan con el ruedo descosido de sus propios pantalones. En el ámbito de la escritura de textos “psi”, la constante es esa perversa traslación de la palabra hablada (una clase, dado el caso) a la palabra escrita (un artículo en una revista), la mayoría de las veces sin tomarse el menor trabajo de quitar el tono coloquial: abominable. Un texto es otra cosa. Escribir y analizar son dos de las tres cosas que se aprenden pero no se enseñan.

En otra vereda nos topamos con los analistas que escriben ficción o ensayo cultural y entonces son escritores. Aquí ingresa otra pregunta, de suma vigencia y que prefiero postergar cuando el tema lo amerite, que es: ¿existe el analista fuera del dispositivo? O, acaso, ¿hay analista full time?; en una de esas ¿el analista es alguna vez sin analista? Vaya a saber.

Dentro de una media agua que no es ni una cosa ni otra, cunde por allí, desde Groddek, algún intento de hacer relato psicoanalítico, donde el héroe o la víctima, o parte de la trama, transcurre en una sesión. Los resultados a mí personalmente me han resultado siempre nauseabundos por su proximidad formal con el chivo televisivo, cuando no con el tan argentino autobombo. Me resulta soporífero el complejo de Edipo aplicado, la amenaza de castración aplicada, la psicología aplicada, su ruta…

Me parece más bien que es al revés: el arte interpreta al sujeto y nunca, nunca a la inversa.

Continúa en la Segunda Parte…

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