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Ganadores Concurso Aniversario Microrrelatos ¡Ya somos grandes!

¡Llegó el día de anunciar a los ganadores! Queremos agradecer a todos los que se sumaron a nuestra propuesta de este año: Microrrelatos ¡Ya somos grandes!

Nos alegra mucho la repercusión obtenida con relatos que llegaron desde distintas partes del mundo y los mensajitos que nos mandaron con tanto afecto. ¡Gracias por las ganas y la alegría que nos han sabido transmitir a través de sus palabras! Es un placer darnos este recreo para escribir, leer y divertirnos juntos.

Queremos aclarar que recibimos varios que no se ajustaron a la propuesta que en esta ocasión se centraba en los 18 años y la mayoría de edad, o esos recuerdos del pasaje de la infancia a la adultez. Por supuesto lo hablamos con cada uno de los escritores, pero nobleza obliga nos pareció pertinente comentarlo aquí también.

Los invitamos a leer todas las participaciones en la página web, son dos tandas de escritos.

Como suele pasar nos resultó difícil seleccionar a los finalistas ganadores, disfrutamos descubriendo el estilo de cada uno y la variedad de propuestas. 

Finalistas ganadores (por orden alfabético):

M.H. (iniciales a modo de seudónimo) de Lima, Perú

Próspero Mineo (seudónimo) de Ciudad de Buenos Aires, Argentina

Miguel Salas de Madrid, España

¡Nuestras felicitaciones y aplausos!!

Para los que gusten releer los microrrelatos ganadores, les recordamos que se encuentran publicados en los compilados que subimos durante estos días y pueden ver haciendo click en los siguientes links:

Microrrelatos ¡Ya somos grandes! Primera parte

Microrrelatos ¡Ya somos grandes! Segunda parte

Ahora… a seguir trabajando por muchos años más!!

Los días de Sol de Susana Persello

Los días de Sol es una novela basada en la vida de Som Chanh Souvannaltath, su esposo Phengta Ingthavong, y sus hijos Makoto, Néstor y Nicolás. Relata la historia de vida de Sol, una mujer laosiana, que llega como refugiada a fines de los años ’70, a la provincia de Santa Fe, en Argentina.

El vínculo entre la autora y la protagonista queda plasmado en las siguientes palabras: «Me cuesta el español, sobre todo cuando estoy triste y deprimida, pero vos me entendés igual, lo hiciste desde aquel primer día que nos hablamos por señas. Hace tantos años que vengo a contarte mi historia y siempre me parece que me queda algo. Te voy a hablar como pueda, quizás algunas palabras me salgan mezcladas con laosiano o francés, pero necesito que me escuches (…) Seguí haciendo las cosas, yo te puedo ayudar y te sigo por donde vayas, así no perdés tiempo. Por suerte hoy no trabajás. ¿Sabés una cosa?, hay días que vengo y no encuentro a nadie, pero igual me siento en un sillón del jardín y hablo y hablo. Eso no quiere decir que sea lo mismo si estás o no, pero cuando se me amontona todo en la cabeza y en el corazón, necesito sacarlo de alguna manera».

Tapa de la última edición de la novela Los días de Sol

Los días de Sol fue editada por la Universidad Nacional del Litoral y contiene 110 páginas donde encontrarán una historia tan intensa que mereció ser llevaba al cine. Esta novela inspiró el documental Mekong Paraná, los últimos laosianos de Ignacio Luccisano, director santafesino radicado en Buenos Aires. Seleccionado para el BAFICI 2018, exhibido en festivales nacionales e internacionales con muy buena crítica. Se espera su estreno en el cine Gaumont el próximo 29 de agosto en el Espacio INCAA Sala Gaumont, sobre la Av. Rivadavia 1635, frente al Congreso en la Ciudad de Buenos Aires.

Sobre su autora podemos agregar que Susana Persello nació en Santa Fe, Argentina y reside desde muy niña en la localidad de Recreo. Es profesora de Lengua y Literatura egresada de la Universidad Nacional del Litoral y ha ejercido la docencia en varias instituciones educativas de nivel medio, terciario y profesorado. Cumplió la mayor parte de su carrera en el colegio Nuestra Señora del Huerto de la Ciudad de Santa Fe, donde también ocupó el cargo de Directora de Estudios. Es miembro de la Sociedad Argentina de Escritores (SADE) Filial Santa Fe, y de la Asociación Santafesina de escritores (ASDE), participa en actividades de promoción de la lectura -ferias, talleres, tertulias literarias-.

El precio de venta al público del libro es $ 350.- pesos argentinos y se puede solicitar desde cualquier lugar del mundo a través nuestro: info@vivilibros.com

o simplemente escribiendo un comentario al finalizar esta nota, que les responderemos a la brevedad.

Microrrelatos ¡Ya somos grandes! Segunda parte

Compartimos la segunda tanda de Microrrelatos bajo la consigna ¡Ya somos grandes! que llegaron a la Convocatoria Aniversario de Viví Libros 2019!

