Microrrelatos Escenas de la vida cotidiana Cuarta parte

Compartimos una de las últimas tandas de Microrrelatos que llegaron! Seguimos con la Convocatoria Aniversario de Viví Libros 2017 hasta mañana martes 8 de agosto.

Vi a la muerte, sentada a su lado,
de traje blanco gastado,
la vi de piernas cruzadas,
luciendo dientes negros y afilados.
De su boca chorreaba un camino de desesperanza.
Cuerpo inmóvil…manos que no piden ya auxilio,
nariz que no huele…ojos que no miran nada…
Todo desapareció para él,
como hojas, fue arrastrado como hace un viento de otoño.
Imposible llegar ahora, a la cima de una ballena resbaladiza y mojada.
De cara al cielo…sin alma.
corazón sin sangre,
solo cemento con olor a todo…y a nada…
Pájaros mudos, con boca de árboles,
las muecas, empujando sonrisas.
pasillos sombríos y mal perfumados.
!que no lleguen las flores para adornar este paisaje!
paisaje que espanta…
Un yo…palidece
otro…descompone.
charlas, murmullos con chismes y verdades ocultas,
emergen dando sensación de movimiento.
quiero dejar de percibir esos actores,
quiero irme ahora de este cruel escenario.
Boca sin aliento…sin dueño…
gusanos nacientes, moviéndose para cualquier lado,
Lagrimas muertas,
paredes frías, bien presentes, luciendo vestidos de con lunares de musgos…azules y verdes.
Palidece el cielo,
Se derrumba como lona vieja.
Recuerdos galopan como caballos salvajes…sin dueño.
Aparecen las flores,
las contemplo…con doloroso espanto.
Las cruces, me producen nauseas.
Corbata y sacos que no tienen hombre adentro,
lúgubre paisaje…crónico…y lento!
se apagan los egos…se encienden los duelos
se fueron a dormir los sueños.
La lluvia hace un desesperado esfuerzo,
por tapar el triste espectáculo. Y Dios!
la semilla ha muerto…se resecó la tierra
Un féretro pasa
repudiado…odiado…lustrado
parece levitar, pero no…
son manos vivas que lo hacen nadar.
Besos sin labios
gente sin sombra
la tierra mojada, hoy tiene olor a despedida,
silenciosos autos negros, caminan más despacio que tortugas.
tortura…
Me enojo y me enfurezco y me golpeo y maldigo y después pienso…
¡lluvia!, llévate todo esto por favor… pídele ayuda al viento.

CRUZAPELUSA
Santa Fe, Argentina
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PERPLEJIDAD

Asciendo al colectivo 29, abono el pasaje y camino hacia el fondo del vehículo. Está bastante lleno y no quiero empujones, entonces me acomodo en el pasillo, junto a la última fila de asientos. Conservo el mérito no menor de ceder el asiento a embarazadas o ancianas, de modo que nada pierdo al estar allí atrás. Desde el otro extremo de la ristra de butacas una jovencita, algo obesa y no muy bien parecida, se despide de una amiga que va a descender y sonríe, mirándome a los ojos. Tal vez mantiene ese gesto por inercia. Pero cuando observo alrededor y calculo su ángulo visual, no tengo dudas. El mensaje es para mí.
Estoy halagado, pero confundido. Cuando vuelvo la cabeza su sonrisa se hace más franca.
-¿Cómo le va?- dice, su rostro esquivando cuerpos de otros pasajeros. La voz suena color violeta, con alegría y distancia simultáneas.
-Bien-, musito entre dientes, con una pequeña mueca.
¿Quién será? ¿Una vecina? ¿La muchacha que hace años trabajaba en mi casa como doméstica? ¿Una alumna?
El vehículo prosigue su viaje. Muevo el torso para dejar pasar a alguien y, otra vez, choco contra sus dientes expuestos.
-¿Su familia está bien?- pregunta en voz alta, para que la escuche entre el gentío del pasillo. Aferro con fuerza la manija de otro asiento para no perder el equilibrio.
-Sí, sí- contesto. Simulo acomodar el cuerpo para ir dándole la espalda. Giro a uno y otro lado sin soltar mi valija, tratando de evitar ser arrastrado hasta la gordita. De pronto, nuestros ojos quedan otra vez enfrentados. Sonrío breve y observo la hora en mi reloj, para disimular la turbación.
-¿Hoy hizo a tiempo con todo?- pregunta ella, con naturalidad. Sus labios se abren y cierran con suavidad al hablar, como besándose a sí mismos.
-Sí, gracias- mascullo como para mí. Observo el paisaje por la ventanilla, como si temiera pasar de largo mi parada. Somos lo que decimos que somos, así que ¿quién seré ahora para esta joven?
Felizmente, cuatro cuadras después, la muchacha se levanta y desciende. La veo con el rabillo del ojo porque, aprovechando el empuje de los que siguen tratando de subir al vehículo, doy la vuelta para dejar paso libre a los que bajan. Esquivo así el perfil expuesto y puedo, al fin, liberar mi figura de su intrigante sonrisa.
Dejar de tener miedo de mí mismo, de alguien que no sé quién es pero, al parecer, represento ante ella.

