E-mailiando con… Alejandro Sacchetti – Segunda Parte

Continuamos con la segunda parte del E-mailiando con… Alejandro Sacchetti, una entrevista vía e-mail que estuvo a cargo de Viviana Rosenzwit.

¿Cómo se juega, para Usted, la relación entre la escritura y la música?

La re-pregunta es pertinente pues el enlace es complejo. La escritura generalmente se define como un fenómeno visual, es claro que es lo que prevalece, y se define como un sistema de signos visuales relacionado a una lengua. También se definen sistemas de escrituras completos e incompletos, en el segundo grupo se cuentan los ideogramas y fonogramas (por ejemplos jeroglíficos, “talla sagrada”), los pictogramas, formas en que la escritura recibe una “transferencia sonora” o fonemática importantísima.

Pensar una noción de escritura en música traspasa ciertos límites, en que lo visual tiene su estatuto, pero indudablemente no basta, y es claro que no se trata de una lengua. Podemos aproximarnos con cierta noción de pre-lengua como fenómeno prebabélico, por esto rescato la función del timbre en tanto supone estratos sonoros multidimensionales, un cierto cifrado (escritura sonoro-musical fundante de la escritura visual), y un cuerpo que le da su consistencia. Por ejemplo, la escritura llamada completa enmarca de una manera más acotada la fonética a través de los rasgos visuales de la escritura, en la ideográfita es claro que los signos visuales no abarcan en su totalidad la realidad que las cosas sugieren -según su tono- el nombre. La escritura en música traspasa la dimensión del signo, y conmueve espacios cifrados que trasciende lo visual. Por esto es difícil de simbolizar, y como diría Roland Barthes, apuntan al grado cero de la escritura, escritura invisible, pero resorte fundamental de la escritura.

¿Cuál es, para usted, el punto de enlace más fuerte entre la escritura y la música como expresiones artísticas?

La escritura y la música desde Pitágoras tuvieron una fuerte articulación con las matemáticas, pues las series de armónicos de vibración de una cuerda respondían a una cierta lógica que inaugura las investigaciones en acústica. Intento de conquista de poder medir lo inmedible, pero dando algunas pistas. El tema que mi posición no es la de un musicólogo, pues es claro que las expresiones artísticas han cambiado a partir del advenimiento de una escritura compleja y rica en abordar el fenómeno sonoro musical, generando una estética y estilos de gran genio, pero lo que conmueve subjetivamente e implicado en los tiempos, siguen siendo los timbres sonoros que se recrean a partir de los distintos géneros y singularidades. Para mí, esto tiene su incidencia en el arte pero también en la clínica y la concepción de lo que se conmueve en la práctica llamada analítica. Pues un músico occidental muy avisado en la música tonal puede manifestarse muy sordo en relación a la riqueza tímbrica de un movimiento sonoro realizado con instrumento tribal africano, más allá del genio, la “escritura” en que suena (aunque no tenga escritura visual) se pierde a esa oreja, conmueve a otro cuerpo y otras marcas. En cierto caso clínico fue muy importante que se construyeran ciertos “palotes” rítmicos-sonoros, que permitieron hacer de soporte de la voz, de un timbre.

¿Cómo influyó su análisis personal en relación a su escritura?

Pregunta personal, pero me remitió a mi primer experiencia de análisis –hace mucho tiempo- y recuerdo que llevé mis escritos adolescentes, poesías, cuentos, ideas. Transferencia en juego en que se juega algún reconocimiento. Hora pienso que esas “partituras” fueron la primera puesta en escena de mi deseo y mis timbres. Muchas vueltas hicieron falta para ad-venga algún cifrado.

Pero siguiendo la idea, en la partitura no está la música, son significantes, contraseñas y lo que suena. Esto (como en música) requiere una interpretación y un acto en que el cuerpo se conmueve y como dice Rimbaud, que un golpe de tambor conmueva todos los sentidos.

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