Si quieren consultar las bases del concurso, vean este link:

Sueños

Desde muy chiquito, como todo niño soñaba, por las noches, en siestas de aguaceros, arrullado por el golpeteo sobre el techo de paja y cartón, embriagado por el olor a tierra mojada y además porque refrescaba como para taparse con una sábana, que más podría hacer… salir a jugar? la abuela dormía y no se podía hacer ruido, seguramente cuando escampe alguien irá hasta lo de don Rómulo a comprar harina y habrá torta frita con mate cocido o con te de naranja.

No se en que momento empecé a soñar despierto, tal vez cuando estaba solo y aburrido o cuando me alejaba del resto porque prefería el silencio, el ruido interfiere y no entendía o no le encontraba la diversión a lo que estaban haciendo, o tal vez simplemente no tenía o no me daban lugar en sus juegos.

Y descubrí que está bueno soñar despierto porque en esa forma podes elegir los finales a la medida, a tu gusto o necesidad, podés rebobinar, retomar desde donde lo dejaste, podés mejorarlo, adornarlo, adobarlo, estirarlo y resoñarlo cuantas veces quieras.

El “problema” es que está buenísimo y quién quiere volver a la realidad? La realidad…es como un viento que viene desde lejos, un eco rebotando en el oído, inentendible al principio, apenas audible… “él vive en la luna” 

Tampoco sé cuándo, ya mas cerca en el tiempo, me puse tan “canchero” con los sueños de “verdad” que podía despertarme a mi antojo cuando algo no me “cerraba” entonces me decía: naa esto no funciona así, estoy soñando y me despertaba, entonces tal vez desilusionado y sin proponérmelo simplemente un día dejé de soñar.

Lo que ni en mis mejores sueños se me ocurrió jamás es imaginar que un día estaría haciéndome un tiempito para mí, para hacer cosas que me dan placer, para adquirir conocimientos, un volver a la escuela y tener compañeros de clase, y no hablo solamente de la música que si bien ni remotamente lo esperaba se me hizo mas natural, hablo del grupo más numeroso, de los sábados tempranito, ser el primero en llegar, acomodar las mesas, los bancos y a esperar…te je!

No sé lo que pasó, sucedió de repente, o no tanto, más bien de a poquito alguien distinto me conmovió, me dio vueltas la cabeza, la vi a ella y nadie más a pesar de la multitud, como dice Sabina, “la vida se lució poniendo ante mí un caramelo” y quise disfrutarlo, vivirlo, intenté ir un poquito más allá, experimentar, me animé a decile sin pensar en las consecuencias, mis sentidos revivieron y de tanto estar vivo un día volví a soñar…

Sonreías y me dabas un beso tibio, pleno, corto, sincero, sentí que no era un beso de primera vez, no estaba descubriendo sabores ni olores nuevos, la adrenalina no me explotaba el corazón, estaba tranquilo, pensé “ya nos besamos antes” pero cuando? Si yo…pero ella no…Dónde estamos? Te sacaste la campera pasando tu mano por detrás para estirar desde el puño y que no quede dado vuelta cuando lo colgabas en el respaldo…ah entonces ya se!

Y no me desperté a pesar de las muchas preguntas que flotaban en mi cabeza, cosas que no me cerraban, enigmas sin resolver.

Lo que siguió fue de bordes fuertes, ajustado, profundo, infinito, eterno…letal.

Cuando llegó la calma simplemente me fui despertando a medida que te desvanecías dejando tu lugar a las luces que, desde la placita atravesaban las cortinas del ventanal. Quierovolveramirarelcielo…🎵��

Tony

Berazategui, Buenos Aires, Argentina

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Grande de golpe

Que en la vida uno nunca sabe lo que puede pasar es cierto, pero convengamos que hay situaciones que dejan huella y te hacen crecer de golpe.

Como les pasó a ellos mientras tomaban un café en La Subasta, el bar de moda en el barrio de Flores, una noche de otoño. Ella estaba radiante de felicidad con sus 15 años recién cumplidos y él no disimulaba el brillo de sus ojos al mirarla. Entre risas y charla pasaban el rato cuando ingresaron dos hombres de traje al lugar.

El clima festivo se transformó en un silencio sepulcral. Se identificaron como agentes de la brigada antinarcóticos y pasaron mesa por mesa solicitando documentos e interrogando a cada uno de los asistentes. Pero, ¿quién podría creerles? cuando corrían los años de la dictadura militar en Argentina.

La parejita igual se sentía tranquila, total ellos solo estaban bebiendo un café con crema. Miraban a su alrededor y la mayoría de la gente tomaba sidra acompañada de maní con cáscara porque eso era lo característico de la casona, o se pedían unas cervezas tiradas con picada de fiambres mientras sonaba la música.

El famoso: “Me va a tener que acompañar” dirigido a ella, sonó fuerte. Su cara de asombro y angustia no tardó en instalarse para quedarse así todo el resto de la noche.

“Pero, por qué si solamente estamos tomando un café”, les replicó ella muy segura y él, en uno de esos actos de valentía que propicia el amor, exclamó al instante: “¡No!, si la llevan a ella, yo también voy!”

Por supuesto fue un banquete para aquellos hombres, o quizás debiéramos llamarlos bestias: “¿Querés venir…? Claro pibe, vos vas en aquel patrullero y ella con nosotros”.

