Patricia Severín

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Sobre Poemas con bichos de Patricia Severín

Por Luis Benítez*

Interesantísima esta tercera edición del título Poemas con bichos de Patricia Severín de ediciones del Dock, 2003, algo tan poco usual en la poesía nacional.

Del bichaje como recurso literario se ha tomado mucho, desde Esopo hasta Ted Hughes, y en mi lectura tuve que luchar contra mi propio interés e inclinación por el mismo artilugio, tan efectivo como es, a fin de intentar conservar a salvo mi buscada, imprescindible objetividad.

En este volumen, Severín maneja muy bien caminos que transitan por la ancha avenida del minimalismo, el bueno, no el repetidamente mal digerido por muchos poetas argentinos desde 1980, librados a la suerte de las malas, regulares o buenas traducciones de las obras de Raymond Carver, en menor medida las de Carl Andre o Aram Saroyan, y a lo pernicioso de las deficientes lecturas de esas mismas traducciones. Al revés que en el caso de esas tergiversaciones, Severín nunca confunde síntesis con chiquitito, sino que sabe condensar lo esencial en la expresión breve y concisa, sin que esa práctica del despojamiento implique mutilaciones del sentido. Estamos ante un trabajo mesurado, que establece un puente de relaciones no necesariamente antagónicas entre dos campos: el espacio de lo natural y el de lo humano, signado el nexo por un interesante juego de espejos (tal la tradición de la fábula con animales), pero que avanza no en un solo sentido. Tradicionalmente, el bicho evocado por el poema se trasluce como un arquetipo de lo humano, de lo que ha abusado hasta el hartazgo el texto moralizante a lo La Fontaine para ejemplificar los modelos de vicios, cualidades, defectos y virtudes.

En Poemas con bichos la gama de reflejos ofrecida al lector es doble y mayor, ya que ambos universos se reflejan mutuamente. La mujer narrante es, así, también en buena parte sustancia de los bichos a los que alude, al tiempo que los bichos asimismo están proporcionalmente constituidos por ella. El recurso es por demás interesante y una suerte de vuelta de tuerca dada al añejo procedimiento:

Me hace recordar que las obsesiones / son así /: persistentes / Por ejemplo / la obsesión por un hombre / ¿Y si adoptamos la defensa del zorrino? /

(VIII- con zorrino)

O también:

Desde los comienzos de la humanidad no hay compañía / más fiel / Son como los recuerdos / (Virginia piensa / : también es bueno pisar recuerdos de vez en cuando) /

(XXV- con cucarachas)

Este ir y venir especular es acentuado por la original referencia que ofrecen los títulos en cada doble página, donde la lectura del derecho en la página izquierda tiene su contrapartida de escritura inversa en la página de la derecha… por si tuviésemos alguna duda acerca de cómo leer correctamente este aspecto particular que nos ofrece el volumen.

El norte existencial de todo el poemario señala repetidamente los pormenores de la condición humana contemporánea, sin que su dramatismo obstaculice la comprensión de que -en todo el texto- subyace un ahondamiento en lo extraño de esa índole, que está presente dentro y fuera del sujeto al extenderse al mundo de lo natural y que, a la vez, se encuentra atravesada y abarcada por éste.

* Luis Benítez es un destacado poeta, narrador, ensayista y dramaturgo argentino.