Ricardo Feierstein
Ciudad de Buenos Aires, Argentina
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EL SILENCIO

Me pides algo corto y extraordinario.
Durante días, no lograba responder qué era así. Buscaba entre anécdotas, y todas estaban llenas de ruido: el de las bombas lacrimógenas, el de las balas, el de los gritos, el de las noticias falsas, el de los rumores, el del llanto, el de la desesperanza. Ruido, extenso, infinito, tanto como cotidiano.
Hoy, cuando la sangre corre por las calles, tengo algo, corto, extraordinario: el silencio.
Quizás entonces alguien viva.

Johnny Gavlovski
Caracas, Venezuela
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LA GRUTA

Mi tía Alicia era una niña traviesa y mientras jugaba en la gruta, cayó por un agujero profundo.
La familia la lloró siempre… pero el tiempo pasó y se entibiaron los recuerdos.
Trascurridos cuarenta años, su sobrino nieto Jeremías, saltaba por las piedras de la misma cueva, cuando reparó en algo… El foso estaba lleno de agua, y un frasco flotaba a la deriva. Contenía una nota.
“Estoy viviendo en un mundo maravilloso”, decía el texto en letras diminutas.

SUSANA RODRIGUES TUEGOLS
Wilde, Buenos Aires, Argentina
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Todos bajo sospecha

Al levantarnos ella no estaba en la casa. Al mediodía almorzamos junto a mis amigos. Esteban y su familia habían viajado por el día a Coronda. Cuando retirábamos los platos de la mesa ella entra con envión la camioneta y cierra el portón automático. Se acerca pegando todo su costado izquierdo sobre mi cuerpo, al otro lado tenía la mesada por lo cual tuve la sensación de acorralamiento. Esta es mi madre -llegué a decir-. Con mirada penetrante y con voz baja me cuenta que le habían desaparecido novecientos pesos de la cartera. Me pongo mal porque justo en la casa había amigos que nos visitaban por primera vez. Aunque por mi parte no tenía ni la mínima sospecha en ellos, pensé en ese instante que cuando se enteraran mis hermanos lo podían creer. De inmediato, por su comentario me di cuenta que ella ya lo estaba imaginando: _no les digas nada a ellos, dejá, no digas nada, es algo horrible…alguien conoce mis movimientos… seguramente entró cuando dejé la puerta abierta para que el sol de la mañana energice el agua de las botellas.
Lo que yo no había pensado es lo que a continuación me expresa: _le dije a tía Evangelina, no nos preocupemos, seguro me los sacó Ana. Mi rostro se entumeció de estupor cuando además caigo en la cuenta que ese era el monto exacto que ella me debía de la compra de los regalos navideños. Ahí comencé a preguntarle de dónde había sacado el dinero, cómo era que tenía separado los novecientos de los otros miles que tenía para llevarle a tía Elena. Me explica que ese rollito se lo había dado Pamela por el trabajo que tío Reinaldo había realizado el día de la fiesta del pueblo y a continuación agrega en un tono aún más bajo: _Pamela me lo dio envuelto en un papel y yo lo tomé sin revisar. Con esa aclaración por un instante también pienso mal de Pamela pero luego reflexiono que no puede ser, que jamás haría algo así. Entonces comienzo a repasar mentalmente… quizá mi primo Esteban y su mujer que andan con poco dinero podían haberlo tomado. Ella en lugar de desestimar alimenta cada una de mis hipótesis pero también sospecha de mí, lo veía en su rostro. Mis manos comienzan a temblar de indignación, no podía entender que ella les haya dicho a las hermanas que yo era capaz de quitarle esa plata sin avisar…y otra vez más no quería pero era inevitable especular en lo que mis tías dirían de mí. Con insistencia le pedí que revisara bien la cartera y me dice: _pero vos crees que soy tonta? te digo que saqué todo y no está, no está! Eso es así, no nos amarguemos más, disimulemos pero alguien sabe mis movimientos y me va sacando las cosas…
Continúa el día y comparto unas horas de pileta con mi hermana. La noto tensa, no sabía si era por lo de su marido, porque estaba celosa de la presencia de mis amigos o porque sospecha de mí por lo del dinero. Sin despejar las incertidumbres continuamos juntas una hora más hasta que salió de la pileta para hacer la infaltable merienda de café con leche y masitas en casa de nuestra madre. Al mismo tiempo Camilo menciona que retiraba la camioneta para ir al pueblo vecino a llevar un televisor para reparar –se trataba de uno de esos trámites de vida o muerte solicitados por mi madre que había que concretar pese a que era 24 de diciembre-.
Veo que Camilo se acerca a mi madre pero justo me distraigo ante un pedido de mi amiga. Cuando regreso a la cocina le pregunto a ella si había alguna novedad. Recién ahí mirándome fijo y con pausa me dirá que Camilo encontró el rollo de dinero caído debajo del asiento del acompañante.