Nadie más del bar atinó a decir una sola palabra.

Aquella noche de otoño, ellos crecieron de golpe.

Miguel Salas

Madrid, España

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Las chicas al baile

En épocas pasadas, durante mi niñez, recuerdo observar detenidamente a mis tías, cuando se arreglaban para ir “al baile”, como se lo llamaba en aquel entonces.

Mis tías y yo vivíamos en una zona rural, lo que conlleva estar alejadas del pueblo. Y, por lo tanto, no siempre tenían acceso a comprar los productos cosméticos, maquillajes pues.

Pero lo que sí tenían era un brillante ingenio.

Es así como al llegar la tardecita ya empezaban a alistarse las chicas. Y en aquella época a diferencia de la actual, la movida comenzaba temprano. Para las diez a más tardar.

Se iniciaba entonces la preparación.

Primeramente al no tener base de maquillaje, la reemplazaban por…talco. Sí sí, así mismo, por talco. Lucían más blancas que de costumbre, pero con una piel súper lisa. Seguidamente resaltaban sus ojos con lápiz negro. Esos ojos tenían que verse grandes y bien marcados. Y por último y el toque final, para terminar de lucir una mirada más que seductora, marcaban sus finas cejas con un corcho quemado (aunque no lo crean) que completaba su look total, con una mirada que nadie podría resistir en aquellas alegres noches.

Y así, bajo mi atenta mirada, las chicas ya estaban listas para…El baile. Haciendo honor a la conocida frase: la belleza cuesta.

Guadalupe Robledo

General San Martín, Chaco, Argentina

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Nunca llegué a preguntarle. Él era tan alto. Más alto. Muy alto. Y yo no llegaba a llamar su atención. Él andaba siempre ocupado. Muy ocupado. Tan ocupado. Y yo no quería preocupar su ocupación. Al fin de cuentas cuán importante podía ser mi pregunta. Esa pregunta ya no la recuerdo. Solo tengo aun la sensación de ganas de preguntarle. Pero como se le pregunta a los que ya no están. Nunca fui muy creyente. Ni esotérico. Una pena porque ese creer ayuda. Como supongo que lo ayudaba a él. El supongo que creía en su ceño fruncido de maletín de cuero en mano. De hojas cuadriculadas, de planos y carpetas. Una corbata, por ejemplo, ayuda al rito. Y uno ejerciendo el rito se transforma en una persona ocupada. Pero cuando sos Little boy la corbata no es de verdad, te dan una armadita con ese elástico oculto bajo el cuello. Y sos como un actor disfrazado, haciendo de grande, haciéndote el grande fumando cigarrillos de escarbadientes pero sin la fe necesaria para creer en tu papel. Ahora ya es tarde. De vos solo queda este recuerdo que tengo mientras veo el semáforo que cambia a verde y comienzan a tocar bocina, impacientes.

Próspero Mineo

Ciudad de Buenos Aires, Argentina

Microrrelatos ¡Ya somos grandes! Primera parte

Compartimos los primeros Microrrelatos bajo la consigna ¡Ya somos grandes! que llegaron a la Convocatoria Aniversario de Viví Libros 2019!

Si quieren consultar las bases, vean este link: https://vivilibros.com/convocatoria-18-aniversario-vivi-libros/

Pasaje

Gracia era una de esas jóvenes rebeldes en busca de una causa, de las que había muchas por esa época. Tenía 16 años cuando se enamoró perdidamente de un muchacho de su edad; juntos, exploraron por primera vez los territorios más recónditos del amor y el deseo. Todo ocurrió de manera tan espontánea, novedosa y liberadora (¡ningún dolor!) que creyó sinceramente que la represión sexual simbolizaba la sujeción de los jóvenes –los oprimidos–- por parte de los mayores, –los reaccionarios del momento histórico–. Demás está decir que aprendió casi de memoria ese librito de W. Reich, La lucha sexual de los jóvenes, que era una posesión tan rara y preciada por aquel entonces que desaparecía de todas partes, y se lo recitó a sus padres, quienes quedaron estupefactos. Sabía muchas cosas, creía la pobre. Dos años más tarde, viajó con otro muchacho, con el que andaba en ese tiempo. Una noche, fue tomada por un extraño placer, muy extraño, de resultas de lo cual le brotó un llanto inexplicable. Viajaban con un grupo de compañeros de la Universidad entre los que me encontraba. Cuando escuchamos el llanto, sometimos a nuestro compañero a toda clase de interrogatorios; él estaba muy asustado e intentaba consolarla, decía que nada inusual había sucedido y lo mismo repetía ella. Las mujeres decidimos apartarla del supuesto mal hombre y a ella no le quedó más remedio que acceder para callarnos, según me dijo allí mismo. Nada sirvió, lloró hasta quedar dormida. Después me lo confesó: lo había entendido, era eso; ahora sabía que, cuando el abismo se abre, es posible flotar en el abrazo del hombre amado.

M.H.

Lima, Perú

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Un fracaso “educativo”

Yo era pequeña y muy traviesa.

Me la pasaba jugando e inventando cosas.

