Microrrelatos ¡Ya somos grandes! Segunda parte

Compartimos la segunda tanda de Microrrelatos bajo la consigna ¡Ya somos grandes! que llegaron a la Convocatoria Aniversario de Viví Libros 2019!

Si quieren consultar las bases del concurso, vean este link:

Sueños

Desde muy chiquito, como todo niño soñaba, por las noches, en siestas de aguaceros, arrullado por el golpeteo sobre el techo de paja y cartón, embriagado por el olor a tierra mojada y además porque refrescaba como para taparse con una sábana, que más podría hacer… salir a jugar? la abuela dormía y no se podía hacer ruido, seguramente cuando escampe alguien irá hasta lo de don Rómulo a comprar harina y habrá torta frita con mate cocido o con te de naranja.

No se en que momento empecé a soñar despierto, tal vez cuando estaba solo y aburrido o cuando me alejaba del resto porque prefería el silencio, el ruido interfiere y no entendía o no le encontraba la diversión a lo que estaban haciendo, o tal vez simplemente no tenía o no me daban lugar en sus juegos.

Y descubrí que está bueno soñar despierto porque en esa forma podes elegir los finales a la medida, a tu gusto o necesidad, podés rebobinar, retomar desde donde lo dejaste, podés mejorarlo, adornarlo, adobarlo, estirarlo y resoñarlo cuantas veces quieras.

El «problema» es que está buenísimo y quién quiere volver a la realidad? La realidad…es como un viento que viene desde lejos, un eco rebotando en el oído, inentendible al principio, apenas audible… «él vive en la luna» 

Tampoco sé cuándo, ya mas cerca en el tiempo, me puse tan «canchero” con los sueños de «verdad» que podía despertarme a mi antojo cuando algo no me «cerraba» entonces me decía: naa esto no funciona así, estoy soñando y me despertaba, entonces tal vez desilusionado y sin proponérmelo simplemente un día dejé de soñar.

Lo que ni en mis mejores sueños se me ocurrió jamás es imaginar que un día estaría haciéndome un tiempito para mí, para hacer cosas que me dan placer, para adquirir conocimientos, un volver a la escuela y tener compañeros de clase, y no hablo solamente de la música que si bien ni remotamente lo esperaba se me hizo mas natural, hablo del grupo más numeroso, de los sábados tempranito, ser el primero en llegar, acomodar las mesas, los bancos y a esperar…te je!

No sé lo que pasó, sucedió de repente, o no tanto, más bien de a poquito alguien distinto me conmovió, me dio vueltas la cabeza, la vi a ella y nadie más a pesar de la multitud, como dice Sabina, «la vida se lució poniendo ante mí un caramelo» y quise disfrutarlo, vivirlo, intenté ir un poquito más allá, experimentar, me animé a decile sin pensar en las consecuencias, mis sentidos revivieron y de tanto estar vivo un día volví a soñar…

Sonreías y me dabas un beso tibio, pleno, corto, sincero, sentí que no era un beso de primera vez, no estaba descubriendo sabores ni olores nuevos, la adrenalina no me explotaba el corazón, estaba tranquilo, pensé «ya nos besamos antes» pero cuando? Si yo…pero ella no…Dónde estamos? Te sacaste la campera pasando tu mano por detrás para estirar desde el puño y que no quede dado vuelta cuando lo colgabas en el respaldo…ah entonces ya se!

Y no me desperté a pesar de las muchas preguntas que flotaban en mi cabeza, cosas que no me cerraban, enigmas sin resolver.

Lo que siguió fue de bordes fuertes, ajustado, profundo, infinito, eterno…letal.

Cuando llegó la calma simplemente me fui despertando a medida que te desvanecías dejando tu lugar a las luces que, desde la placita atravesaban las cortinas del ventanal. Quierovolveramirarelcielo…🎵��

Tony

Berazategui, Buenos Aires, Argentina

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Grande de golpe

Que en la vida uno nunca sabe lo que puede pasar es cierto, pero convengamos que hay situaciones que dejan huella y te hacen crecer de golpe.

Como les pasó a ellos mientras tomaban un café en La Subasta, el bar de moda en el barrio de Flores, una noche de otoño. Ella estaba radiante de felicidad con sus 15 años recién cumplidos y él no disimulaba el brillo de sus ojos al mirarla. Entre risas y charla pasaban el rato cuando ingresaron dos hombres de traje al lugar.