Clarisa del Huerto Marzioni
Ciudad de Buenos Aires, Argentina
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Despertar entrelazados, siempre es mejor en domingo. Tomados tan fuerte que hasta las manos duelen, los nervios se comprimen, y surge ese hormigueo fastidioso que nos separa unos instantes. Darse vuelta para un lado y para otro de la cama, con tal de encontrar la posición para seguir soñando abrazaditos. Placer del fin de semana.

Miguel Salas
Madrid, España
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Una tarde de invierno

Una tarde de invierno, lluvia, frío, soledad y arrancan los recuerdos, como pequeños ovillos van desmadejando la añoranza. Siempre te busqué. Quién no tuvo un amor adolescente ? Aquel primero, inolvidable, aquel que marca para siempre. Así me sucedió, y lo busqué en cada paso de mi vida, en cada detalle, en las miradas de otros enamorados, en otros gestos. Nunca lo encontré. La vida siguió. Mi búsqueda también. Infructuosa búsqueda.
Y una tarde de invierno de lluvia y frío y soledad, comencé a buscarlo en el facebook, ya lo había hecho antes, sin resultados.
Nuevamente escribí su nombre, sus dos nombres y dos apellidos. Nada. Un nombre un apellido … Un nombre y dos apellidos … Y el face como un viejo oráculo comenzó a arrojar nombres, personajes … todo lo que pudiera encontrar … y de pronto él … si, ahí estaba, con toda su carga de años… el tiempo pasó. Allí, mirando fijo hacia la nada de la pantalla, apenas apoyado en un lustroso piano, su música, su vida, su auténtica amante. Su mirada permanecía incólume en el tiempo, esos ojos, en los que reflejé mi juventud y felicidad de entonces. Me conmovió y quedé estática mirándolo, lentamente mis manos acariciaron su rostro en la fría pantalla.
Luego de la sorpresa, de varios días, me atreví a enviarle un mensaje breve, al instante me contestó, luego sobrevinieron los mails. Muchos mails en los que queríamos recuperar todo el tiempo perdido, nos convertimos en enamorados virtuales.
Ambos con nuestras familias, ya teníamos las raíces arraigadas en lo profundo de nuestras tierras de origen. Toda una vida y un sentimiento encriptado en nuestros corazones.
Y él de pronto enfermó, una cruel enfermedad lo atrapó, hice promesas, recé tanto, espiritualmente me sentía junto a él. Superó la enfermedad.
Fue una instancia que nos hizo reflexionar a ambos.
Si había una pequeña esperanza de un encuentro, de una humeante taza de café y manos entrelazadas en los recuerdos. Se diluyó lentamente, la realidad la destruyó.
Hoy somos amigos, él está bien. Somos amigos del alma, espejos, entrañables. Ya ninguna ilusión nos cobija. Sólo la amistad. Y el recuerdo en este domingo de lluvia de mi soledad, en que nuevamente mis manos se posan sobre su fría imagen en el monitor, y parece mirarme con sus ojos negros inmutables en el tiempo.
Mi querido amigo. Mi adolescente amor.

Nora Susana Margot
Ciudad de Buenos Aires, Argentina
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