Según mi maestra yo me portaba “mal”.

Entonces me reprendía dejándome sin recreo y obligada a hacer las cuentas que ella, muy prolijamente, escribía en el pizarrón.

¡Que extraños y grandes parecían esos números! ¡Qué difícil su solución! ¡Qué enorme y negro el pizarrón! Por la ventana del aula mis compañeras jugaban conmigo a escondidas y el deber quedaba siempre sin hacer.

Hoy ya “soy grande”.

El pizarrón se “achicó” y las “cuentas” ya no me parecen tan difíciles.

¡Y por supuesto! que el asombro y las ganas de jugar y mucha de aquella sensación que de pequeña me convocara, a pesar de los ingentes esfuerzos de aquella maestra, en mi interior sigue intacta.

Lili Fernández

San Justo, Buenos Aires, Argentina

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Malvinas

“Quiero ser grande” me dijo, cuando se fue aquella tarde.

Y fue grande.

Pero no volvió nunca más.

Lili Fernández

San Justo, Buenos Aires, Argentina

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Del tiempo e´ ñaupa

Cuando yo era adolescente, allá lejos y hace tiempo, no nos dejaban usar “tacos” hasta que no cumpliéramos los quince. Tampoco nos dejaban “pintarnos”. ¡Y menos que menos depilarnos las piernas!

Mis primeros “tacos” los tuve a los catorce ¡Uds. vieran que hermosas me parecían mis piernas subidas a esos apenas cinco centímetros!

Aprendí a pintarme con las pinturas que me “prestaban” mis compañeras más grandes y a escondidas de mis padres.

Y un día, bañándome, tomé la maquinita de afeitar de mi viejo ¡y ajusticie todos los pelos que me molestaban!

Así fue como me recibí de “grande”.

Lili Fernández

San Justo, Buenos Aires, Argentina

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SER UN POTUS

La gran tentación de todo cuarentón divorciado es tener un romance con una chica que tenga entre 22 y 26 años de edad. Ese “volver a los 17” como diría Violeta Parra, marcha sobre rieles hasta que ella le dice que él es el hombre de su vida seis días a la semana, porque los viernes… “¡ella se va a bailar sola con sus amigas!”. Eso alguna vez me pasó a mí.

“¿Por qué a bailar?¿ no pueden ir a cenar, al cine, al teatro, a un recital, a una exposición de arte?” se pregunta el atribulado caballero (yo), y rápidamente él (yo) le describe algo obvio: que en los boliches van los tipos a levantarse minas y que estando bebidos o tal vez “fumados” es absolutamente probable que uno o más de uno se le tire un lance a la chica de manera obscena o agresiva.

Pero ella lo mira como si él le hablara del sexo de los ángeles.

El varón (yo) entra en pánico y lejos de apelar a la experiencia, que siempre nos enseña que el agua del río no se detiene aunque le metamos nuestro pie, enfrenta el discurso de la jovencita con planteos sobre la Ética totalmente inútiles, ya que esa decisión ella se la ha planteado como algo instituido, igual que los viajes de egresados de estudiantes, el show de streappers en las despedidas de solteras, la ingestión de pizza después de ver una película en un cine y la jura de la bandera cada 20 de junio.

Pensando que su razonamiento está obnubilado por la edad, consulta a los machos más jóvenes de la especie, y descubre en ellos los mismos ataques de celos o incomodidad ante esta costumbre de las minas, que parece atacarlas a los 16 y les dura hasta cerca de los 50.

Ellas aseguran no hacerlo con la intención de “transarse” otro flaco, sino para divertirse. Si van solas, afirman, pueden bailar más sueltas y hasta hacerse las payasas, “bardear” a todo el mundo, beber de más, y sentir la libertad de acceder a cierta cuota de descontrol que con el novio presente sería imposible.

Incluso varias chicas confiesan “producirse más” y ponerse “más provocativas” cuando van solas a las “disco”, total, si algún chico se les viene encima le dicen que tienen novio y listo. Aunque claro, si el pibe está bueno, a lo mejor danzan un poco y algún piquito le dan.

Novios atormentados, con la excusa de que pasaban por casualidad, se aparecen de golpe en el boliche a la tres de la mañana, para ver qué están haciendo sus novias, pero este tipo de actitudes o intentar que ellas corten estas salidas puede significar el fin de la pareja.

Allí es cuando el varón comprende (yo) que la mujer copió de él sus dos grandes defectos milenarios: inmadurez y egocentrismo. Y ante la brutalidad de presenciar su propia imagen interior reflejada duramente en el espejo de la histeria femenina, no le queda otra opción que ser un potus. Ni estar a favor ni oponerse, ser un potus, inmóvil, mudo, y esperar que a ella se le pase. Y si la chica cumplió los 30 y no crece, al menos, rogar que lo riegue un poco todas las mañanas.

Luis Buero          

Ciudad de Buenos Aires, Argentina

Convocatoria 18º Aniversario de Viví Libros

CUMPLIMOS 18 AÑOS

¡Viví Libros está de festejo!! Nos encontramos soplando las 18 velitas de nuestro cumpleaños. ¡Ya somos grandes! Muchos años de trabajo, mucho recorrido juntos… Como siempre, queremos compartir esta enorme alegría del aniversario con ustedes.