El clima festivo se transformó en un silencio sepulcral. Se identificaron como agentes de la brigada antinarcóticos y pasaron mesa por mesa solicitando documentos e interrogando a cada uno de los asistentes. Pero, ¿quién podría creerles? cuando corrían los años de la dictadura militar en Argentina.

La parejita igual se sentía tranquila, total ellos solo estaban bebiendo un café con crema. Miraban a su alrededor y la mayoría de la gente tomaba sidra acompañada de maní con cáscara porque eso era lo característico de la casona, o se pedían unas cervezas tiradas con picada de fiambres mientras sonaba la música.

El famoso: “Me va a tener que acompañar” dirigido a ella, sonó fuerte. Su cara de asombro y angustia no tardó en instalarse para quedarse así todo el resto de la noche.

“Pero, por qué si solamente estamos tomando un café”, les replicó ella muy segura y él, en uno de esos actos de valentía que propicia el amor, exclamó al instante: “¡No!, si la llevan a ella, yo también voy!”

Por supuesto fue un banquete para aquellos hombres, o quizás debiéramos llamarlos bestias: “¿Querés venir…? Claro pibe, vos vas en aquel patrullero y ella con nosotros”.

Nadie más del bar atinó a decir una sola palabra.

Aquella noche de otoño, ellos crecieron de golpe.

Miguel Salas

Madrid, España

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Las chicas al baile

En épocas pasadas, durante mi niñez, recuerdo observar detenidamente a mis tías, cuando se arreglaban para ir «al baile”, como se lo llamaba en aquel entonces.

Mis tías y yo vivíamos en una zona rural, lo que conlleva estar alejadas del pueblo. Y, por lo tanto, no siempre tenían acceso a comprar los productos cosméticos, maquillajes pues.

Pero lo que sí tenían era un brillante ingenio.

Es así como al llegar la tardecita ya empezaban a alistarse las chicas. Y en aquella época a diferencia de la actual, la movida comenzaba temprano. Para las diez a más tardar.

Se iniciaba entonces la preparación.

Primeramente al no tener base de maquillaje, la reemplazaban por…talco. Sí sí, así mismo, por talco. Lucían más blancas que de costumbre, pero con una piel súper lisa. Seguidamente resaltaban sus ojos con lápiz negro. Esos ojos tenían que verse grandes y bien marcados. Y por último y el toque final, para terminar de lucir una mirada más que seductora, marcaban sus finas cejas con un corcho quemado (aunque no lo crean) que completaba su look total, con una mirada que nadie podría resistir en aquellas alegres noches.

Y así, bajo mi atenta mirada, las chicas ya estaban listas para…El baile. Haciendo honor a la conocida frase: la belleza cuesta.

Guadalupe Robledo

General San Martín, Chaco, Argentina

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Nunca llegué a preguntarle. Él era tan alto. Más alto. Muy alto. Y yo no llegaba a llamar su atención. Él andaba siempre ocupado. Muy ocupado. Tan ocupado. Y yo no quería preocupar su ocupación. Al fin de cuentas cuán importante podía ser mi pregunta. Esa pregunta ya no la recuerdo. Solo tengo aun la sensación de ganas de preguntarle. Pero como se le pregunta a los que ya no están. Nunca fui muy creyente. Ni esotérico. Una pena porque ese creer ayuda. Como supongo que lo ayudaba a él. El supongo que creía en su ceño fruncido de maletín de cuero en mano. De hojas cuadriculadas, de planos y carpetas. Una corbata, por ejemplo, ayuda al rito. Y uno ejerciendo el rito se transforma en una persona ocupada. Pero cuando sos Little boy la corbata no es de verdad, te dan una armadita con ese elástico oculto bajo el cuello. Y sos como un actor disfrazado, haciendo de grande, haciéndote el grande fumando cigarrillos de escarbadientes pero sin la fe necesaria para creer en tu papel. Ahora ya es tarde. De vos solo queda este recuerdo que tengo mientras veo el semáforo que cambia a verde y comienzan a tocar bocina, impacientes.

Próspero Mineo

Ciudad de Buenos Aires, Argentina

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