Entonces, ¿qué mejor que divertirnos juntos para festejarlo? Los invitamos a sumarse a la siguiente convocatoria:

CONCURSO DE MICRORRELATOS: ¡YA SOMOS GRANDES!

Cuando nuestros chicos cumplen 18 años, solemos suspirar… ¡qué grandes que están! Y sí, se asocia a la mayoría de edad o por lo menos, a una nueva etapa de la vida. Son esas pequeñas escenas de la vida misma las que queremos rescatar en este concurso aniversario, aquellas circunstancias desopilantes que dan origen a divertidos microrrelatos y a otro tanto no tan risueños, pero que es un placer leerlos.

Les proponemos que nos relaten alguna situación, anécdota, fábula o minificción donde nuestra existencia cotidiana cobre protagonismo. Puede ser desde el lado personal, de los amigos, de la familia o los vecinos, desde donde gusten… Quizás sobre sus hijos, sobrinos, amigos o cuando ustedes mismos se sintieron por primera vez mayores, alguna reflexión de ese pasaje desde la infancia a la adultez. ¡Seguro que a un simple golpe de vista, ya se les está ocurriendo alguna microficción!

El objetivo es que escriban un relato breve y lo envíen por e-mailfacebooktwitter o directamente como comentario en la web durante estos días (hay tiempo hasta el domingo 4 de agosto).

Los microrrelatos deben ser inéditos (nunca publicados en ningún medio) y pueden ser firmados a nombre propio o con un seudónimo pero incluyendo la ciudad y país de residencia. Seleccionaremos tres microrrelatos que recibirán su premio y los daremos a conocer en el Newsletter y todos nuestros medios habituales. 

A los ganadores, les regalaremos la suscripción gratuita a Viví Libros hasta diciembre 2019 con todos los beneficios.

Durante estos días, compartiremos las lecturas con ustedes de todos los Microrrelatos ¡Ya somos grandes! en nuestra fan page de facebook, por twitter y subiendo de a grupos los microrrelatos a la página web. Vale comentar, opinar y sobre todo: ¡divertirnos juntos! A no olvidar que estamos de festejo.

Ahora… a escribir!

A modo de inspiración, les compartimos el comienzo de la novela Diez mil kilómetros de distancia de Yamil Dora donde el autor juega con ese tiempo que va y viene desde la niñez a la adultez:

Tengo cinco años. Estoy yendo al jardín con mi abuela y la tía María. Voy en el medio. Una mano para cada una. Mi abuela trabaja en un juzgado y no sé qué se hace en un juzgado. Tengo ganas de llorar porque no quiero ir al jardín. Quiero ir a mi casa. Quedarme con mi abuela y la tía María. Quedarme jugando. Lo más lindo del jardín es tomar la leche. Lo más lindo de mi casa es jugar en el patio. Ahora tengo cuarenta y cuatro años y tengo ganas de llorar. Como estoy en un bar no lloro porque todos me van a mirar. Mi abuela no está. Tengo cinco años y no sé por qué no me trajo mi mamá. Por qué hay que ir al jardín. A mí me parece que la gente que está en el bar también tiene ganas de llorar. Están todos solos. A veces me da miedo que nadie me venga a buscar. Cuando sea más grande no me voy a perder nunca. La tía María tiene la mano más chica que mi abuela. Mis manos son chicas. Una vez me dijeron que cuando hablo parece que en cualquier momento me voy a largar a llorar. La verdad es que no lloro para que mi abuela no se ponga mal. Para que la gente del bar no me mire.

Psicoanálisis y literatura en la radio: Leer / escribir / traducir

A continuación les compartimos fragmentos de la tercera columna sobre psicoanálisis y literatura a cargo de Viviana Rosenzwit, invitada a participar del programa de radio En tres vistas conducido por Ramón Alfredo Blanco y Ernestina Mo.

Las columnas anteriores vimos cómo leer y escribir son dos caras de la misma moneda y no hay una sin la otra. Ambos aspectos, tanto leer como escribir, se encuentran atravesados por el deseo del sujeto y nos remiten de lleno a la subjetividad del ser humano.

Siguiendo este planteo, hoy vamos a hablar de un nuevo aspecto de la cuestión que es traducir.

Según el diccionario, traducir es: “Expresar en un idioma lo dicho o escrito originariamente en otro distinto”.

Viviana Rosenzwit junto a Alina Diaconú y Ernestina Mo en radio Zónica

Si nos ponemos a pensar verán que surgen diferentes motivos para leer, podemos leer por placer como cuando leemos una poesía, una novela, un cuento y no queremos parar de leer o leer movidos por cierto interés en particular cuando investigamos un tema o leer para estudiar por ejemplo.

En cualquiera de estos dos últimos casos, por lo general leemos de corrido y una sola vez. Retenemos lo esencial y, si alguien nos preguntara, podríamos resumirle en unas pocas palabras el contenido de esa lectura. A esta forma de leer se la llama comprensión global del texto original.

Y suele ser la manera de leer que se emplea para traducir, pero ¡ojo! recuerden que dijimos que no todas las personas leemos de la misma forma entonces, les pregunto: ¿Todos los traductores realizarán su trabajo de la misma manera? Por supuesto que no, porque en el trabajo de traducción también se filtra la subjetividad de quien lo realiza. Y esto está muy bien, por más que el traductor realice varios borradores que se irán corrigiendo sobre la marcha, siempre con el texto original a la vista, y con el objetivo de ser tan fiel a él como sea posible.

Seguramente nuestros radioescuchas conocen casos de diferencias de traducción importantes, los hay muy famosos y suelen generar apasionadas discusiones. Por ejemplo hay gente que no lee a Alan Poe sino son las traducciones realizadas por Cortázar –dicho sea de paso es muy interesante su experiencia por Italia que le llevó más de un año de tiempo de trabajo de traducción–, pasa parecido con los seminarios de Jacques Lacan y sus traducciones inéditas realizadas por las escuelas de psicoanálisis que no coinciden con las oficiales editadas por la editorial Paidós y también ocurre otro tanto con las Obras Completas de Sigmund Freud donde la primera versión traducida al español por López-Ballesteros publicada por la editorial Biblioteca Nueva para muchos es poco técnica aunque con un estilo mucho más amable al lector, que rescata el aspectico literario de la pluma freudiana. Sin embargo, la editorial Amorrortu encaró una nueva versión coordinada por José Luis Etcheverry que se podría decir más acertada en los vocablos técnicos elegidos. Yo tuve el gusto de conocer a uno de sus principales traductores Leandro Wolfson y conversando sobre estas cuestiones de la traducción de Freud afirmaba que había que serle fiel al autor y leal al futuro lector, brindándole un texto que sea claro para él y esté redactado correctamente.

La traducción es, en esencia, una paradoja de la subjetividad.

Como ven, ¡traducir es una tarea bastante difícil! Donde se entrelaza con leer pero además, con la escritura de esas lecturas porque es un trabajo artesanal.

Por último, hay otro punto que me interesa retomar y es hasta más subjetivo -si quieren decirlo de ese modo-: ¿Qué sucede cuando leemos en otra lengua que no sea la materna? ¿Qué mecanismos ponemos en juego cuando leemos en otro idioma…? ¿Cómo nos marca durante la infancia esa primera lengua que aprendemos casi sin darnos cuenta?

Esta pequeña serie que planteamos en nuestra columna radial sobre psicoanálisis y literatura: hablar, escribir, leer, traducir nos lleva a interrogarnos y cómo nada de todo esto tendría sentido sin las vivencias personales es que se nos ocurrió invitar a la escritora Alina Diaconú. Con ella dialogamos sobre su experiencia de vida, su relación con la lengua materna que es el rumano y cómo fue aprender un nuevo idioma al venirse de chica a vivir a la Argentina, además su vínculo desde siempre con la escritura y sus libros.

Lanzamiento del Libro del pescador, poesía y fotografía

El Libro del pescador, con textos de Roberto Daniel Malatesta y fotografías de Marisa Malatesta pertenece a la Colección Anamnesis, poesía y fotografía de la editorial Palabrava.

Sobre sus autores:

Roberto Daniel Malatesta nació en la ciudad de Santa Fe, Argentina. Ha publicado Las vacas y otros poemas, ediciones de la Nada, Premio Municipal de la Ciudad de Santa Fe 1994, Por encima de los techos, UNL, Último recurso, Premio Pedroni 2006, La nada que nos viste, Premio Pedroni 2009, UNL. Leviatán editó la antología El silencio iluminado que abarca sus treinta años de producción poética. Ha sido incluido en diversas antologías nacionales e internacionales. En el año 2018 recibió la beca a la creación del Fondo Nacional de las Artes.

Marisa Malatesta nació en la ciudad de Santa Fe, Argentina y vive en Esperanza. Docente de artes visuales egresada de la Escuela Juan Mantovani. Desde el año 2013 comenzó a investigar e incursionar en la fotografía. Realizó cursos de perfeccionamiento en el Estudio Kraff, de Esperanza. Participa en grupos virtuales donde ha recibido numerosas distinciones. En diciembre de 2017 participó en México, en el Museo José Juárez de la muestra colectiva Capturando la Navidad representando a la Argentina.

Como dice su contratapa:

Un hombre al lado del río tira la línea. ¿En qué piensa ese hombre? ¿En el pique? ¿En el agua, que pasa y pasa, incontenible? ¿Piensa en su deseo, en la vida?

Roberto Daniel Malatesta da voz a este pescador que se regocija contemplando.  Marisa Malatesta puede ver –a través de las fotografías- lo que su hermano pone en palabras: Pescar es un arduo entrenamiento del espíritu.

Y allí, el río, enseña día a día la lección: No pescar nada no inquieta al que sabe / De un nudo nadie sale con apuros. Hay pájaros, árboles, camalotes; hay chicharras, hierba humedecida. Y también, un pensamiento que oscila entre la orilla y el adentro.

El viento corre y deja lo suyo al que sabe escucharlo, la niebla cubre al río tanto como a la vida y cuando crece, limpia todo lo que encuentra: Quizá solo venga / por lo que le corresponde.

Así se inunda el alma el que pesca, del verdadero pescador, al que no le interesa el pez sino la luz que discurre limpia y sin quimeras.

El Libro del pescador contiene 116 páginas a color donde la poesía argentina y las imágenes se funden en perfecta comunión.

Los invitamos a acercarse a la editorial para conocer sus libros, a través de su blog y email:

http://editorialpalabrava.blogspot.com/ / editorialpalabrava@yahoo.com.ar

El precio de venta al público del libro es $ 600.- pesos argentinos y se puede solicitar desde cualquier lugar del mundo a través nuestro: info@vivilibros.com

o simplemente escribiendo un comentario al finalizar esta nota, que les responderemos a la brevedad.

Psicoanálisis y literatura en la radio: Leer / escribir

A continuación les compartimos fragmentos de la segunda columna sobre psicoanálisis y literatura a cargo de Viviana Rosenzwit, invitada a participar del programa de radio En tres vistas conducido por Ramón Alfredo Blanco y Ernestina Mo.

La vez pasada enfatizamos que leer nos remite de lleno a la subjetividad. Bien, por esta vez, sepan disculpar la autorreferencia con que voy a comenzar la columna de hoy pero ya verán que mi comentario nos sirve para pensar cómo leer y escribir son dos caras de la misma moneda y no hay una sin la otra, ambas se encuentran atravesadas por el deseo del sujeto.

Suelo leer mucho. Cada novedad que pasa por mis manos es blanco de mi mirada. O me desvío leyendo textos para las búsquedas bibliográficas que me solicitan. O cuando acomodo los libros y las revistas en los estantes de las bibliotecas, me entusiasmo más de la cuenta. O los trabajos inéditos de los autores que me consultan y otro tanto de las editoriales para las que trabajo, los libros que me envían de regalo, los comentarios de libros que otros escriben. Leo y releo a Freud, Borges y algunos otros autores que siempre me acompañan y podría seguir enumerando oportunidades para leer. Quienes trabajan en el mundo del libro sabrán de inmediato a qué me refiero.

Seguramente en estos años he desarrollado ciertas mañas funcionales al trabajo, pero que a la vez me convierten en una lectora menos desprevenida. Debo tener en cuenta ciertas variables de estilo, de contexto, el marco teórico, plantearme a qué público se dirige la obra, revisar citas, notas al pie y muchas veces hasta establecer cambios de formas y contenidos de los textos para que luzcan más atractivos, interesantes y legibles.

Me gusta leer, aventurarme cada vez y no hay ningún secreto en eso. Pues leer es tener los ojos abiertos al mundo, con una mirada ancha que regala siempre el enigma de lo inconcluso. Una pequeña anécdota me viene a la memoria: hace tiempo hablando del deseo y de los libros, alguien en tono de humor me sugirió: Tendrías que poner un pasacalle que diga: “Yo ♥ objeto libro”. ¿Quién les dice que este trabajo que estoy realizando junto a ustedes, acá en la radio, no lo sea? Un pasacalle con un tinte más privado que propicia la circulación del deseo a través del leer.

Los lectores estamos para dar vida a aquellos personajes que transitan por las narraciones. Un lector se deja atrapar por ese mundo ficcional que entra a través de sus ojos.

De un texto no hay más sujeto que el lector, ya que el autor queda fragmentado en su historia, en el relato, convirtiéndose en causa. Leer significa elegir.

Integrantes del programa En tres vistas: Viviana Rosenzwit, Ernestina Mo, Gwendolyn Díaz, Marta de París y Ramón Alfredo Blanco

Entonces, recuerdo que la vez pasada cuando vine al programa, Ernestina Mo me preguntó sobre qué autores me llevaría conmigo y respondí rápidamente: Borges y Freud. Algunos psicoanalistas no entienden esta afinidad porque se quedan con la persona y no con el escritor, incluso una vez alguien me reclamó: ¡Cómo podés hablar de este Señor Borges que nunca citó a Freud! Y puede que sea cierto. María Kodama me contó que una vez Borges iba a dar una conferencia y antes de empezar alguien de la organización se le acercó para advertirle en secreto que la mayoría de su auditorio eran psicoanalistas… él con el buen uso de la ironía que lo caracterizaba respondió: No hay problema, a mí también me gusta la literatura fantástica!

De adolescente, tuve la fortuna de participar de una charla que brindó Jorge Luis Borges a unos pocos alumnos del Normal donde cursaba mi 5º año del secundario (tenía tan solo 17 años).

Al finalizar, me acerqué a él y ávida de encontrar alguna fórmula mágica le pregunté directamente:

– Sr. Borges, ¿cómo se hace para escribir…?

– Ah! -exclamó sonriendo como pesquisando mis intenciones- Usted debe tomar un tema, por ejemplo: el árbol y escribir, y escribir, y escribir todo lo que se le ocurra sobre él. Cuando ya no se le ocurra más nada, recién ahí estará en condiciones de comenzar a escribir sobre su tema: el árbol.

Aún hoy, me incentiva la frescura de su respuesta. Ese instante donde se prestó al juego de contarme su secreto.

Escribir es una apuesta al deseo, agotar las simples ocurrencias para dar paso a algo más. Como en todo desafío, siempre se ignora algo del cuándo se podrá comenzar a escribir sobre nuestro tema. Lo que sí es seguro, retomando la premisa que me brindó Borges, es que día a día vale la pena continuar con el intento.

Finalizo acá, remarcando que tanto leer como escribir se encuentran atravesados por el deseo del sujeto y no pueden pensarse dejando de lado la subjetividad.

Lanzamiento de la novela Diez mil kilómetros de distancia

La Colección Ojo Lector, de Moglia ediciones, tiene el agrado de lanzar la nueva novela Diez mil kilómetros de distancia de Yamil Dora.

Una novela escrita en clave poética, como nos demuestra su texto de contratapa:

Tengo cinco años. Estoy yendo al jardín con mi abuela y la tía María. Voy en el medio. Una mano para cada una. Mi abuela trabaja en un juzgado y no sé qué se hace en un juzgado. Tengo ganas de llorar porque no quiero ir al jardín. Quiero ir a mi casa. Quedarme con mi abuela y la tía María. Quedarme jugando. Lo más lindo del jardín es tomar la leche. Lo más lindo de mi casa es jugar en el patio. Ahora tengo cuarenta y cuatro años y tengo ganas de llorar. Como estoy en un bar no lloro porque todos me van a mirar. Mi abuela no está. Tengo cinco años y no sé por qué no me trajo mi mamá. Por qué hay que ir al jardín.

Diez mil kilómetros de distancia

Diez mil kilómetros de distancia entrecruza la historia de dos amigos a través de sus recuerdos más íntimos: la infancia, la escuela, el barrio, los padres, los hermanos, los amores.

Dos años después de la entrañable novela autobiográfica Los Lindos, el poeta santafesino Yamil Dora nos mete de lleno en esta ficción al estilo de un diario íntimo. Con su agudo registro, que lo puso en un lugar de relevancia en la literatura argentina contemporánea, nos lleva a lo más feliz y lo más oscuro de la vida de estos dos amigos que —como todos— nacen, crecen, se enamoran y mueren.

Su autor Yamil Dora nació en Casilda, Provincia de Santa Fe. Actualmente reside en la Ciudad de Buenos Aires. Creador y coordinador de los ciclos “Historias de poetas argentinos” e “Historias de poetas santafesinos”. Sus poemas fueron publicados en distintas revistas literarias de México, Chile, Puerto Rico y Francia. Dirige la revista Liso Santa Fe. Ha publicado los siguientes títulos: el ángel solo (edición de autor, 2005); los barcos olvidados (Ciudad gótica, 2007); Poemas de Casilda para chicos de todas partes (Municipalidad de Casilda, 2007); Una plaza, un niño y un poeta (Plan Nacional de Lectura, 2009); Como playa que se puebla (Ciudad gótica, 2009); Un mar que existe (Ciudad Gótica, 2013); Un hombre encima del mar (del Dock, 2015); Los Lindos (Lamás Médula, 2017) y El olor de las hormigas (Palabrava, 2017).

Diez mil kilómetros de distancia se convierte en el título número quince publicado por la Colección Ojo Lector dirigida por Viviana Rosenzwit para Moglia ediciones. El libro contiene 120 páginas y su precio de venta al público es $ 360.- pesos argentinos. Lo pueden solicitar desde cualquier lugar del mundo a través de nuestro email: info@vivilibros.com o simplemente escribiendo un comentario al finalizar esta nota, que les responderemos a la brevedad.

Presentación del nuevo libro sobre las Hermanas Vera

Las Hermanas Vera cumplen 50 años con la música y, tanto ellas como sus seguidores, están de festejo! El próximo 3 de mayo a las 18:30 hs. se presentará un nuevo libro conmemorativo a su larga trayectoria de trabajo.

Las hermanas Vera, memoria y recuerdo fue escrito por Carlos Lezcano y Juan Pedro Zubieta, editado por Moglia ediciones de Corrientes Capital. Abarca un recorrido que parte desde sus inicios, la llegada a Buenos Aires, los nuevos sonidos, los nuevos escenarios, sus bodas de plata y el nuevo milenio. Además, repasa su biografía, discografía y obra autoral de cada una de ellas.

El libro cuenta con un emotivo prólogo escrito por Teresa Parodi, que se inicia con estas acertadas palabras:

“Se miran y el canto brota a dúo como si fuera un solo sonido integrado, perfectamente armónico, definitivamente compacto, sin fisuras.

Imposible imaginar la una sin la otra.

Las hermanas Vera tienen una huella marcada a fuego para siempre en la historia de la música correntina.

Ellas saben de qué se trata cuando cantan; conocen la raíz, el modo, el cuánto, el cómo el chamamé es lágrima y rezo, grito y ternura, baile y sapukay.”

Quedan todos invitados a la presentación del libro el próximo 3 de mayo a las 18:30 hs. en el marco de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, sala Jorge Luis Borges, pabellón Frers, en el predio de la Rural de Buenos Aires.